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Estados Unidos calcula el coste del equipo destruido en la guerra con Irán

Estados Unidos calcula el coste del equipo destruido en la guerra con Irán
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Los aviones y radares perdidos contribuyen a un coste diario estimado de 500 millones de dólares y dejan al país expuesto en otros frentes. Leer
Financial TimesEstados Unidos calcula el coste del equipo destruido en la guerra con Irán
  • JACOB JUDAH Y AMY MACKINNON
Actualizado 7 ABR. 2026 - 18:10Caza estadounidense F-15E.EFEEFE

Los aviones y radares perdidos contribuyen a un coste diario estimado de 500 millones de dólares y dejan al país expuesto en otros frentes.

La guerra de Donald Trump contra Irán le está costando a Estados Unidos cientos de millones de dólares al día, y aproximadamente una décima parte de esa suma corresponde al precio del equipo militar destruido en los combates, según un análisis reciente.

Las pérdidas estadounidenses de soldados y material son bajas en comparación con las de guerras en las que ambos bandos están más igualados, según los expertos en defensa, pero la destrucción por parte de Irán de costosos sistemas de radar estadounidenses ha dejado a Washington más vulnerable de producirse futuros conflictos en otros escenarios como China.

Desde el 28 de febrero, se han registrado 13 muertes de estadounidenses en ataques contra bases del país. Más de 300 soldados estadounidenses han resultado heridos.

Elaine McCusker, investigadora principal del American Enterprise Institute (AEI) y ex alta funcionaria de presupuesto del Pentágono, estima que el coste de la campaña contra Irán oscila entre 22.300 y 31.000 millones de dólares (19.200 y 26.700 millones de euros) en las cinco semanas transcurridas desde que Trump ordenó a las fuerzas estadounidenses atacar a finales de febrero.

Sus cálculos incluyen el coste del despliegue de recursos estadounidenses adicionales en Oriente Próximo desde finales de diciembre, pero no incluyen una evaluación completa de los daños de combate, que probablemente no estará clara antes del fin de las hostilidades.

Estas cifras comprenden entre 2.100 y 3.600 millones de dólares por daños de combate y reemplazo de equipos. El extremo superior de este rango incluye el coste de reparar el USS Gerald R. Ford, un portaaviones retirado para labores de mantenimiento tras registrarse un incendio en la lavandería, y el precio de reparar un sistema de alerta temprana de misiles balísticos dañado por un dron en Catar.

"Los equipos dañados a veces se pueden reparar en días, mientras que algunos sistemas destruidos tardarán años en reemplazarse", explica McCusker, añadiendo que la guerra probablemente agravará los cuellos de botella existentes para los materiales y componentes críticos necesarios para las reparaciones y el mantenimiento.

Irán parece haber priorizado el ataque a los sistemas de radar y comunicaciones en bases estadounidenses en todo Oriente Próximo, así como los aviones de reabastecimiento que permiten a los cazas estadounidenses realizar ataques de largo alcance.

Esta creciente lista de equipos escasos y sofisticados atacados por Irán ha llevado a analistas y exfuncionarios a expresar su preocupación por el excesivo despliegue estadounidense y el uso de recursos que podrían emplearse mejor en otros lugares.

El Pentágono solicita al Congreso 200.000 millones de dólares adicionales para cubrir el coste de sus operaciones en Irán.

Mark Cancian, asesor sénior de defensa y seguridad del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), estima que la campaña le cuesta a Estados Unidos unos quinientos millones de dólares diarios.

El CSIS estima que Estados Unidos sufrió pérdidas en combate y daños a infraestructuras por un valor de al menos 1.400 millones de dólares durante los primeros seis días de conflicto, tras los cuales disminuyó el número de lanzamientos de misiles iraníes. Las estimaciones varían según la metodología y los datos incluidos en los distintos recuentos.

"Los detalles siguen siendo muy limitados. El coste podría ser significativamente mayor dependiendo del equipo que se encontrase dentro de las instalaciones atacadas", señala Cancian.

Probablemente costaría más de 700 millones de dólares reemplazar el Boeing E-3 Sentry, un sistema aerotransportado de alerta temprana y control que funciona como puesto de control aéreo que resultó gravemente dañado en un ataque a la base aérea Príncipe Sultán, cerca de Riad, explica.

Un funcionario de defensa estadounidense declinó hacer comentarios sobre las evaluaciones de daños de combate del Pentágono por motivos de seguridad operativa.

Junto con el E-3, los analistas señalan que dos sistemas de radar en Jordania y Catar figuran entre los activos más importantes dañados. Entre ellos se incluye un radar AN/TPY-2, fundamental para el funcionamiento del avanzado sistema de defensa antimisiles estadounidense conocido como THAAD, que, según se informó, fue destruido en una base en Jordania al comienzo del conflicto.

También se ha informado de que ha sido alcanzado otro sistema AN/TPY-2 en Arabia Saudí, pero aún se desconoce la magnitud de los daños.

Se estima que reemplazar cada AN/TPY-2 cuesta alrededor de 485 millones de dólares. Raytheon, el grupo de defensa estadounidense, puede tardar casi tres años en producir un solo AN/TPY-2. El año pasado entregó el decimotercero de estos sistemas, y no hay unidades sobrantes almacenadas, lo que significa que cubrir su falta requerirá reasignar compromisos militares de otros lugares.

"Se trata de un radar muy escaso y de gran capacidad", afirma Tom Karako, director del proyecto de defensa antimisiles del CSIS. Explica que estos sistemas son cruciales tanto para que Estados Unidos pueda interceptar los ataques con misiles balísticos desde Irán como para la postura defensiva estadounidense en todo el mundo.

"Repararlos o reemplazarlos será una prioridad muy alta", sostiene Karako. "No se puede sustituir un AN/TPY-2 por un radar de Amazon Basics".

Un ex alto mando militar estadounidense afirma que gran parte de los daños a los activos estadounidenses fueron "autoinfligidos" debido al uso deficiente de los recursos. "O no nos defendimos adecuadamente, o cometimos errores en el empleo de los sistemas", explica.

Kelly Grieco, investigadora principal del Centro Stimson, señala que Irán ha tenido éxito atacando objetivos estáticos, como aeronaves estacionadas y edificios en bases estadounidenses. "Es mucho más fácil atacar objetivos fijos de mayor tamaño", indica.

Los ataques contra la infraestructura de radares estadounidense dificultarán la identificación e interceptación rápidas de los misiles iraníes entrantes.

"Elimina una de las herramientas para caracterizar y responder con mayor eficacia a los ataques con misiles", afirma Sam Lair, investigador asociado del Centro James Martin para Estudios de No Proliferación.

Esto dificulta el cálculo preciso del tamaño, la composición y los objetivos de las andanadas de misiles balísticos y drones iraníes entrantes, explica Lair.

Sin embargo, Lair indica que los daños sufridos por las bases estadounidenses se ajustan en general a las expectativas. "Se trata de un nivel de daños relativamente bajo, dadas las capacidades de la fuerza de misiles y drones iraní", señaló. "Podría haber sido peor".

Si bien se ha informado de que Irán ha derribado más de una docena de drones MQ-9 Reaper fabricados por General Atomics, su golpe aéreo más significativo fue el derribo de un F-15E sobre la zona montañosa del suroeste de Irán el viernes.

Las fuerzas iraníes y estadounidenses se movilizaron rápidamente para encontrar a los dos tripulantes, rescatados por Estados Unidos durante el fin de semana.

Un A-10 Warthog que volaba a baja altura y brindaba apoyo aéreo a la misión de búsqueda y rescate fue alcanzado por fuego iraní y posteriormente se estrelló sobre el Golfo Pérsico.

Medios estadounidenses informaron de que dos aviones de transporte C-130 Hércules tuvieron que ser destruidos en tierra por las fuerzas estadounidenses durante la operación. El mando militar central de Irán declaró que dos helicópteros Black Hawk y dos C-130 Hércules estadounidenses fueron derribados en el sur de Isfahán.

Cancian señala que, en comparación con otras campañas estadounidenses recientes, los daños sufridos en las últimas semanas parecen considerables. "Pero, para lo que suele ser normal en una guerra, esto es muy leve", añade.

Durante las cinco semanas de la Operación Tormenta del Desierto en 1991, cuando una coalición liderada por Estados Unidos liberó Kuwait de Irak, 14 aviones estadounidenses fueron destruidos en combate.

Al comienzo de la guerra contra Irán, tres F-15E fueron derribados en un incidente de "fuego amigo" sobre Kuwait y un avión cisterna KC-135 se perdió sobre Irak. Cada F-15E cuesta alrededor de 100 millones de dólares, mientras que reemplazar un KC-135 costará aproximadamente 160 millones de dólares.

Los costes de mantenimiento de buques y aeronaves también aumentarán a medida que se prolongue la guerra. El AEI estima que los costes de reparación de los buques que no cumplan con sus programas de mantenimiento programados ascenderán a unos 75 millones de dólares.

Pero lo que más preocupa a los analistas es que Estados Unidos está perdiendo activos y agotando reservas de armas necesarias para reforzar sus defensas contra China.

Fabian Hoffmann, experto en defensa antimisiles del Proyecto Nuclear de Oslo, señala: "El radar de alerta temprana THAAD y el E-3 sin duda habrían sido útiles en una guerra con China".

Según informaciones, Estados Unidos ha comenzado a trasladar componentes de un sistema de defensa antimisiles de Corea del Sur a Oriente Próximo.

Karako, del CSIS, expresa su preocupación de que el continuo desgaste pueda tentar a China a emprender una campaña militar para reclamar Taiwán. "No podemos permitirnos seguir gastando estas cosas", advierte.

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