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«Este disco es un homenaje a las personas que me han permitido ser quien soy»

«Este disco es un homenaje a las personas que me han permitido ser quien soy»
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El guitarrista de Vetusta Morla publica su primer disco en solitario, 'Nadie con ese nombre vive aquí'

Guille Galván | Cantante y compositor

«Este disco es un homenaje a las personas que me han permitido ser quien soy»

El guitarrista de Vetusta Morla publica su primer disco en solitario, 'Nadie con ese nombre vive aquí'

Regala esta noticia Añádenos en Google Guille Galván acaba de publicar su primer trabajo en solitario. (Jerónimo Álvarez)

Pilar González Ruiz

Santander

25/05/2026 a las 20:52h.

«Somos centauros con las patas de barro, perfiles raros y el pecho en erupción». Ha recorrido el mundo cosechando eso que ahora se define ... como éxito, agotando entradas, firmando himnos generacionales con Vetusta Morla, recibiendo el aplauso de distintas latitudes. Y ahora, Guille Galván, guitarrista del mítico grupo y compositor de buena parte de sus grandes temas, ha decidido batirse el cobre con la inspiración y el desafío de enfrentarse al público honrando el oficio desde sus costuras.

-¿Qué palabra define el proceso que se consolida con la publicación de un disco bajo su propio nombre?

-Bueno, pues emoción, sobre todo. Emoción de haber conseguido hacerlo y de poder compartirlo con la gente.

-¿Cuánto tiempo le ha llevado dar forma a este proyecto?

-Pues desde que empecé a componerlo hasta hoy, han pasado unos tres años más o menos. Todas las canciones están escritas en un periodo similar y nacieron directamente para este disco. No había material antiguo esperando en un cajón, sino que desde el primer momento tuve bastante claro de qué quería que hablase y cuáles eran las coordenadas o los límites que quería manejar.

-¿Y de qué necesitaba hablar en ese momento?

-Venía de muchos años tocando, girando y estando un poco al límite en muchos sentidos, con necesidad de parar y de relacionarme con la música desde otro lugar, mucho más básico, íntimo y pequeño. Desde ahí pensé que podía empezar casi de cero. Por eso quise plantearme un disco grabado en casa, hecho prácticamente con guitarra y voz, aunque luego se haya ido completando con más cosas. A nivel personal coincidió además con un proceso muy importante: la preparación del duelo y la despedida de mi padre, a raíz de una enfermedad larga que duró cuatro años y que fue paralela prácticamente a todo esto.

«Venía de muchos años tocando, girando y estando un poco al límite en muchos sentidos con necesidad de parar»

-¿La música fue un camino paralelo a esa senda vital con desenlace conocido?

-Lejos de venirme abajo, aunque partiera de un lugar oscuro y de una pena muy profunda, sentí la necesidad y la urgencia de escribir sobre la gente que me rodeaba y con la que había compartido amor. Mi familia de origen, mi pareja, mis hijos… personas sobre las que quizá no había tenido antes la valentía o la firmeza de escribir de una manera tan directa. Creo que el hecho de retirarme un poco durante este tiempo y apartarme del ruido me permitió concentrarme en eso y tomármelo casi como un homenaje a las personas que me han permitido ser quien soy.

-Es curioso, porque el origen del disco nace desde una urgencia vital, pero al escucharlo transmite justo lo contrario: calma, pausa, intimidad.

- Sí. Una de las cosas que les dije a los productores con los que fui terminando el disco era que para mí era muy importante situar al oyente en un espacio concreto. Ese espacio era una habitación con una guitarra y una persona cantándole algo a alguien que estaba muy cerca, casi como un vis-a-vis. Yo les decía: «No quiero que llenéis la habitación de músicos ni que aparezca una banda tocando; quiero que decoréis esa habitación». Que decidieran si las paredes eran rosas o marrones, si había un sillón o una mesa baja, pero respetando siempre la intimidad de lo que se estaba contando. Además, el disco lo grabé casi por sorpresa para el resto. Lo sabían mis compañeros del grupo, mi mánager y poca gente más. Eso me permitió trabajar desde un cierto anonimato y desde una calma muy compatible con mi vida cotidiana: llevar a los niños al colegio, ir al hospital, seguir con la rutina. No quería un disco de músculo ni de fuegos artificiales, sino atravesar todo el proceso desde un lugar compatible con la vida real.

-Ha reunido a productores que podrían haber decorado la habitación cada uno a su manera, generando disonancias estilísticas, pero eso no parece haber ocurrido.

-Tenía la intuición de que las personas a las que llamaba iban a entender perfectamente el espíritu del proyecto. Además, cada canción se la mandaba a una persona distinta. Eran habitaciones diferentes. Yo recibía propuestas y luego iba corrigiendo o matizando cosas. Y al final del proceso apareció la figura de Carlos Raya, que fue quien mezcló el disco y consiguió que todas esas propuestas que venían de sitios distintos acabaran teniendo una misma pátina y una unidad sonora.

-«Llevo en el corazón la certeza plena de saberme acompañado en la reyerta», canta en 'No me dejes quieto'. ¿Cuál fue el criterio para elegir a esos compañeros de viaje?

-En el caso de Campi Campón le conozco desde hace muchos años porque he trabajado con él en discos de Vetusta Morla. Me gusta mucho su manera de entender las canciones sin invadirlas, cómo trabaja desde las texturas y desde el ritmo de una forma muy sugerente. Yo le dije que no quería baterías como tal, que quería pulso en las canciones, pero no un aparato marcando el ritmo constantemente. Luego trabajé con David Soler y Marcel Bagés, a quienes conocía de la época en que colaboraban con María Arnal. Habíamos coincidido en giras y me interesaba mucho esa parte más experimental y atmosférica que podían aportar al disco, sobre todo trabajando las texturas y las cuerdas.

-Y aún faltan otros dos nombres y perfiles.

-Después está Pablo Martín Jones, con quien hicimos una canción construida casi desde sonidos cotidianos: una bolsa, una escoba, pequeños ruidos convertidos en ritmo. Esa canción tenía algo infantil, más naíf, y me gustaba la idea de construir un universo sonoro desde ahí. Y luego hubo canciones que terminé produciendo yo mismo en casa. Lo bonito es que cuando escucho el disco ya no sé muy bien qué ha hecho cada uno, sino que todo forma parte de una sola cosa.

«Está bien tener claras ciertas líneas y dejar que sean las canciones las que te vayan guiando»

-Si cogemos 'La botella', hay en esa canción un arranque que recuerda a George Harrison y luego un final que podría remitir a Nacho Vegas. ¿Cuántas referencias reconoce dentro del disco?

-Supongo que todo eso aparece de forma inconsciente. 'La botella' probablemente es la canción más árida del disco, menos delicada, pero también porque necesitaba ser así. El disco arranca con una especie de crack, de ruptura, con un momento de desesperación donde quieres verlo arder todo. Me encanta la mención a Nacho Vegas porque es uno de mis cantantes favoritos. Le admiro muchísimo y me parece uno de los mejores letristas que ha habido en España en los últimos treinta años.

-¿Quién más se ha colado entre sus composiciones?

-Hay muchos discos que para mí han sido importantes y que seguramente se han colado de alguna manera: 'Nebraska' de Bruce Springsteen, 'Pink Moon' de Nick Drake, 'The Boatman's Call' de Nick Cave o el primer disco de Bon Iver. Todos esos álbumes me parecen prodigios compositivos y de producción. Discos que consiguen sostenerse casi únicamente con una voz y una guitarra. Hoy puedes hacer todos los discos del mundo dentro de un solo disco, pero eso no significa que vaya a ser mejor. Lo importante es decidir qué disco quieres hacer y respetar esas reglas desde el principio hasta el final.

-Explicado así, el proceso se parece bastante al de la escritura, que también ha transitado. ¿La coherencia resulta clave?

-Totalmente. Un disco es una suma constante de decisiones: cómo compones, qué texto dejas, qué armonía eliges, qué instrumentos aparecen, qué amplificador utilizas… Cada decisión parece pequeña por separado, pero todas juntas terminan haciendo que el disco tenga una personalidad concreta o que acabe siendo un totum revolutum. Y creo que está bien tener claras ciertas líneas y dejar que sean las canciones las que te vayan guiando.

- En literatura existe la figura del editor, alguien que orienta y propone cambios. ¿Aquí el editor también ha sido usted?

-Sí, aunque he tenido mucho 'feedback' con Héctor, que ha sido el ingeniero del disco y con quien he trabajado prácticamente desde antes de grabarlo. Yo soy una persona a la que le gusta mucho preguntar y escuchar opiniones. Me gusta que la gente intervenga y aporte. Luego, si veo que algo no encaja, también lo digo, pero creo que siempre enriquece rodearte de personas que suman.

-¿Qué predomina ahora mismo: curiosidad, expectación o vértigo?

-El vértigo lo tuve sobre todo antes de empezar y cuando saqué el primer adelanto. Ahora estoy en un punto de bastante paz. Siento que he hecho lo que quería hacer y que lo estoy contando desde un lugar bastante fiel a lo que necesitaba expresar. Y también siento que cierro una etapa y abro otra.

-Viendo el sabor que le ha dejado la experiencia, ¿esa puerta queda abierta para el futuro?

- Sí. He dejado abierto un espacio al que poder volver cuando lo necesite. Un lugar para refugiarme y para investigar.

-Es interesante esa palabra: ¿investigar la música?

-Claro, porque yo necesitaba investigar en este proceso. De hecho, mientras grababa el disco no tenía ningún compromiso para publicarlo ni nadie esperando el resultado. Cuando me preguntaban, yo decía: «Estoy grabando unas cosas y ya veremos». Si terminaba contento, lo sacaría; y si no, se quedaría como esos cuadros que tienen los pintores en su taller y que solo conocen ellos.

-Después de hablar tanto de motivos, intuición y contradicciones, ¿este proceso le ha dejado más certezas o más preguntas?

-Ambas cosas. Pero creo que siempre está bien terminar algo y quedarte con nuevas preguntas en el bolsillo, porque eso significa que vas a seguir buscando respuestas dentro de tu trabajo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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