Una mujer de 72 años cree haber encontrado el amor. Un supuesto militar estadounidense destinado en Siria le escribe a diario, le dedica palabras cariñosas y le promete una vida juntos. La relación virtual se prolonga durante meses hasta que llegan los problemas: necesita dinero para un viaje, para desbloquear una herencia o para resolver un incidente burocrático. Ella envía varias transferencias. Cuando descubre el engaño, ha perdido decenas de miles de euros. No es una historia excepcional. Tampoco aislada.
Detrás de este y otros fraudes digitales trabajan los agentes de los equipos @ de la Guardia Civil, unidades especializadas en la investigación de delitos cometidos a través de internet. Desde el cuartel de Tres Cantos, donde se coordina la actividad de los seis equipos desplegados por la Comunidad de Madrid, los investigadores siguen el rastro de las estafas que cada día dejan nuevas víctimas. "Los delincuentes evolucionan y nosotros también", resume el teniente que coordina los equipos @ de la Comandancia de Madrid.
La Guardia Civil cuenta con equipos especializados en cada una de las seis compañías territoriales de la región: Aranjuez, El Escorial, Colmenar Viejo, Alcalá de Henares, San Martín de la Vega y Getafe. Desde Tres Cantos se supervisa y coordina el trabajo de todos ellos.
Su misión abarca desde las estafas más comunes por internet hasta investigaciones mucho más complejas relacionadas con la interceptación de comunicaciones empresariales o sofisticados fraudes financieros.
El proceso suele comenzar siempre igual: una denuncia recogida en un puesto de la Guardia Civil que acaba en manos de los especialistas. "Nosotros recibimos la denuncia y la investigamos hasta el final", explica el oficial.
Los investigadores han observado un fenómeno cada vez más frecuente. Muchos delincuentes que antes actuaban en el mundo físico han trasladado su actividad a internet. "No existe un perfil único del ciberdelincuente", explica el teniente. "Nos encontramos desde personas que buscan obtener un dinero rápido hasta grupos organizados internacionales. Lo que sí vemos es que algunos delincuentes que antes cometían delitos tradicionales han descubierto que detrás de una pantalla se sienten más seguros".
Las organizaciones pueden operar desde cualquier punto del planeta. Algunas tienen ramificaciones en España y otras utilizan redes de cuentas bancarias, identidades falsas y colaboradores repartidos por distintos países.
Las víctimas tampoco responden a un único perfil, aunque los mayores siguen siendo especialmente vulnerables. "Muchas personas de edad avanzada no denuncian porque sienten vergüenza o miedo a que sus hijos les reprochen haber sido engañados. Es importante que sepan que nadie les va a juzgar. Estamos para ayudarles", insiste.
Las estafas sentimentales siguen ocupando parte del trabajo de los equipos @. Los investigadores han detectado casos en los que los delincuentes construyen durante meses una falsa relación afectiva para acabar solicitando dinero a la víctima.
Sin embargo, el fraude que más está creciendo actualmente es otro: las falsas inversiones. Los agentes observan cada vez más anuncios en redes sociales que prometen beneficios extraordinarios en muy poco tiempo. El gancho suele ser sencillo. "Invierte 50 euros y ganarás 1.000".
La víctima realiza una primera inversión y, en ocasiones, recibe incluso un pequeño beneficio inicial que refuerza la sensación de confianza. Después llegan nuevas aportaciones de dinero cada vez más elevadas hasta que desaparecen los supuestos beneficios y resulta imposible recuperar la inversión. "El dinero fácil no existe. Cuando prometen rentabilidades muy altas hay que desconfiar inmediatamente", advierten desde la unidad.
Las pérdidas pueden oscilar desde cantidades pequeñas hasta cifras millonarias. Los investigadores han trabajado con afectados que llegaron a invertir más de un millón de euros, en ocasiones utilizando incluso fondos de sus propias empresas.
Entre las investigaciones más complejas figura una modalidad conocida como man in the middle (o ataque intermediario) una sofisticada técnica de interceptación de comunicaciones empresariales.
Los delincuentes logran acceder o infiltrarse en una conversación entre dos empresas que están negociando un pago. Cuando llega el momento de emitir la factura, manipulan la documentación y sustituyen el número de cuenta legítimo por otro controlado por la organización criminal. La transferencia llega puntualmente, pero al destinatario equivocado.
Constructoras, inmobiliarias y compañías que manejan grandes operaciones económicas suelen ser objetivos prioritarios. "Son fraudes técnicamente complejos, pero cuando funcionan el perjuicio económico puede ser enorme", señalan los investigadores.
Otra de las preocupaciones de los especialistas es el uso fraudulento de documentos de identidad. Muchos procedimientos comienzan con la obtención ilícita de un DNI. Con esa documentación los delincuentes pueden abrir cuentas bancarias, solicitar préstamos o crear estructuras destinadas a ocultar el dinero procedente de las estafas. Por ello, los agentes recomiendan denunciar inmediatamente cualquier pérdida o sustracción de documentación personal.
Después de cientos de investigaciones, los especialistas resumen las señales de alerta en dos grandes advertencias.
La primera es sencilla: ningún banco solicitará contraseñas o claves de seguridad por teléfono, correo electrónico o mensaje. "La gente tiene que desconfiar en cuanto alguien le pida una contraseña", explica el teniente.
La segunda tiene que ver con las inversiones milagrosas. "Cuando alguien promete beneficios muy elevados en muy poco tiempo hay que parar y pensar".
Los agentes insisten además en la importancia de denunciar cuanto antes. Aunque recuperar el dinero no siempre es posible, muchas investigaciones permiten bloquear cuentas, rastrear transferencias e identificar a los integrantes de las redes criminales.
En una reciente operación contra una organización dedicada a las estafas amorosas, la Guardia Civil logró bloquear 93 cuentas bancarias vinculadas al fraude e impedir el movimiento de 1,5 millones de euros.
El reto, sin embargo, sigue creciendo al mismo ritmo que internet.
Por eso, mientras los delincuentes perfeccionan sus métodos, los investigadores también se adaptan. Más formación, más medios tecnológicos y una coordinación permanente entre unidades para perseguir un delito que ya no entiende de fronteras. "El mundo ciber evoluciona de forma exponencial", concluye el teniente. "Y nosotros tenemos que evolucionar con él para seguir protegiendo a los ciudadanos".