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Economía

Estados Unidos y Europa siguen siendo más fuertes juntos

Estados Unidos y Europa siguen siendo más fuertes juntos
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A pesar de Trump y la guerra con Irán, los intereses de Bruselas siguen estando profundamente ligados a los de Washington. Leer
Financial TimesEstados Unidos y Europa siguen siendo más fuertes juntos
  • RANA FOROOHAR
Actualizado 20 ABR. 2026 - 16:03La guerra en Irán ha puesto de manifiesto, una vez más, la difícil disyuntiva a la que se enfrentan los europeos en el nuevo conflicto entre grandes potencias que involucra a Estados Unidos y China.DREAMSTIMEEXPANSION

A pesar de Trump y la guerra con Irán, los intereses de Bruselas siguen estando profundamente ligados a los de Washington.

La guerra en Irán ha puesto de manifiesto, una vez más, la difícil disyuntiva a la que se enfrentan los europeos en el nuevo conflicto entre grandes potencias que involucra a Estados Unidos y China.

¿Debería Europa aliarse con quienes decidieron iniciar una guerra innecesaria que amenaza con devastar la economía global? ¿O debería posicionarse con un país que, a la larga, destruirá su base industrial?

No es una decisión fácil. Pero creo que, a pesar del presidente Donald Trump, que eventualmente dejará el cargo, Europa sigue beneficiándose más de aliarse con Estados Unidos que con China, y no sólo porque Pekín esté suministrando tecnología y apoyo militar a Rusia y ahora a Teherán.

La única esperanza que tienen Estados Unidos y Europa para sobrevivir al actual momento geoeconómico reside en crear un nuevo tipo de alianza, basada no en una relación de seguridad asimétrica, como la que dio origen a la OTAN tras la Segunda Guerra Mundial, sino una verdadera asociación entre iguales basada en una integración económica e industrial más profunda.

No es un momento fácil para plantear este argumento, pero es importante hacerlo, porque tanto en Estados Unidos como en Europa se están sentando las bases para lo que vendrá después de Trump.

En Estados Unidos, el probable buen resultado de los demócratas en las elecciones de mitad de mandato de noviembre confirmará la necesidad de un enfoque más "populista" —diría que realista—en cuestiones de clase y asequibilidad, en lugar de la política identitaria progresista o el globalismo centrista propio de la década de 1990.

Ninguna de estas opciones ofrece soluciones ganadoras a los problemas actuales. Si bien los demócratas (y los republicanos reflexivos) empiezan a comprender que en su país "todo gira en torno a la economía, estúpido", aún no existe una teoría coherente sobre cómo relacionarse con el resto del mundo. Es hora de que desarrollemos una.

Finalmente, y con cierto retraso, Europa está asumiendo la ineludible realidad del mercantilismo chino. Como muchos, me sorprendió que Pekín no aprovechara la oportunidad que dejó Trump tras el anuncio de sus aranceles del "día de la liberación" el año pasado y decidiera colaborar con los europeos para encontrar una solución al problema del dumping de productos chinos. Eso podría haber sido el germen de un nuevo paradigma comercial. Y habría sido el momento perfecto para que China presentara algunas ideas, por muy incompletas o imperfectas que fueran, a Bruselas como muestra de buena fe.

En su lugar, China ha redoblado su apuesta por un modelo de crecimiento basado en las exportaciones, que ha escalado mucho más en la cadena de valor hasta áreas como la tecnología limpia y la robótica, donde Europa y Estados Unidos tienen importantes intereses.

Pekín pretende mantener un control absoluto sobre sectores como los minerales críticos y las materias primas para la industria farmacéutica.No ha mostrado ningún interés en ser ni el policía del mundo ni el proveedor de bienes comunes globales. Como señaló Elizabeth Economy, investigadora de Hoover Institution y experta en China, en una conferencia celebrada recientemente en Washington: "China quiere los derechos de ser una superpotencia sin las responsabilidades".

La cuestión de cómo afrontar este desafío comercial es, como ha dicho el presidente francés Emmanuel Macron, un asunto de vida o muerte. Incluso una mayor inversión conlleva riesgos "cuando la integración se convierte en fuente de subordinación", como explicó el primer ministro canadiense Mark Carney en su trascendental discurso en Davos en enero. Si bien, en teoría, podría lograrse una cierta cantidad de demanda industrial y de consumo a gran escala mediante el tipo de alianza entre potencias medianas que Carney ha defendido, un nuevo sistema con Estados Unidos y Europa como pilares fundamentales sería mucho más eficaz.

Como han escrito Kurt Campbell y Rush Doshi, exasesores de Joe Biden y expertos en China, la "escala de la alianza", en forma de asociaciones económicas e industriales entre Estados Unidos, Europa y los países medianos de gran tamaño, representaría más del doble del PIB chino. También generaría mucha más resiliencia en las cadenas de suministro cruciales. Después de todo, Estados Unidos es el único actor fuera de China con una ventaja competitiva en inteligencia artificial, una tecnología que transformará todos los sectores y que necesita urgentemente el respaldo de los valores europeos. A menos que eso suceda, el mundo sólo tendrá dos opciones: el control de los oligarcas estadounidenses o de los mercantilistas chinos.

Esas son precisamente las malas decisiones que la Administración Biden intentaba evitar. Y sospecho que hay más de unos pocos europeos que ahora, apenas 15 meses después de iniciarse el destructivo segundo mandato de Trump, desearían haber sido más receptivos al enfoque de Biden para crear un nuevo paradigma económico.

Pero incluso la Administración Trump sabe que Estados Unidos no puede hacerlo solo. Sus esfuerzos por desarrollar una alianza global de minerales críticos para combatir el acaparamiento chino son una muestra de ello. Lo mismo ocurre con su nueva estrategia marítima —que incluye una solicitud presupuestaria para 2027 de 65.800 millones de dólares (55.800 millones de euros) para la construcción de buques—, la cual requerirá la colaboración con socios en Corea del Sur y Japón, además de Europa.

Se trata de ideas valiosas, incluso si provienen de la Casa Blanca de Trump. Por supuesto, los europeos son, con razón, escépticos ante cualquier cosa que emane de Estados Unidos en este momento. Francia y Reino Unido, por ejemplo, están formando una coalición de naciones para ayudar a liberar el estrecho de Ormuz una vez que la guerra termine definitivamente, una coalición que podría no incluir a Estados Unidos ni a Israel. Es una reacción comprensible ante la situación actual. Pero Europa sola —al igual que Estados Unidos solo— no es una alternativa viable a China. No es demasiado pronto para empezar a pensar en qué lo es.

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Fuente original: Leer en Expansión
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