Vincent Pons
«Espero que, a fuerza de descubrir engaños, la gente exija periodismo sólido»Profesor en la Harvard Business School y doctor por el MIT, el economista político Vincent Pons estudia por qué votamos, por qué dejamos de hacerlo y qué pasa cuando la confianza se rompe. Un asunto decisivo en los momentos turbulentos que vivimos.
Regala esta noticia Añádenos en GoogleDaniel Méndez
23/07/2026 a las 13:58h.Profesor en Harvard. Su investigación se centra en los fundamentos de la democracia: las motivaciones del voto y el efecto de las elecciones sobre las ... políticas públicas y el rendimiento económico de los países. Vincent Pons, nacido en Francia en 1983, se doctoró en el MIT de Boston y su interés por la movilización electoral se reforzó durante la campaña de Barack Obama en 2008. Tanto, que luego tuvo una traducción directa en Francia en 2012: Pons fue director nacional de la campaña puerta a puerta de François Hollande, considerada una de las mayores operaciones de movilización política realizadas en Europa. Este prestigioso politólogo vino a Madrid, invitado por la Fundación Ramón Areces, para hablar de 'El incierto futuro de la democracia'. Su diagnóstico es demoledor, pero deja la puerta abierta a la esperanza.
XL. Y después llegó Obama.
V.P. Llegué a Boston en 2008 para empezar el doctorado en el MIT. Era la primera campaña de Obama, y aquello era muy distinto de las campañas francesas que yo conocía: mucho más trabajo de campo, puerta a puerta, organizado de forma extremadamente profesional.
XL. Y usted acabó experimentando con ello, con François Hollande.
V.P. Sí, dirigimos la campaña de campo de Hollande: llamamos a cinco millones de puertas, 80.000 voluntarios. Y pudimos medir el efecto: aquella campaña fue responsable de una cuarta parte de su margen de victoria contra Sarkozy. Es muchísimo.
«La polarización empezó en los años noventa y crece en todos los grupos de edad, incluidos los mayores de 75 que apenas usan redes sociales. La televisión también crea burbujas»
XL. Usted habla del incierto futuro de la democracia. ¿Está en peligro?
V.P. Creo que sí. Y subestimamos hasta qué punto lo que está en juego no es solo la victoria de un partido u otro, sino el futuro de la democracia. Nos cuesta verlo porque nos hemos acostumbrado a ella: hay elecciones con frecuencia y pensamos que las cosas seguirán como siempre. En ciencias del comportamiento se llama 'sesgo de normalidad'.
XL. ¿El problema se llama Donald Trump o es algo más profundo?
V.P. Hay algo más grande. Más allá de este presidente, en muchos países cae la participación, sube el voto populista y se multiplican las protestas. Protestar es sano, pero tantos movimientos en la calle pueden ser la señal de que las elecciones ya no bastan para resolver los grandes debates. Y luego está la polarización: republicanos y demócratas ya casi no coinciden en nada, y vemos la misma tendencia en España y en Francia.
XL. O conmigo o contra mí.
V.P. Ya no es solo desacuerdo sobre políticas: es animosidad hacia los votantes del otro partido. Hay una pregunta de encuesta muy reveladora: cómo reaccionaría usted si su hijo se casara con alguien del otro bando. En los años sesenta, la mayoría decía que no le afectaría. Hoy muchos responden que estarían preocupados o decepcionados. Y es grave: si llegamos a odiar al otro lado, apoyaremos a un candidato que diga que hará lo que sea para que ellos no lleguen nunca al poder.
XL. ¿Qué papel tienen las redes sociales en esta fractura?
V.P. La polarización es anterior: empieza en los noventa, y Facebook aparece en 2004. Además, crece en todos los grupos de edad, incluidos los mayores de 75 años, que apenas usan redes. Han tenido un papel importante, pero no son la única causa; la televisión por cable también encierra a la gente en burbujas informativas. El resultado es una fragmentación epistemológica: ya no discrepamos solo sobre las soluciones, sino sobre los hechos mismos. Y con los deepfakes la inteligencia artificial puede llevarlo aún más lejos.
XL. ¿Ve alguna salida?
V.P. Hace falta regulación que garantice transparencia, para que el espectador sepa si lo que ve es real. Hoy va por detrás de la tecnología, sobre todo en Estados Unidos, aunque Europa ha liderado el camino de la regulación, y es un mercado tan grande que sus normas acaban cambiando las prácticas de las compañías en todo el mundo. Y tengo otra esperanza: que a fuerza de descubrir engaños la gente vuelva a exigir periodismo sólido. Nadie soporta que lo tomen por tonto.
«La animosidad hacia los votantes del otro partido es grave. Si odiamos al otro, apoyaremos a quien diga que hará lo que sea para que ellos no lleguen nunca al poder»
XL. ¿Cuánto de esta crisis democrática tiene que ver con la economía?
V.P. Las grandes crisis económicas aumentan la desconfianza hacia las élites. Lo vimos tras la crisis financiera de 2008. Y los episodios populistas suelen venir después de una crisis económica. Pero también existe la relación inversa: las democracias generan crecimiento.
XL. Solemos mirar a China y pensar lo contrario: que a las autocracias les va bien.
V.P. Es la objeción habitual: en China o Singapur y vemos un crecimiento espectacular. Pero olvidamos que Japón, una democracia, también vivió un milagro económico.
XL. Para las empresas, ¿la inestabilidad política ya es un riesgo económico en toda regla?
V.P. Los propios directivos lo ven así. En 2022, una encuesta del Conference Board preguntó a consejeros delegados por el principal desafío para sus negocios, y la respuesta número uno no fue la inflación ni la competencia: fue la inestabilidad política y gubernamental.
XL. ¿Cómo se traduce esa inestabilidad en un riesgo real de crisis?
V.P. Piense en el techo de deuda de Estados Unidos. El Congreso debe votar periódicamente elevar el límite de endeudamiento para que el país siga pagando su deuda. Con la polarización actual, cada negociación asoma al país al borde del impago. No por un problema económico de fondo, sino por la incapacidad de la política para pactar.
«Harvard llevó al Gobierno a los tribunales. Cuando una organización resiste, anima a las demás. Cuando cede, le da al poder un incentivo para ir a por la siguiente»
XL. A la élite tecnocrática la vimos sentada junto con Trump el día de su segunda investidura: Meta, Amazon, Microsoft, Elon Musk…
V.P. En Estados Unidos, la gente muy rica está mucho más involucrada en política que antes. Mi opinión es que sería mejor que las empresas se mantuvieran fuera de la política. Es útil que opinen sobre asuntos que afectan directamente a su negocio, pero cuando toman posiciones sobre asuntos ajenos a su actividad están usando su poder económico para lograr ganancias políticas. Las democracias funcionan mejor cuando no mezclamos demasiado el ámbito político y el económico.
XL. ¿Y qué responsabilidad tienen las empresas cuando el poder ejecutivo se extralimita?
V.P. Las empresas deben saber que su respuesta ante el poder, pactar o resistir, no afecta solo a su compañía, sino al futuro de la democracia del país. Y las que no son atacadas pueden apoyar a las que sí: en Estados Unidos, bufetes atacados por Trump fueron defendidos por sus colegas, y Microsoft movió parte de su negocio desde despachos que habían pactado con el Gobierno hacia despachos que resistían.
XL. Harvard, su propia universidad, ha sido uno de los objetivos.
V.P. Sí. El Gobierno ha señalado como enemigos a medios, universidades y bufetes, y los ha presionado para firmar acuerdos: entregar datos de estudiantes que se manifestaron, cambiar el contenido de los cursos, contratar a cierto profesorado... Un ataque frontal a la libertad académica. Algunas instituciones pactaron. Harvard consideró que no había hecho nada malo y llevó al Gobierno a los tribunales. Cuando una organización resiste, anima a las demás. Cuando cede, le da al poder un incentivo para ir a por la siguiente.
«Veo oportunidades en la IA. La gente conversa cada vez más con los chatbots sobre política, y eso la expone a puntos de vista distintos de los suyos. Hay investigaciones que muestran que modera las opiniones»
XL. ¿La inteligencia artificial es solo una amenaza?
V.P. Veo riesgos, claro: hoy es mucho más barato fabricar vídeos falsos de tu oponente. Pero también oportunidades. La gente usa cada vez más los chatbots como fuente de información política, y eso a veces la expone a puntos de vista distintos de los suyos, como un pequeño debate político personal. Hay investigaciones que muestran que esas conversaciones a veces despolarizan y moderan las opiniones. Que el efecto neto sea positivo dependerá de la regulación: contenido de IA etiquetado con transparencia y sanciones a quien fabrique noticias falsas.
XL. ¿Y si alguien tiene mucho dinero y quiere usarlo a favor de la democracia, y no en contra?
V.P. Me gusta el ejemplo de Renova BR, en Brasil. Tras el escándalo Lava Jato, la trama de sobornos que hundió la confianza en los partidos, un colectivo de empresarios creó una organización, Renova BR, para formar a nuevos candidatos en comunicación política, financiación limpia de campañas, políticas públicas...El programa logró candidatos más diversos y competentes, que después gestionaron mejor los recursos públicos. El dinero también puede ponerse al servicio de la democracia en lugar de comprarla.
XL. Si la democracia está en peligro, ¿cómo se salva?
V.P. Primero, dándonos cuenta de que lo que está en juego es muy importante: no solo qué partido gobierna, sino que la democracia en su conjunto puede flaquear, con sus riesgos económicos incluidos. Y segundo, entendiendo que la democracia es un bien común. No nos la van a garantizar otros: cada uno puede ser un ciudadano activo, hablar con quien discrepa, animar a votar, presionar a las organizaciones para que resistan los abusos del poder. La solución no vendrá solo de las leyes. También vendrá de nuestro propio comportamiento.
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