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Elsa Schiaparelli o el arte de no parecerse a nadie

Elsa Schiaparelli o el arte de no parecerse a nadie
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La diseñadora de moda trabajó con artistas como Dalí para construir otros universos creativos. Su imaginación no tuvo límites, que, para desarrollar el talento se necesita confianza y oportunidades para expresarse sin miedo. También en la oficina Leer
Liderazgo de leyendaElsa Schiaparelli o el arte de no parecerse a nadie
  • ADELA BALDERAS
Actualizado 28 JUL. 2026 - 00:26Elsa Schiaparelli entendió que la identidad profesional no se fabrica, se descubre.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

La diseñadora de moda trabajó con artistas como Dalí para construir otros universos creativos. Su imaginación no tuvo límites, que, para desarrollar el talento se necesita confianza y oportunidades para expresarse sin miedo. También en la oficina

Algunas personas nacen mirando al suelo. Otras, a las estrellas, como la diseñadora de moda Elsa Schiaparelli. Nació en Roma en 1890. Su padre, Celestino Schiaparelli, era un prestigioso orientalista y director de la Biblioteca Lincei de Roma. Su tío, Giovanni Schiaparelli, uno de los astrónomos más importantes de su tiempo, célebre por sus observaciones de Marte y por aquellos misteriosos canales marcianos que alimentaron durante décadas la imaginación científica y literaria.

Las estrellas formaban parte del paisaje familiar de Elsa Schiaparelli mucho antes de convertirse en un motivo bordado sobre uno de sus diseños más icónicos, la chaqueta del Zodíaco, perteneciente a su colección Zodíaco de Otoño de 1938. Todo en torno a Elsa Schiaparelli era una mezcla de realidad y ficción, de creatividad y vulnerabilidad, de provocación y libertad. Esa libertad que hacía que su mente volara mucho más allá de lo convencional.

Cuando era niña decidió plantar semillas de flores sobre su rostro. Quería ser guapa. Se sentía diferente y poco agraciada. Había leído poemas que describían mujeres con flores brotando de sus rostros y estaba convencida de que si crecían en ella la harían más bella. La aventura terminó con una visita al médico...

Su vida tampoco siguió un camino convencional, ordenado y previsible. Vivió en Londres, pasó por Nueva York, atravesó dificultades económicas, se reinventó en varias ocasiones y terminó instalándose en el París de los años veinte, donde artistas, escritores y diseñadores compartían una efervescencia creativa difícil de repetir. Allí cambiaría para siempre la historia de la moda: mientras otros diseñaban vestidos, Schiaparelli decidió crear obras de arte. Colaboró con Salvador Dalí en el célebre vestido de la langosta y en el surrealista sombrero zapato. Convenció a Jean Cocteau para transformar sus dibujos en extraordinarios bordados sobre vestidos y chaquetas. Diseñó el vestido esqueleto de la colección Circus de 1938 y creó el Shocking Pink, un color asociado al lanzamiento de su perfume Shocking que acabaría convirtiéndose en una declaración de identidad.

En busca de la identidad

Décadas antes de que la moda comenzara a hablar de experiencias, narrativa y colaboración interdisciplinar, Elsa Schiaparelli ya trabajaba con artistas, escritores y escultores para construir universos creativos completos. Rompió fronteras. No seguía tendencias, las creaba. Pero quizá lo más fascinante es que también diseñó su propia identidad. La mujer que convirtió un vestido en una obra surrealista también convirtió su propia biografía en un relato singular.

Elsa Schiaparelli entendió que la identidad profesional no se fabrica, se descubre. Vivimos en una época obsesionada con la diferenciación. Hablamos de reputación, visibilidad, marca personal y likes. Nos preguntamos constantemente cómo debemos comunicar quiénes somos. Sin embargo, Schiaparelli nos recuerda que la identidad empieza por la convicción. Su objetivo nunca fue ser diferente sino expresar una manera única de entender el mundo. La notoriedad llegó después.

En Shocking Life, su autobiografía, afirmó que "un vestido no tiene vida propia hasta que alguien lo habita". Quizá ocurre exactamente lo mismo con el talento, que tampoco tiene vida propia si permanece guardado. Necesita oportunidades, confianza y espacios donde pueda expresarse sin miedo. Porque la mayor ventaja competitiva de una persona es tener el coraje de convertirse, plenamente, en sí misma. Aquí la historia de Elsa Schiaparelli conecta con uno de los grandes desafíos del liderazgo contemporáneo.

La profesora Amy Edmondson, de Harvard Business School, lleva décadas investigando por qué algunas organizaciones innovan más que otras. Su conclusión resulta tan sencilla como exigente: las personas solo se atreven a aportar ideas originales cuando sienten que pueden hacerlo sin miedo a ser ridiculizadas, ignoradas o penalizadas. A ese clima lo denominó seguridad psicológica.

Atreverse a ser diferente

La creatividad necesita talento. Pero también libertad y permiso. ¿Qué habría ocurrido si Elsa Schiaparelli hubiera trabajado en una organización donde cada propuesta diferente hubiera recibido siempre la misma respuesta? Probablemente nunca la habríamos conocido. Las ideas originales rara vez desaparecen de golpe. Se silencian poco a poco. Primero se deja de proponer y finalmente de imaginar. No por falta de creatividad, sino por resultar más seguro pasar desapercibido.

Con frecuencia, los líderes afirman que buscan personas innovadoras, curiosas y con pensamiento crítico. Pero cuando alguien cuestiona una práctica establecida o propone un camino distinto, la reacción no siempre invita a seguir participando. La pregunta que deberíamos hacernos no es si contratamos talento; lo importante es admitir si se sabe conservar aquello que hacía especial a ese talento cuando llegó.

Dos días después de su fallecimiento en París, el 15 de noviembre de 1973, The New York Times tituló su obituario con una frase tan sencilla como reveladora: "Schiaparelli muere en París; llevó el color a la moda". El artículo señalaba que, de todos los tonos asociados a la diseñadora, el Shocking Pink era quizá el que mejor simbolizaba su manera de entender la vida. Y recuperaba un consejo que la diseñadora había dado años antes a las mujeres: que bien podría resumir toda su trayectoria vital: "Atrévete a ser diferente".

Resulta curioso pensar que la mujer que vistió de surrealismo a toda una generación creció escuchando historias sobre planetas y constelaciones. Décadas después, las estrellas seguían acompañándola, bordadas sobre sus vestidos y convertidas en uno de los símbolos más reconocibles de su universo creativo. Tal vez no fuera una casualidad. Porque las personas extraordinarias no suelen inventarse a los cuarenta o a los cincuenta años, simplemente nunca dejan de mirar hacia el lugar que las fascinó en la niñez. Elsa Schiaparelli tiene algo extraordinario por sencillo: nunca dejó de preguntarse cómo podía transformar ni quiso abandonar su singularidad.

Quizá ese sea el mayor desafío del liderazgo: crear organizaciones donde las personas no tengan que elegir entre pertenecer y ser ellas mismas.

Adela Balderas es doctora ADE, profesora investigadora en la Deusto Business School, investigadora en la Universidad de Oxford y profesora afiliada de City Science del MIT Media Lab.

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Fuente original: Leer en Expansión
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