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La idea de razonar la ciencia fue el error del Renacimiento. La idea de un universo mecánico de leyes universales fue el error de la Ilustración. La física cuántica y la biología moderna nos entregan otra visión del mundo: un cosmos participativo, un cosmos ... regido por la conciencia. La visión del mundo que trajo la Ilustración ha quedado anticuada. Hay que ir más allá.
Las cosas tienden a transformarse en aquello contra lo que luchan. De este modo, la Ilustración, que combatió con fiereza la religión, ha acabado por convertirse también en una especie de religión. O se aceptan sus principios sin rechistar o uno está en contra. Resulta difícil hablar de esto en una época en que son muchos los que están en contra de la Ilustración no porque quieran ir «más allá», sino porque querrían, al contrario, ir más atrás, y volver a la Edad Media. Pero decir que la Ilustración ha quedado anticuada es recordar que está sujeta a la historia, que es precisamente uno de los principios del pensamiento ilustrado.
'El viajero mental' toma su título de un extraordinario poema de William Blake que es, también, uno de los autores ampliamente comentados en este libro. También Blake era uno de los protagonistas de un libro magistral que comentábamos hace poco, 'El maestro y su emisario', del neurocientífico Iain McGilchrist. Los otros son Aldous Huxley, Henri Michaux, Robert Wasson, María Sabina, Albert Hoffman, Terence Mckenna y Jeremy Narbi, a través de cuyos libros, especulaciones, experiencias, aventuras y viajes, Juan Arnau va trazando una historia moderna de un tema fascinante: la importancia de los psicotrópicos dentro de la cultura y las revelaciones que estas plantas «de conocimiento» nos traen sobre el funcionamiento de nuestra psique y nuestra forma de percibir la realidad.
El neurocientífico británico realiza un prodigioso y monumental recorrido por la mente humana y la historia cultural
'El viajero mental' está escrito con pasión, como impelido por un entusiasmo que atraviesa los últimos libros de Juan Arnau y parece unirlos como capítulos de una gran obra unitaria. Es como si el autor, después de innumerables ensayos, muchos de ellos memorables, y de traducciones de textos fundamentales del pensamiento indio y budista, hubiera encontrado y sintetizado con absoluta claridad un mensaje que desea transmitir a toda costa. Que el universo parece estar hecho de conciencia. Que la mente no es la conciencia. Que el cerebro no genera la conciencia, sino que la recibe. Que la conciencia no está en el cerebro.
Y, en 'El viajero mental', que una de las pruebas de todo esto la hallamos en el mundo vegetal, un océano de conciencia sin cerebro, formado por organismos que carecen de órganos y que a pesar de todo perciben, oyen, ven, y también hablan y nos hablan. Los psicotrópicos no son drogas, sino plantas y sustancias que pueden ayudarnos a comprendernos mejor a nosotros mismos y a resolver muchos de nuestros problemas mentales. Por esa razón, dice Juan Arnau, es necesario estudiarlos sin miedos y sin prejuicios, y hacer que formen parte de nuestra vida.
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