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El euro en un mundo en disputa: de las palabras a los hechos

El euro en un mundo en disputa: de las palabras a los hechos
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TribunaEl euro en un mundo en disputa: de las palabras a los hechos
  • PIERO CIPOLLONE*
Actualizado 2 JUN. 2026 - 15:29Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del BCE.Adrian Petty / ECBEXPANSION

El uso internacional del euro ha aumentado en los últimos años, pero en gran medida debido a las circunstancias y no a su diseño. En un sistema monetario global cada vez más competitivo, Europa debe actuar con decisión para fortalecer el papel de su moneda: apoyándose en bases sólidas, siguiendo el ritmo de los cambios globales y acompañando la ambición política con pasos concretos.

El sistema monetario internacional es cada vez más objeto de disputa. Las grandes economías que antes confiaban en que el sistema funcionaría por sí solo ahora están redefiniendo activamente el uso de sus monedas. Europa ha sido una excepción hasta ahora. El papel mundial de nuestra moneda ha ido ganando progresivamente terreno en los últimos años, aunque impulsado en gran medida por las circunstancias y no por voluntad propia. Esto ya no es suficiente. En un entorno global en evolución, el euro debe tener un propósito más claro para Europa, y esta debe estar dispuesta a actuar para conseguirlo.

Las condiciones de partida son favorables. Desde mediados de la década de 2010, el índice sintético del papel internacional del euro ha aumentado en torno a 1,5 puntos porcentuales. La cuota del euro en las reservas mundiales se sitúa en aproximadamente el 20 %, prácticamente igual que en las últimas dos décadas. Sin embargo, la deuda internacional emitida en nuestra moneda alcanzó casi el billón de euros el año pasado, el nivel anual más alto desde la introducción de la moneda única. En 2025, durante varios episodios en los que buscaban seguridad, los inversores compraron euros y activos denominados en euros al mismo tiempo que vendían dólares y bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Estos avances se apoyan en dos pilares: El primero es de carácter estructural. Europa es la mayor economía abierta del mundo, con exportaciones cercanas a los 4 billones de euros el año pasado. Nuestra determinación por defender el Estado de derecho incluso bajo presiones sin precedentes, la independencia de nuestro banco central, la solidez de nuestro marco fiscal y la apertura de nuestro mercado único son cualidades estructurales que ya no están aseguradas de forma universal.

El segundo es que, en aquellos ámbitos en los que Europa ha actuado con decisión, los resultados han llegado. Un marco europeo coherente en materia de finanzas verdes y sostenibles ha impulsado un liderazgo claro en los mercados: el euro ha superado al dólar y se ha convertido, por primera vez, en la principal moneda en el mercado mundial de bonos verdes. Y los pagos inmediatos están despegando a un ritmo exponencial, respaldados por la legislación de la UE y por el sistema paneuropeo de pagos inmediatos operado por el Eurosistema.

Allí donde hemos tomado decisiones, hemos avanzado. Pero ahora hace falta más. Casi un tercio del comercio exterior chino se liquida en renminbis, frente a un porcentaje prácticamente nulo hace una década. La cuota de esa moneda en la financiación del comercio mundial ha alcanzado el 8 %, por delante del euro. Y más del 20 % de los intercambios de Francia con China se facturan ya en renminbis. Esta evolución refleja una política deliberada de China para ampliar el papel de su moneda en aquellos ámbitos en los que puede ejercer su peso económico.

Y este cambio no se limita a China. En Estados Unidos, la reciente legislación sobre stablecoins denominadas en dólares apoya un esfuerzo deliberado por extender la red de esa moneda al mundo digital. Actualmente, las stablecoins denominadas en dólares tienen un papel marginal en los pagos internacionales, representando menos de un 1 % de los flujos transfronterizos. Pero la intención es utilizar las nuevas tecnologías para afianzar aún más una moneda ya dominante. Las mayores economías del mundo están adoptando medidas decididas y Europa no puede ser la única que no lo haga.

El BCE está cumpliendo su función dentro de su mandato contribuyendo a la estabilidad macroeconómica -estabilidad de precios, estabilidad financiera y solidez del sector bancario- y asegurando la disponibilidad de liquidez en euros. Recientemente hemos decidido ampliar EUREP, nuestra facilidad repo para bancos centrales, para apoyar la transmisión fluida de nuestra política monetaria: a partir de este año ofreceremos acceso permanente a liquidez en euros, a cambio de activos de garantía de alta calidad denominados en euros. Permitir que un conjunto más amplio de bancos centrales de todo el mundo pueda abordar con rapidez los riesgos de escasez de liquidez en euros reforzará la confianza en el uso global del euro.

También estamos liderando los esfuerzos para asegurar que el dinero de banco central esté preparado para el futuro. Comenzaremos a emitir dinero de banco central tokenizado en septiembre de este año para liquidación de operaciones mayoristas. Estamos preparando un complemento digital del efectivo, el euro digital, que podría utilizarse para pagos cotidianos. Y, en el ámbito de los pagos transfronterizos, estamos trabajando en la interconexión de nuestro sistema de pagos inmediatos con los de otros países, con un enfoque que respete su soberanía. Conjuntamente, estas iniciativas asegurarán que el euro se mantenga en la frontera tecnológica.

Pero reforzar las bases más amplias de la posición de una moneda -fortaleza económica, peso geopolítico y seguridad jurídica- corresponde a los legisladores de la UE. Lograr un auténtico mercado único, una unión de ahorros e inversiones, una mayor productividad y la capacidad necesaria para proteger la seguridad exterior y energética de Europa impulsarían la confianza en su potencial de crecimiento y resiliencia. La UE también podría apoyar el papel del euro en la facturación y en la financiación del comercio, en consonancia con su liderazgo en el comercio mundial.

El fortalecimiento del papel internacional del euro no se producirá por sí solo. Tendremos que elegirlo y traducir las palabras en hechos.

Piero Cipollone. Miembro del Comité Ejecutivo del BCE

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Fuente original: Leer en Expansión
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