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El sanchismo juega con fuego

El sanchismo juega con fuego
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El sanchismo es la política con minúsculas, la que va dando tumbos entre un escándalo y el siguiente porque ha perdido la brújula de la moral y la ética. Su fin es permanecer en el poder y para ello levanta muros y negocia con quienes jamás comulgarán con una España de libres e iguales. Leer
Ensayos liberalesEl sanchismo juega con fuego
  • TOM BURNS MARAÑÓN
Actualizado 5 JUN. 2026 - 01:18El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.Enric FontcubertaEFE

El sanchismo es la política con minúsculas, la que va dando tumbos entre un escándalo y el siguiente porque ha perdido la brújula de la moral y la ética. Su fin es permanecer en el poder y para ello levanta muros y negocia con quienes jamás comulgarán con una España de libres e iguales.

Se sabe que la palabra "Política" viene de polis, la ciudad-estado de la antigua Grecia y significaba lo que concernía a los ciudadanos. Política se utiliza tanto para referirse a las ideas y doctrinas que alimentan e iluminan la gestión de un gobierno como para señalar a los actores de la vida pública y a las acciones que emprenden. En español "Política", tiene las dos aceptaciones. En inglés se dice Policy cuando se habla de lo primero y Politics para lo segundo.

En un largo ensayo, Tony Blair, primer ministro de Reino Unido al frente de un gobierno del Partido Laborista entre 1997 y 2007, ha acusado a la formación socialdemócrata que dirigió de estar huérfana de cualquier visón política (Policy) y sobrado de personalismos y de politiqueo (Politics). Blair dice de los suyos que le han sucedido en el poder lo mismo que aquí dicen veteranos líderes socialistas del sanchismo.

El dirigente más exitoso del laborismo británico, y ahora Sir Tony Blair porque fue investido caballero de la muy noble Orden de la Jarreta en 2021 por la reina Isabel II, provocó hace diez días con su ensayo una encendida polémica que aún colea. La progresía británica ha puesto el grito en el cielo y su cólera resulta familiar. En estos pagos Felipe González ha pasado a ser un apóstata y el gobierno progresista (y minoritario) de coalición le censura.

La trifulca, tan parecida en un lugar como en el otro, puede que no sea una bronca más que se olvida con el paso del tiempo. Puede que sea el fiel reflejo de una época mal educada, en el sentido de estar poco o deficientemente instruida, que solo vive en un presente en el cual todo vale. El pasado se desconoce porque no interesa, el futuro tampoco debido al narcisismo reinante y el decoro se desprecia.

La denuncia que Blair ha divulgado en un escrito por su puño y letra, y que ha hecho la delicia de los medios, ha caído como una jarra de agua helada en la izquierda británica por dos razones. Una es que el exlíder ha sacado la ropa sucia del laborismo cuando su partido vive horas muy bajas al frente del gobierno. Eso no lo perdona ningún colectivo.

La otra es que Blair dio en el clavo cuando contrapuso Policy a Politics. Afirmó que el Partido Laborista, que volvió al poder hace dos años después de casi dos décadas, y ya en un periodo pos-Brexit, de gobiernos conservadores crecientemente caóticos, no sabe exactamente qué quiere hacer más allá de impedir que gobierne la derecha. No lo sabe porque no ha reflexionado, no ha discutido, no ha escuchado, no ha contrastado, no ha consensuado y no ha planificado.

El ensayo de Blair, titulado El Partido Laborista juega con fuego acerca de su futuro y el futuro del País y publicado por su laboratorio de ideas, el Instituto Tony Blair para el Cambio Global ha forzado al laborismo a mirarse en el espejo y a nadie le gusta verse como un fracasado que se bate desordenadamente en retirada porque no ha sabido estar a la altura de las circunstancias.

'Terra ignota'

El hilo conductor del "juega con fuego" no es especialmente novedoso. Es la necesidad de hacer frente a los grandes retos que todos conocemos: la terra ignota que representa la inteligencia artificial; el envejecimiento de la población, la profunda transformación demográfica y la insostenibilidad del estado de bienestar; la desigualdad y la quiebra social que representa el poder y la riqueza de los titanes tecnológicos; el cambio climático; China, el Sur Global, America First y la transformación geoestratégica; y un largo etcétera.

Blair no ha descubierto el Mediterráneo con su panfleto y el degradante politiqueo personalista y cortoplacista que denuncia es ampliamente compartido en las demás democracias avanzadas. Lo es, desde luego, en España donde González, que venció en cuatro elecciones y permaneció casi catorce años en el poder frente a las tres que ganó Blair y los casi diez que ocupó la mansión de Downing Street, es la referencia ineludible.

Es de suponer que quien al asumir el poder a los cuarenta años en un ya muy lejano 1982 dijo que lo que quería era que España "funcione" piensa, al igual que piensa Blair del Partido Laborista, que el Partido Socialista Obrero Español juega con fuego para su futuro y para el futuro del país. Cuando el año pasado Felipe VI le impuso el collar del Toisón de Oro, González habló de la necesaria altura de miras para poder asegurar la convivencia y la paz civil.

El refundador del Partido Socialista español no tuvo ocasión de congeniar con Blair, que promocionaba un novedoso laborismo, New Labour, que era similar en su reformismo moderado al suyo en España, porque el británico llegó al poder el año siguiente de perderlo él en España. Sería José María Aznar, refundador a su vez del Partido Popular, quien se avino con Blair y esta compenetración derecha-izquierda repetía en cierta manera la que consiguió González cuando fue presidente del Gobierno con el canciller cristianodemócrata alemán Helmut Kohl.

Se diría que González y Kohl, Blair y Aznar supieron entenderse porque los cuatro sabían de dónde venían y a dónde querían llegar. Tenían conceptos claros y bien digeridos y estrategias para desarrollarlos. Primero Policy y después Politics para implementar la hoja de ruta.

Donde Blair y González coinciden hoy es en el diagnóstico de una socialdemocracia que va camino de la irrelevancia porque el personalismo y el politiqueo ha sustituido al debate de ideas y a la renovación de doctrinas. La socialdemocracia ha renunciado a la formulación de lo que Blair llama Policy.

Del presente de un partido socialista que ha pasado a ser sanchista y que se resiste a convocar elecciones porque las perderá no hay nada que añadir a lo que no se conozca. Acaso quepa resaltar el nulo aprecio que tiene González por Pedro Sánchez y cómo su desprecio contrasta con la entusiasta colaboración que hasta ayer mismo le prestaba al presidente del Gobierno el chavista y presuntamente corrupto José Luis Rodríguez Zapatero.

El sanchismo es la política con minúsculas, la de la mediocridad y de las mendacidades del día a día que va dando tumbos entre un escándalo y el siguiente porque ha perdido la brújula de la moral y de la ética. Su único fin es permanecer en el poder y para ello levanta muros y negocia acuerdos con quienes jamás comulgarán con una España de libres e iguales. No hay Policy, es decir un plan tangible que fije metas y establezca normas de acción para el partido, ni mucho menos, para el país. No lo hay porque ni siquiera hay Presupuestos

Es fácil imaginar la mezcla de tristeza, frustración y enojo que le ha de invadir a González cuando a sus ochenta y cuatro años contempla la conducta de los compañeros socialistas que le sucedieron en La Moncloa. Dice que no votará al partido que refundó mientras tenga los actuales dirigentes. Parecida desazón anímica padece Blair, diez años más joven que González.

El Partido Laborista ganó las elecciones generales por goleada hace dos años pero se ha esfumado el cambio político a mejor que prometió y el primer ministro Keir Starmer ha pasado a ser un jefe de Gobierno manirroto y extraordinariamente impopular. Crece la percepción de que la economía está estancada y que Reino Unido es una sociedad rota, étnicamente dividida y políticamente polarizada. Según todas las encuestas, Reform, el partido insurgente, anti-inmigración, identitario y "patriótico" hace su agosto con los desencantados.

Gresca

A diario el amplio grupo parlamentario laborista anda a la gresca interna y sus distintas facciones se dedican a conspirar el relevo de Starmer por uno de los suyos. Esto le saca de quicio a Blair, que nunca dio cancha a los críticos mientras estuvo en el poder. Ahora escribe que hacerle la cama a Starmer sin haber decidido previamente la Política, con mayúscula, que se ha de ejecutar no es una "manera seria de comportarse".

Se puede estar en total desacuerdo con muchos apartados en el paquete de Policy que Blair pretende que compren sus paisanos. Y seguramente lo están una mayoría de ellos cuando propone derogar el ambicioso programa de alcanzar cero emisiones netas de gases de efecto invernadero y también cuando aboga por apoyar ciegamente la política exterior de Donald Trump porque Estados Unidos es el "aliado indispensable".

Los críticos de Blair, que se declara ahora un "centrista radical", dicen que ha hecho un largo viaje que le ha llevado desde la fraternidad socialdemócrata a la profesión de fe codiciosa que es propia de un neocón. Ha creado una poderosa consultora multinacional que asesora gobiernos y grandes empresas tecnológicas y ha sucumbido al cobijo que dispensa Don Dinero y al "abrazo del oso".

Se dice que Felipe González dijo en alguna ocasión que las viejas glorias que estuvieron en el poder eran como los jarrones chinos que nadie sabe dónde poner. Igual se refería a sí mismo. Blair dice que de eso nada. No solamente quiere estar en la conversación sino, a ser posible, quiere dominarla.

González también debería impartir doctrina con un ensayo de 5.600 palabras como el que ha divulgado Blair. El sanchismo juega con fuego y se agradecería su testimonio.

Quienes ganaron sucesivas mayorías parlamentarias y cumplieron, generalmente con dignidad y sentido común, una larga etapa al frente de un Gobierno, tienen mucho que decir.

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Fuente original: Leer en Expansión
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