- LESLIE HOOK Y CAMILLA HODGSON
El 'Proyecto Bóveda' de Donald Trump creará una reserva mineral estratégica para frenar a China, pero las mineras temen ahora distorsiones masivas y excedentes peligrosos en los mercados globales.
En febrero, en el evento de lanzamiento del Proyecto Bóveda en el Despacho Oval, el multimillonario minero Robert Friedland le dijo a Donald Trump que la reserva de minerales de Estados Unidos, por un valor de 12.000 millones de dólares, sería simple y llanamente transformadora.
"Se lo digo en nombre de todos los mineros que conozco: están eufóricos con los avances logrados. Esta es la primera Administración, con su apoyo, en la que tenemos esperanza", dijo Friedland.
Sin embargo, algunas mineras expresan discretamente su preocupación por la iniciativa, advirtiendo que puede provocar distorsiones y un "excedente masivo" en los mercados de materias primas.
Vulnerabilidad
Sus inquietudes surgen en un momento en que la guerra con Irán ha puesto de manifiesto las vulnerabilidades de las cadenas de suministro de recursos naturales y la facilidad con la que la industria puede verse afectada por acontecimientos geopolíticos.
La reserva estratégica de minerales, la mayor de Estados Unidos para fines civiles, ha generado opiniones muy divididas en el sector minero del que depende.
El programa, liderado por el Banco de Exportaciones e Importaciones de Estados Unidos, está diseñado para contrarrestar el dominio de China en las cadenas de suministro mediante la creación de una reserva de 60 minerales críticos a la que los fabricantes pagarán por acceder.
El sistema operará bajo un modelo impulsado por la demanda basado en las necesidades de los usuarios finales, como los fabricantes de automóviles, según una persona con conocimiento de los planes, quien añade que los fabricantes que se unan al programa fijarán un precio para metales específicos que pagarán al retirarlos de la reserva.
Los planes de almacenamiento "no se basan en principios económicos sólidos, sino en el proteccionismo", agrega. "Considero que los gobiernos son muy ineficientes a la hora de gestionar estos procesos".
Iván Arriagada, consejero delegado de Antofagasta, explica que los esfuerzos de almacenamiento "introducen algunas distorsiones en el mercado", algo que la minera chilena de cobre debe "analizar detenidamente". Chile es el mayor proveedor de este metal para Estados Unidos.
Dado que los precios del cobre han alcanzado recientemente niveles récord, la demanda adicional derivada del almacenamiento podría impulsar aún más los precios.
El CEO de Anglo American, Duncan Wanblad, también se muestra cauto: "Estos mecanismos pueden crear excedentes y distorsionar los mercados de materias primas, por lo que será importante comprender los detalles".
Otro ejecutivo del sector minero señala que es probable que el Proyecto Bóveda eleve los precios y provoque una mentalidad de "acaparamiento", y advierte de que las políticas comerciales nacionalistas que crean barreras al libre comercio podrían perjudicar el desarrollo mundial.
Operadores y ejecutivos advierten que esta iniciativa probablemente pondría a Estados Unidos en competencia directa con otras naciones por los metales, especialmente en el caso de algunos con mercados pequeños como el germanio, cuya oferta es escasa fuera de China.
Estados Unidos no es el único actor que busca acumular minerales. La UE y Australia, entre otros, han manifestado su intención de crear reservas nacionales para proteger sus industrias.
Si bien los detalles sobre el funcionamiento de Bóveda son escasos, empresas como Lockheed Martin, General Motors, Google y el fabricante de baterías Clarios se han apuntado, lo que implica el pago de una cuota de participación.
Grupos comerciales adquirirán los metales que se almacenarán en Estados Unidos para que los fabricantes puedan utilizarlos en caso de crisis de suministro o emergencias.
Pero un operador explica que los fabricantes de marcas reconocidas a menudo desconocen las especificaciones precisas y complejas de cada metal que necesitan sus proveedores, una cadena de suministro que algunos intentan ahora comprender mejor.
Entre las empresas comercializadoras que adquirirán el material figuran Mercuria, Traxys, Hartree Partners y Glencore, cuyo consejero delegado, Gary Nagle, se ha convertido en un entusiasta defensor.
Los detalles sobre cómo funcionará el Proyecto Bóveda aún se están ultimando, por lo que no se han realizado compras, según una persona familiarizada con el asunto.
Para los ejecutivos mineros, el plan de almacenamiento es la última de una serie de políticas que han convertido a Washington en un inesperado foco de atención para la industria, y muchos afirman que, debido a ello, pasan más tiempo en la capital estadounidense.
Entre las empresas centrales figura Ivanhoe Mines, de Friedland. Tan solo un día después del anuncio del Proyecto Bóveda, se reveló que su mina de zinc Kipushi en República Democrática del Congo, que produce galio y germanio como derivados, estaba en conversaciones con sus socios comerciales Mercuria y Gécamines para suministrar minerales al programa.
Desde el inicio del segundo mandato de Trump como presidente en enero de 2024, su Administración ha adquirido participaciones directas en varias empresas mineras, ha anunciado un fondo minero multimillonario y ha forjado alianzas estratégicas en materia de minerales críticos con países productores clave.
Libre comercio
Muchas de estas iniciativas han sido bien recibidas por la industria, pero a algunos les preocupa que, en un sector donde el libre comercio es casi una virtud sagrada, el programa de almacenamiento de minerales pueda estar yendo demasiado lejos.
"Un enfoque mucho mejor sería facilitar los permisos", afirma Smallwood. "Cuando observo Norteamérica -suponiendo relaciones amistosas entre Estados Unidos y Canadá- no hay absolutamente ninguna razón para que busquemos fuera de este continente... Tenemos todo lo que necesitamos aquí mismo".
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