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El Idus del sanchismo

El Idus del sanchismo
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Es fácil que gracias a la papeleta en la urna Sánchez deje de gobernar. Su ocaso tendrá lugar en cuanto se convoquen elecciones generales. Leer
Ensayos liberalesEl Idus del sanchismo
  • TOM BURNS MARAÑÓN
16 FEB. 2026 - 00:02El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.EFE

Es fácil que gracias a la papeleta en la urna Sánchez deje de gobernar. Su ocaso tendrá lugar en cuanto se convoquen elecciones generales.

Dentro de un mes tocan las elecciones en Castilla y León y bien puede Pedro Sánchez guardarse de los idus de marzo. Julio César, que no tomó en cuenta lo que le advirtió un adivino -"teme los idus de marzo"-, fue asesinado un fatídico 15 de marzo del 44 a.C. Desde entonces, este día de mitad de mes tan próximo a la primavera ha tenido mal fario para los que viven de la política. Y la fecha de las elecciones en Castilla y León no la eligió Sánchez.

El sanchismo está tan presente en España como lo estuvo el cesarismo en aquella Roma y el presidente del Gobierno, que debido a una pronunciada egolatría también tiene enemigos por doquier, va de derrota en derrota. Sánchez tiene ya cerca el final de su poder. Eso, que en su caso lo conseguirá el civilizado ejercicio del voto, no tiene vuelta de hoja. Lo que no está claro es la gestión del vacío que dejará su marcha.

César murió cerca del Partenón en Roma tras recibir veintitrés navajazos propinados por otros tantos senadores que estaban hartos de su desprecio por las instituciones de la república que representaban y temían sus ambiciones dictatoriales. Entre los conspiradores asesinos estaba el senador en quien más confiaba César. Eso, al menos, es lo que contó Plutarco, el ensayista y biógrafo griego que nació dos años después de aquel magnicidio y adquirió la ciudadanía romana. Y Shakespeare inmortalizó la advertencia del agorero.

Los pronosticadores de nuestro tiempo, que son los que manejan las encuestas, aseguran que algo parecido le aguarda al "puto amo" (con perdón). Al arrogante envanecido le ha llegado su idus. Los demoscópicos, que pasan por ser videntes contemporáneos, coinciden en que por muchas precauciones que tome, Sánchez no podrá evitar que a mediados del mes que viene los votantes castellanoleoneses pronuncien su defunción política.

Fue fácil coserle a César a puñaladas y es fácil que, gracias a la papeleta en la urna, Sánchez deje de gobernar. Su ocaso tendrá lugar formalmente en cuanto se convoquen elecciones generales pero para entonces su carrera política ya habrá tocado fin. El telón cayó sobre ella hace una semana cuando la exportavoz de su gobierno tuvo que conformarse con los peores resultados de cuantos ha registrado el Partido Socialista en las elecciones autonómicas de la región de Aragón.

A final del año pasado, las luces ya comenzaron a apagarse sobre el escenario que Sánchez había diseñado y ocupado. Antes de sufrir la catástrofe en Aragón, su partido fue humillado en las elecciones autonómicas de Extremadura, una región que fue un feudo socialista por antonomasia. Llegado junio, al decisivo rechazo del sanchismo que se anticipa en Castilla y León le sucederá, con toda seguridad, un descalabro de antología al renovarse el parlamento en Andalucía, plaza socialista que Sánchez ya perdió en un lejano 2019.

Si se pregunta a los votantes (los senadores del ayer con la navaja en la mano) por qué se la tienen jurada a Sánchez dirán, resumidamente, dos cosas. Una es que España no funciona y la otra es que el sanchismo no se parece a España. Los votantes socialistas dirán que el sanchismo se ha hecho con las siglas del partido que refundó Felipe González y que, al igual que el patriarca de aquel partido de mayorías, votarán en blanco en las ansiadas elecciones generales si Sánchez sigue siendo líder.

El memorial de agravios es largo y lo encabezan la ausencia de vivienda asequible, la corrupción de los amiguetes de Sánchez, el trabajo precario y mal remunerado, el alza de impuestos y la angustiosa cesta de la compra al llegar a fin de mes. Por no funcionar, no funcionan los trenes. Y el sanchismo no se parece a España cuando pacta con los apologistas del terrorismo etarra, amnistía a los que pisotearon la Constitución y niega a los españoles la condición de libres e iguales.

La amplitud de lo que se le impugna al sanchismo da una cierta idea de lo complicado que resultará el reto de llenar el vacío que dejará a su marcha. En las próximas elecciones generales no estará en juego la sustitución en el Gobierno de un partido impopular por uno que promete no crispar. La oposición parlamentaria al sanchismo, el Partido Popular y, de manera más terminante, Vox, piden el voto para derogar lo que ha hecho y lo que ha representado Sánchez desde que hace ocho años ganó una moción de censura y comenzó a formar gobiernos "contundentemente progresistas".

Los senadores que asaltaron a César también quisieron una derogación de todo el poder que había acumulado quien se atrevió a cruzar el Rubicón y tuvo la insolencia de quitárselo a ellos. Lo que provocaron fue el caos. El Idus del sanchismo deberá suponer la vuelta al sentido común.

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Fuente original: Leer en Expansión
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