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El final de las certezas

El final de las certezas
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La investigación contra Zapatero extrema el cerco a Sánchez, con sus aliados cada vez más incómodos

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El final de las certezas

La investigación contra Zapatero extrema el cerco a Sánchez, con sus aliados cada vez más incómodos

Regala esta noticia Añádenos en Google La vicepresidenta Sara Aagesen consuela a Pedro Sánchez en la Base Aérea de Torrejón, el pasado jueves. (EP)

Alberto Surio

San Sebastián

24/05/2026 a las 00:03h.

La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero ha caído sobre la política española como un seísmo. No solo por la gravedad de los delitos investigados – ... tráfico de influencias, blanqueo de capitales y presunta organización estructurada en torno al 'caso Plus Ultra'–, sino porque afecta a una figura que durante años ocupó un lugar singular en el imaginario progresista europeo: el dirigente que retiró las tropas de Irak, impulsó el matrimonio igualitario, convirtió a España en un laboratorio de reformas sociales avanzadas y avaló el final dialogado de ETA.

Porque el problema para el PSOE no es únicamente judicial. Es moral. Durante años, la corrupción ha sido un problema estructural de los grandes partidos. Pero Zapatero conservaba una excepcionalidad ética incluso entre adversarios ideológicos. Representaba una cierta idea de honestidad austera, de socialdemocracia ilustrada y europeísta. Su caída bajo sospecha abre una grieta psicológica profunda en un electorado progresista ya agotado por años de polarización, escándalos y guerra judicial.

La reacción dentro de la izquierda revela además una contradicción difícil de resolver. Muchos sectores progresistas oscilan entre la indignación y la desconfianza hacia el propio aparato judicial. La consecuencia es una especie de suspensión emocional: ni defensa cerrada ni condena inmediata, sino una incómoda espera atravesada por el miedo a descubrir que aquello que parecía imposible quizá no lo era tanto.

Mientras tanto, el gran perjudicado político inmediato es Pedro Sánchez. El 'caso Zapatero' impacta directamente sobre la supervivencia de la legislatura. El presidente insiste en que agotará el mandato hasta 2027, pero ya no depende solo de su voluntad. Depende de la resistencia psicológica y electoral de sus aliados parlamentarios. Y ahí empiezan las turbulencias verdaderamente peligrosas.

Junts ha endurecido su discurso hasta aproximarse en ocasiones al argumentario de la derecha conservadora. Esquerra se mueve entre la prudencia y el cálculo táctico. El PNV observa el deterioro con creciente inquietud: sabe que cualquier percepción de connivencia con un Gobierno debilitado puede tener costes internos, pero también entiende que facilitar indirectamente la llegada de Vox sería políticamente suicida en Euskadi, especialmente con EH Bildu convertida en un rival electoral sólido y con el PSE, que es su aliado en las instituciones vascas.

Por ahora, el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, carece de los apoyos necesarios para una moción de censura viable. Pero la política española ha entrado en una fase donde lo improbable ya no parece imposible. La erosión acumulativa puede producir desplazamientos súbitos. Un cambio de clima. Un momento de ruptura.

Más allá de la coyuntura parlamentaria, el caso abre además preguntas incómodas sobre el ecosistema político español. ¿Dónde termina la diplomacia informal de un expresidente y dónde comienza el tráfico de influencias? ¿Qué controles existen sobre las actividades privadas de antiguos jefes de Gobierno? ¿Cómo se regulan los 'lobbies' y las redes de intermediación internacional? España llega tarde a ese debate, y quizá precisamente por eso el choque resulta ahora tan violento.

Por ahora, Alberto Núñez Feijóo carece de los apoyos para una moción de censura viable. Pero la política española ha entrado en una fase donde lo improbable ya no parece imposible.

El 'caso Zapatero' remite al agotamiento de las viejas inocencias ideológicas. Durante décadas, buena parte de la izquierda europea mantuvo la convicción íntima de que podía cometer errores políticos, incluso estratégicos, pero conservando una superioridad ética fundamental frente a las derechas nacional-conservadoras. Esa frontera moral aparece hoy profundamente deteriorada.

Y tal vez esa sea la dimensión más traumática del episodio. No la posible caída judicial de un hombre, sino la pérdida de una certeza colectiva. En una Europa atravesada por el cinismo político, la desinformación y la desconfianza institucional, el progresismo español descubre que también sus figuras tutelares pueden convertirse en territorios de sombra.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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