Pedro Sánchez consideraba que el Ministerio de Defensa era prescindible. Lo afirmó en una entrevista ya célebre en EL MUNDO antes de llegar a La Moncloa. Un argumento que pudo responder entonces al populismo del momento, pero que formuló quien después acabaría convirtiéndose en presidente del Gobierno. Pese a aquellas palabras, los hechos han terminado por demostrar que la labor de las Fuerzas Armadas resulta imprescindible tanto en el ámbito nacional como en el internacional. En España, para garantizar la seguridad, y en el exterior, para cumplir con los compromisos adquiridos con la Unión Europea y con la OTAN.
En el balance de su gestión en materia de Defensa, Sánchez pasará a la historia como el presidente que más ha incrementado el presupuesto destinado a este ministerio, mientras se resistía públicamente a hacerlo y convertía ese departamento en un ariete de su estrategia política, con el enfrentamiento con Donald Trump o con Benjamin Netanyahu, hasta el punto de romper canales con la potente industria militar israelí.
Sánchez ha hecho equilibrios para compatibilizar los compromisos internacionales de España con su relato político y, al mismo tiempo, contentar a sus socios de Gobierno. Si con la Administración de Joe Biden mantuvo una relación de sintonía en materia militar, la llegada de Trump y el giro de Europa hacia posiciones más conservadoras han situado al presidente en un lugar incómodo, aunque lo ha explotado en clave nacional.
No obstante, obligado por el contexto, ha triplicado el gasto de la cartera que un día consideró prescindible. Según los datos de la OTAN, en sus primeros Presupuestos destinó 11.172 millones de euros a Defensa. Durante los dos primeros años de mandato, el incremento fue moderado, pero la invasión rusa de Ucrania obligó al Ejecutivo a aumentar la inversión, pese a los recelos primero de Unidas Podemos, entonces socio de Gobierno, y después de Sumar.
En 2020 España destinó a Defensa el 1% del Producto Interior Bruto (PIB). Desde entonces el porcentaje ha ido creciendo hasta que el año pasado la OTAN certificó que el país había invertido 33.743 millones de euros, equivalentes al 2% del PIB. Tres veces más que en el primer año de Sánchez al frente del Ejecutivo y el doble que al inicio de legislatura.
Pero ese acelerón queda lejos de las cifras de los socios en la OTAN. España se mantiene a la cola en gasto. Y se ha resistido a ir más allá de ese 2%. El episodio más significativo se produjo durante la cumbre de la OTAN de 2025, cuando los países acordaron elevar hasta el 3,5% el gasto básico y el 1,5% a inversiones de seguridad y Sánchez aseguró al secretario general, Mark Rutte, que España podría cumplir con las capacidades sin aumentar el porcentaje pactado. ¿Podrá cumplir así o simplemente está ganando tiempo? «Puede que este año haya cumplido con parte de los objetivos con ese presupuesto, pero las capacidades comprometidas se van incorporando de manera gradual y más adelante habrá que destinar más», explica a este diario un mando militar que conoce los objetivos.
Sin capacidad para aprobar unos nuevos Presupuestos, Sánchez mantiene el aumento del gasto mediante transferencias de crédito desde el Ministerio de Hacienda al Ministerio de Defensa y con inversiones canalizadas a través del Ministerio de Industria, responsable de gestionar el Plan Industrial y Tecnológico.
En la actualidad, el Ministerio de Defensa gestiona 79 programas de modernización, de los cuales 35 corresponden a los Programas Especiales de Modernización (PEM) impulsados a través del plan aprobado en 2025. Según anunció el propio departamento en una escueta nota de prensa, «esta cartera de programas continuará creciendo durante los próximos ejercicios». En ese mismo comunicado se avanzaba «la incorporación de 15 nuevos Programas Especiales de Modernización previstos para 2026». Unos proyectos que comenzarán a licitarse a partir de septiembre y cuya aprobación está prevista antes del 31 de diciembre. Supondrán un nuevo incremento del gasto en Defensa, aunque todavía se desconoce su contenido y «no hay todavía una lista cerrada».
Estos programas no bastan para cubrir las carencias que cada día detectan las Fuerzas Armadas y que generan incertidumbre en los cuarteles. La más importante es la escasez de munición. Hay unidades donde faltan balas y también existen problemas con los misiles. En defensa aérea, España dispone actualmente de tres baterías Patriot con 18 lanzadores. Una permanece desplegada de forma permanente en la base de la OTAN en Turquía y fue utilizada para interceptar varios de los misiles que Irán lanzó contra territorio aliado durante la guerra con Estados Unidos. El Gobierno ha invertido más de mil millones de euros en la adquisición de cuatro nuevas baterías, pero no estarán disponibles hasta 2030. Además, los interceptores PAC-3 que emplean, desarrollados por Lockheed Martin, previsiblemente sufrirán nuevos retrasos debido a la escasez de materiales que afecta a la industria estadounidense tras los conflictos impulsados por Donald Trump.
Harrier españoles despegan de la cubierta de un portaviones.MINISTERIO DE DEFENSAPrecisamente, la estadounidense Lockheed Martin fabrica también los cazas F-35, los únicos aviones con capacidad de despegue y aterrizaje vertical que la Armada considera que pueden sustituir a los británicos Harrier. España afronta la cuenta atrás de unas aeronaves en servicio desde octubre de 1976. Los equipos de mantenimiento buscan fórmulas para prolongar su vida útil hasta 2032, incluso recurriendo a la compra de piezas procedentes de Harrier retirados por otros países. Pero esas soluciones son solo un parche ante el riesgo de que el portaaeronaves Juan Carlos I se quede sin ala aérea embarcada. Una amenaza que ya empieza a ser real.
Fuentes de Defensa atribuyen la negativa a adquirir los F-35 a los retrasos de entrega acumulados por Lockheed Martin y niegan que responda al hecho de tratarse de un avión estadounidense. En la actualidad, 15 países de la OTAN operan este modelo, que continúa siendo la única alternativa real para la Armada. Y aunque España decidiera comprarlo de inmediato, resulta difícil que pudiera incorporarse antes de 2032, fecha en la que finalizará la vida útil de los Harrier. «Sin arma aérea embarcada, nuestra capacidad de proyección del poder naval sobre tierra se verá afectada y con ellos nuestra capacidad de disuasión».
A esta vulnerabilidad se suma otra: la ausencia de un sistema antidrón embarcado. Como resume gráficamente una de las fuentes consultadas: «Estamos matando moscas a cañonazos». El pasado mes de mayo, Airbus y la Armada completaron con éxito un ensayo táctico en Rota con un helicóptero H135 y dos vehículos aéreos no tripulados, el Flexrotor de Airbus y el A900 de Alpha Unmanned Systems, integrados mediante la solución HTeaming. Paralelamente se desarrollan los sistemas DRIS para proteger las futuras fragatas F-110. Sin embargo, cuando los drones ya forman parte del campo de batalla, los buques españoles siguen sin disponer de un sistema operativo específico para hacerles frente.
El Ejército del Aire y del Espacio afronta igualmente retos prioritarios que deberían absorber buena parte del incremento presupuestario. El primero pasa por resolver el futuro del avión de sexta generación previsto dentro del programa FCAS, inicialmente concebido como un desarrollo conjunto entre Francia, Alemania y España. Ese proyecto ha quedado prácticamente bloqueado después de que Francia reclamara liderar en solitario el diseño del aparato. Aunque los tres países siguen buscando una fórmula que evite duplicidades, todavía no existe una solución. Además, el Ejército del Aire reclama «una fuerza aeroespacial moderna, proyectable y permanentemente preparada para el combate, capaz de actuar con rapidez y eficacia en cualquier escenario, flexible, tecnológicamente avanzada», tal y como recoge el documento Visión del Ejército del Aire y del Espacio, presentado hace unas semanas en Madrid por el jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire, el general Braco.
Según las fuentes consultadas, el Ejército del Aire y del Espacio debe invertir en una mayor «digitalización para el mantenimiento de los aviones», lo que permitiría «anticipar fallos y averías» y, con ello, «elevar el índice de operatividad». También consideran prioritario reforzar los sistemas de combate no tripulados y aumentar la inversión en el ámbito espacial. No obstante, la necesidad más urgente se encuentra en las infraestructuras. El Ejército del Aire dispone de cinco bases de alta disponibilidad, entre ellas Torrejón, Zaragoza y Morón, además de otras 10 de despliegue. El objetivo es reforzar los polvorines y modernizar todas ellas para garantizar una capacidad de reacción e interoperabilidad acorde con las exigencias del nuevo escenario estratégico.
El incremento del presupuesto en Defensa ha permitido acelerar inversiones que durante años permanecieron aplazadas, pero las Fuerzas Armadas sostienen que el esfuerzo económico aún no ha resuelto algunas de sus principales carencias. Sumado a lo comprometido con la OTAN, las próximas legislaturas obligarán a quien gobierne a aumentar el gasto en los próximos años, una idea muy alejada del primer Pedro Sánchez.
Foto de familia de los líderes asistentes a la cumbre de la OTAN de La Haya de 2025.EFESánchez, en la esquina de la OTAN
Durante la cumbre de la OTAN celebrada en La Haya el 24 y el 25 de junio de 2025, Pedro Sánchez salió en una esquina de la foto de familia, apartado del resto de líderes y lejos de Donald Trump y Mark Rutte, que están en el centro de la imagen. La OTAN explicó que se alinearon por orden alfabético, siguiendo reglas de protocolo estándar. Es, en todo caso, una metáfora de la soledad del presidente español, que rechazó aumentar el gasto en Defensa hasta el 5% del PIB, convirtiéndose en el único miembro de la Alianza Atlántica que se negó a ese porcentaje. A diferencia de la actitud mantenida en otros encuentros internacionales, en el arranque de aquel foro se le vio especialmente rezagado y sin apenas conversar con otros colegas, mientras todos hablaban y se saludaban antes de iniciarse el plenario. Ni siquiera en los momentos de más distensión protagonizó conversaciones, como si quisiera exhibir su disidencia. Al final firmó el acuerdo, pero dijo que España sólo destinaría un 2,1% del PIB a gasto militar, lo que le hizo chocar con Trump.
La ministra de Defensa, Margarita Robles.J. BARBANCHOMinistra díscola
Margarita Robles
2018-... Es, junto a Planas y Marlaska, la única ministra que lleva con Pedro Sánchez desde el principio. Robles, sin carné del PSOE, se sale en muchas ocasiones del guion de Moncloa, lo que provoca que la aparten en comparecencias tras el Consejo de Ministros y en otros actos.