Las afecciones para la salud no solo son respiratorias. «El humo provoca una inflamación que afecta a todos los órganos»
Regala esta noticia Añádenos en Google Un hombre se afana en apagar los restos de un incendio en Ávila. (Europa Press) 30/07/2026 a las 00:03h.«Unos pocos segundos de exposición al humo de un fuego intenso puede provocar daños irreversibles, como el asma inducida por irritantes». La advertencia la ... hace Javier Gónzalez Barcala, profesor titular de Neumología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela y miembro de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR). El experto explica los riesgos de respirar el humo de los incendios como los que estos días abrasan enormes superficies de Ávila, Madrid y Castellón.
Pone el ejemplo de una herida: «Cuando nos hacemos un corte, la piel genera una costra. En este caso, cuando el humo entra en el organismo, este genera unos compuestos (el equivalente a la costra de la herida) que viajan por la sangre y provocan una agresión que trasciende la afección pulmonar». De este modo –explica Gónzalez Barcala– «el humo no solo afecta a las personas con asma y EPOC, sino que también provoca más infecciones pulmonares como neumonías, más arritmias, infartos de miocardio y embolias cerebrales».
Restos de plásticos
Asegura el neumólogo que «existe una evidencia muy sólida acerca de estas consecuencias» y detalla cuáles son los compuestos nocivos del humo que las provocan. «Por un lado, están las partículas de carbono negro (hollín) y las microcenizas; por otro, las partículas PM2.5 del humo, que son extremadamente pequeñas (se miden en micras) y llegan a introducirse hasta el final de los bronquios; además, los derivados del azufre y los derivados del nitrógeno».
Un cóctel nocivo de por sí que lo es más porque «en el bosque no solo se queman árboles y plantas, sino que hay muchos restos de plásticos que convierten este humo en algo aún más contaminante», advierte el portavoz de la SEPAR. Sobre los efectos en la población, explica que la gravedad está definida por el estado de salud previo de la persona afectada. «Un joven sano que no haya sufrido una exposición muy intensa al humo probablemente no tenga secuelas, pero en colectivos de personas vulnerables como ancianos y niños o en pacientes hipertensos, diabéticos, con problemas respiratorios... el riesgo se incrementa».
Dentro de casa
Y hay riesgo incluso cuando el fuego ni siquiera se ve, ni siquiera se huele. «Cuando el viento cambia se produce un cambio de dirección en el humo. Aunque no se vea la ceniza no quiere decir que el aire no esté muy contaminado», alerta el médico. Le pedimos que establezca un ratio de seguridad desde el punto de vista de la salud. «El humo y las cenizas pueden viajar muy lejos. No hay más que recordar que se ha identificado polvo del Sáhara en Sudamérica. En el caso de un incendio, creo que la población que está a treinta o a cuarenta kilómetros de un gran incendio debería ya tomar precauciones».
Y los incendios del centro peninsular tienen esa dimensión. «Para evitar las afecciones que provoca respirar ese humo, lo más seguro es quedarse en el interior de las viviendas con puertas y ventanas cerradas y paños húmedos en las rendijas». En caso de tener que salir a la calle, «hay que hacerlo siempre con mascarilla».
– En televisión, en redes sociales... hay vídeos grabados por vecinos a unos metros del fuego.
– Es de locos. Más aún si esa persona está a esa distancia y no ha tomado la precaución de ponerse una mascarilla. El fuego tiene en casi todas las culturas un halo de magia, pero también un riesgo alto.
Mascarillas y trapos húmedos para proteger nariz y boca
«Cualquier mascarilla vale y, si no se tiene a mano, un pañuelo en nariz y boca es mejor que nada». Advierte el neumólogo Javier Gónzalez Barcala de que el riesgo para la salud de un incendio trasciende las fronteras de los municipios en llamas y se extiende decenas de kilómetros. De ahí, la recomendación de la mascarilla. «Una FFP2 ya ofrece una buena protección». Si se tiene una de menor protección o un simple pañuelo o tela, el doctor recomienda humedecerla. «La humedad hace que las partículas contaminantes se adhieran al tejido y que este se haga más denso». Otra advertencia: «La boca es una entrada más potente del aire que la nariz, que tiene más barreras de protección, de modo que hay que evitar en la medida que se pueda respirar por la boca».
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