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Fragmentación Británica

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Según un viejo dicho entre los políticos británicos: 'Si no sabes montar varios caballos a la vez, no deberías estar en el circo'
Fragmentación Británica

Según un viejo dicho entre los políticos británicos: 'Si no sabes montar varios caballos a la vez, no deberías estar en el circo'

Regala esta noticia Añádenos en Google Primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer. (EP)

David Mathieson

21/05/2026 Actualizado 24/05/2026 - 00:02h.

Según un viejo dicho entre los políticos británicos: 'Si no sabes montar varios caballos a la vez, no deberías estar en el circo'. Provenía de ... una época en la que el Parlamento de Westminster estaba dominado, casi exclusivamente, por los dos grandes grupos: el Partido Laborista y el Partido Conservador. Cualquier político con aspiraciones de liderar su partido necesitaba gestionar las diferentes tendencias de apoyo para su formación, y con frecuencia esto requería una destreza y astucia comparables a las de un jinete en la carpa del circo.

Otras formaciones nuevas están ganando fuerza. Los nacionalistas, los Verdes y Reform, el partido de la extrema derecha, han incrementado su porcentaje de votos en una fragmentación política evidente en otros países europeos como España. Resulta irónico que, una década después del Brexit, las tendencias políticas británicas reflejen ahora más que nunca las de sus vecinos europeos.

Los parlamentos electos de Escocia, Gales e Irlanda del Norte están ahora dominados por partidos nacionalistas firmemente comprometidos con su independencia, de modo que la unidad del RU ya se manifiesta más en su nombre que en la voluntad popular. En Inglaterra, el partido más votado fue el del ultraderechista y populista Nigel Farage, artífice del Brexit.

Este creciente descontento con los partidos tradicionales es un reflejo de un malestar aún más profundo en el seno del gobierno en Westminster. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, el RU ha tenido 16 primeros ministros. Pero seis de ellos han ocupado el cargo en Downing Street en la última década y ninguno ha completado su mandato con éxito. Las encuestas indican que el actual primer ministro es ahora incluso menos popular que sus predecesores y es muy posible que sea echado de Downing Street en las próximas semanas por su propio grupo parlamentario. Son muchos los diputados laboristas que temen que, con Starmer al timón del partido, perderán su escaño en las próximas elecciones. Y ahora quieren que el muy popular y carismático alcalde de Manchester, Andy Burnham, tome el control del partido y del gobierno. Pero hay dos problemas. Primero, Burnham necesitará ganar un escaño en el parlamento. Se presentará a las elecciones parciales el próximo mes, pero no hay garantía de que gane porque el ánimo entre los votantes es muy volátil y el resultado no se puede predecir con certeza. En segundo lugar, gobernar un país entero es diferente a gobernar una ciudad. Sin duda, Burnham es un líder regional popular —y a veces populista— en Manchester, pero las habilidades, las políticas y las decisiones necesarias para dirigir un país pueden ser distintas de las necesarias para dirigir una región. Sin duda, en Madrid la señora Ayuso está tomando nota.

Los interminables cambios de rostros en Downing Street conducen, inevitablemente, a una pregunta aún más profunda: ¿es Gran Bretaña ingobernable? El muy respetado exministro del Interior, David Blunkett, es una de las muchas voces —tanto de la izquierda como de la derecha— que temen que las tendencias actuales lleven a la 'desintegración de la democracia británica'. Los británicos, advierte, 'están presenciando la fractura del sistema de partidos tradicional que cohesiona nuestra sociedad'.

En gran medida, las grietas ahora visibles en el sistema político británico son resultados de casi dos décadas de un estancamiento económico. La economía británica, y la 'city' de Londres, dependía en gran medida del comercio global de servicios financieros. Cuando el sistema financiero colapsó, de una forma tan espectacular, entre 2008 y 2010, la catástrofe tuvo consecuencias profundísimas para el RU. La economía británica ha estado muy débil durante más de una década, con un crecimiento de tan solo el 0,6% anual. En los 50 años anteriores, la tasa de crecimiento promedio fue del 2,3% anual. En consecuencia, y en términos reales, los ingresos medios de los británicos son un 30% inferiores a los que habrían sido. Este retraso económico se ha visto agravado por diversos factores, concretamente por el daño a la economía causado por el Brexit. Sin embargo, el tema sigue generando gran controversia en la sociedad británica y, a pesar del daño evidente, ningún primer ministro —ni Starmer ni su posible sucesor Burnham— estará dispuesto a retomar ni reabrir el debate.

En los próximos meses, casi con toda seguridad habrá un nuevo Primer Ministro en Downing Street. Pero las preguntas seguirán siendo las mismas. A menos que el nuevo líder pueda ofrecer soluciones más eficaces es muy posible que corran la misma suerte que sus predecesores. Y sin políticas más coherentes dirigidas a los problemas diarios de los votantes la fragmentación de la política británica continúe.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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