La nueva alianza de la izquierda trata de escapar del lío en el que se ha metido nada más empezar: quién liderará la refundación electoral del espacio. Las dudas sobre la ideoneidad de Yolanda Díaz para seguir y la intromisión explosiva y externa de Gabriel Rufián han provocado que el lanzamiento del frente de IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y Comunes haya quedado eclipsado por el debate sobre el candidato que debería encabezar el nuevo proyecto.
Tras dos días de revuelo, los partidos del espacio intentan enfriar este problema y aplazan para más adelante el decidir quién será la persona que lidere. Antes que nada, apuntan diversas fuentes consultadas, está la presentación de la alianza, el 21 de febrero. Después, relatan estas fuentes, habría que dejar que el proyecto se pueda «consolidar» y que siga avanzando en las cuestiones que aún quedan pendientes.
En el espacio político se asume que hay prisa, pero a la vez, se advierte de que abrir ahora un debate de esta naturaleza podría acarrerar una confrontación entre los partidos. Y enrarecer un ambiente que, sobre todo en los últimos meses, ha sido bueno y productivo para enhebrar las voluntades para ir juntos a las urnas.
Por este motivo, el escenario que plantean algunos partidos es que pueda conocerse antes la nueva marca electoral, que está descartado que vaya a ser Sumar, que el nombre del candidato. En todo caso, aquí opera un factor imprevisible. La primera que tiene que aclarar qué quiere hacer con su vida es Yolanda Díaz. La vicepresidente sigue rehuyendo decir si quiere repetir como candidata y esto es un tapón que bloquea que otros ministros, dirigentes y formaciones puedan hablar con libertad.
De hecho, la sinceridad expresada por IU al apelar a la necesidad de tener un nuevo liderazgo para esta etapa que se abre ha caído mal en algunos sectores, porque consideran que no era oportuno. Por eso desde la misma tarde del martes, Antonio Maíllo ha modulado mucho sus declaraciones para evitar que el debate sobre el futuro de Díaz devore el lanzamiento de la alianza.
Así, el líder de IU aseguró ayer que la cuestión del liderazgo debe quedar «como el final del proceso» y que había que evitar ahora centrarse en el «fulanismo», por el que sólo se hable de nombres y no de proyectos. En todo caso, mostró la carta de las primarias como una salida posible que está ahí para dictaminar quién tiene la legitimidad para encabezar. Por su parte, Díaz rehuyó el envite y aseguró ayer que «hablar de personas y marcas» es un «enorme error».
Este tema está viciado también por la irrupción de Rufián y su oferta para hacer una alianza de todas las izquierdas, incluidas las independentistas. En el universo Sumar se reconoce que su figura llena un «vacío» político y emocional en el espacio político, pero no se le ve como una opción real para la alianza.
Las quinielas se hacen. Hace tiempo que se mira al ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, como posible sucesor. Él, una vez más, se descarta para ser el candidato. Ni ve a Díaz amortizada ni quiere dar el paso: «Primero hay que hacer el 'qué' y después se verá el 'quién'».