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El político belga, hoy un anciano afable, fue uno de los padres de la UE. R. C. Etienne Davignon, el hombre tras la muerte de LumumbaPerfil ·
El prestigioso político belga está acusado de impulsar el asesinato del primer presidente de CongoSábado, 18 de abril 2026, 18:22
... mejillones fritos? ¿Qué recelo puede provocar un país que tiene entre sus símbolos la pequeña escultura de un niño orinando? Lamentablemente, una vez más, las apariencias engañan. El país que acoge las instituciones continentales posee un turbio pasado colonial.El shock es completo. Uno de los padres de la Unión Europea deberá declarar por su participación en todo un crimen de Estado. El joven dirigente africano sólo contaba 35 años cuando fue apresado y ejecutado. Su voluntad nacionalista y panafricana, tal vez simpatizante de la Unión Soviética, resultaba absolutamente contraproducente a principios de los años sesenta, cuando las colonias accedían a su independencia. El riesgo era elevado. Las empresas occidentales temían ser expulsadas de un país poseedor de abundantes recursos naturales. Lumumba debía desaparecer y su cadáver fue disuelto en ácido.
La CIA y los servicios secretos ingleses y belgas colaboraron activamente en la eliminación del político. Al parecer, en aquel momento, diez altos burócratas de Bruselas conocían el complot. El único que ha sobrevivido es el distinguido conde Etienne Davignon. En su contra se esgrime cierta prueba incriminatoria, un télex en el que se incita a eliminar al peligroso estadista.
La masacre de Lumumba y su séquito restableció el estatus quo, pero la búsqueda de justicia no ha cejado desde entonces. Pauline Opango, la viuda, marchó con el pecho descubierto por las calles de la capital para reclamar el esclarecimiento de los hechos y sus cinco hijos interpusieron una demanda ante la justicia belga en 2011. Ya, en aquel momento, el nombre del poderoso Davignon aparecía entre los artífices de la operación.
La trayectoria de nuestro protagonista resulta intachable. El hombre que deberá declarar ante el tribunal fue vicepresidente de la Comisión Europea entre 1981 y 1985. Antes había dirigido la Agencia Internacional de la Energía y en 1970 encabezó el equipo que redactó el informe, conocido por su apellido, que definía la inicial estrategia política del Mercado Común. Su implicación remite a una primera etapa profesional, cuando trabajaba para el Ministerio de Asuntos Exteriores y era el adjunto de Paul Henri Spaak, el titular de la cartera.
La administración colonial de Bélgica en África constituye un modelo de ruindad. La Sociedad de Naciones le otorgó el mandato sobre Ruanda y Burundi, antiguos territorios bajo el control del Imperio Alemán, y su política discriminatoria exacerbó las tensiones entre tutsis y hutus, germen del posterior genocidio. Antes, la Conferencia de Berlín de 1885 había concedido a Leopoldo II la misión de civilizar Congo. El monarca sustituyó el objetivo por la mucho más rentable explotación de grandes plantaciones de caucho mediante el trabajo forzado.
Un diente, el único resto
La presunta actuación del político y sus colegas pretendía preservar los gigantescos intereses nacionales. En 1960, una firma belga poseía minas de cobre, cobalto y otros minerales en la provincia congoleña de Katanga, a la que indujo a segregarse, y la Société Générale de Belgique acumulaba participaciones en las más importantes empresas coloniales. Curiosamente, cuando Davignon abandonó la función pública recaló en este conglomerado financiero del que fue presidente entre 1989 y 2007.
La entrega en 2022 de un diente con una corona de oro, el único resto que pudo ser identificado de Lumumba, supuso la primera victoria de su familia. Roland, el hijo mayor y presidente de la fundación que honra a su padre, ha sido el principal responsable de esta lucha para llevar al banquillo a los responsables del magnicidio. No ha podido presenciar esta victoria ya que falleció el pasado mes de enero.
La detención y traslado ilegal de un prisionero de guerra, la vulneración del derecho a un juicio justo y trato degradante y humillante de la víctima, son los delitos que la Fiscalía atribuye al veterano político belga. No ha aparecido ante las cámaras. Las últimas imágenes le dibujan como un anciano afable que fuma en pipa, como su compatriota George Simenon, el creador del detective Maigret. Pero los crímenes del escritor eran tan sólo ficticios.
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