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Eladio Carrión, del rey al artista en el adiós a SEN2 KBRN

Eladio Carrión, del rey al artista en el adiós a SEN2 KBRN
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El cantante puertorriqueño llega a Málaga en la gira mundial que concluye su saga de más de cinco años

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Eladio Carrión tras aparecer en el escenario de su concierto en el Martín Carpena. Antonio Castro Eladio Carrión, del rey al artista en el adiós a SEN2 KBRN

El cantante puertorriqueño llega a Málaga en la gira mundial que concluye su saga de más de cinco años

Javier G. de Toro

Sábado, 24 de enero 2026, 13:05

... de un hombre acaba con todos los insensatos que se acercan a él. Esa es la cara de su nuevo disco, basado en la cultura de la yakuza; una historia contada desde el ritmo del trap puertorriqueño. Es el fin de una era para el cantante Eladio Carrión. Su visita a España en pleno 'World Tour DON KBRN' presagia el fin de su saga SEN2 KBRN. Una aventura de cinco años que culminará con la gira de lanzamiento de DON KBRN. Más elegante, pero con la misma rítmica del rey del trap que pide el fin de ese título: «solo existe un rey y es Dios».

Pero no se siente ese rugido. Ni la dureza de ese duelo. Los primeros fanáticos del cantante llegaban ya sonrientes, emocionados, con carteles que pedían autógrafos y canciones. Fotografías a tamaño real de su perro Kemba. Incluso un muñeco de croché de Carrión con el traje de guerrero samurai que tanto ha utilizado para este disco. Todas las manos se juntaron en lo alto durante las primeras canciones, formando o bien corazones o la letra H, en referencia a su ciudad nativa: Humacao. En pleno concierto el trapero pararía la música para recoger un regalo del público: un cuadro dibujado a mano con acuarelas de él y su Kemba, unidos en un abrazo. El ambiente no es propio de un rugido o un duelo. Es de familia.

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Seguidores de Eladio Carrión minutos antes de empezar el concierto. Antonio Castro

A medio concierto, el cantante se sienta en el suelo. Esta vez no es espectáculo. Está cansado. Un silencio un poco más fuerte de lo habitual se propaga por el público y Carrión sonríe mirando al pabellón repleto de ojos y móviles atentos: «Siento que me voy a desmayar si no me dan un segundo. ¿Lo han pasado bien?». El silencio continúa más leve, medio convertido en risas ligeras. «¿Ni se nota que estoy enfermo verdad? Si me dan 30 segundos para repostar...», dice, pero no le da tiempo a terminar la frase cuando, ahora sí, la audiencia entera se levanta en un rugido unido: «Eladio». Lo repiten una y otra vez, animándole a cantar, a demostrarle que están ahí para él.

El concierto sigue con más fiereza, pero aún se escucha la lluvia retumbando en la lejanía. Sonaba igual horas antes, cuando el aguacero de la borrasca Ingrid castigó a aquellos que no habían estado dispuestos a acampar en la cola. Docenas de personas se refugiaron en el tejado exterior del Martín Carpena. Capuchas improvisadas, adolescentes cubriéndose con chaquetas tres veces su talla y maquillajes corridos. Las caras largas y los ojos al borde de la lágrima por los conjuntos echados a perder duraron lo que tardaron en entrar al pabellón. Lo que Carrión tardó en aparecer con aquel deslumbre de luz blanca.

A lo largo de las dos horas de concierto, tras desear feliz cumpleaños a todos los presentes –«Imposible que todos ustedes cumplan años hoy, ¡pero feliz cumpleaños a todo el mundo!»–, las luces ya han cambiado de blanco a naranja. De naranja a lila. De lila a profundas luces de neón. Luego a láseres, a oscuridad solo quebrantada por el flash de algún móvil y al brillo de largas columnas de fuego. El público está exhausto, Carrión aún más. Pero la gente pide otra. Lleva pidiendo otra desde que Eladio dijo su primer «No sé cuánto tiempo me queda» y, como todas las anteriores, su sonrisa se desvela cuando escucha el coreo de sus fanáticos. «No mis fanáticos, mi familia», dice, y encarga al público cuatro reglas antes del gran final. La primera es tener cuidado con la gente mayor de entre el público. La segunda, no grabar: «No quiero ver ni un móvil, gócense esto ustedes conmigo. Ya la repetiré luego para que la graben». La tercera, cuidado con no pisar a nadie. La cuarta, la más sencilla esta noche: «Vuélvanse locos».

El fin de SEN2 KBRN en Málaga no termina con dramas. No hay un discurso de despedida del cantante ni un agradecimiento por estos años. Ni siquiera el final de aquel duelo. Hay un gracias por hoy. Un hasta pronto y un artista que se va con paso firme y empapado de sudor. No hay nadie sin los músculos reventados ni las piernas ya rendidas. El Martín Carpena huele a sudor, pero no ha habido lágrimas ni súplicas finales por una más. Carrión incluso adelantó diez segundos de su próxima canción. Este no es el final, y el público lo sabe. Como él dice, no será el rey del trap, pero para muchos ha sido el artista que hoy lo ha traído a Málaga.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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