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Que diez años no es nada. El 15 de julio de 2016 se estrenó la primera temporada de 'Stranger Things' (Netflix) y el 31 de diciembre de 2025 se cerró la serie de los hermanos Duffer con un capítulo final de dos horas. ... A pesar de lo irregular de la última camada de capítulos, uno no puede dejar de pensar en esos niños, ahora adolescentes, que descubrieron el horror en su pueblecito, nada norteamericano, Hawkins.
La recuperación nostálgica y reimaginada de los ochenta había comenzado poco antes con la magnífica 'Super 8' (J. J. Abrams, 2011): 'Stranger Things' la completó. No sólo se trataba de volver a una historia de ciencia ficción y terror: se intentaba remezclar una época y darle el esplendor de la ficción. Por eso, ahí estaba la música, el vestuario, los accesorios -ese walkman de casete- y, sobre todo, ahí estaban los soviéticos y las teorías de la conspiración.
Gracias a un reparto esplendoroso -la revelación de Millie Bobby Brown, estratosférica, y la recuperación de Winona Ryder, más-, la emoción se repartía entre la historia iniciática y el misterio.
Los protagonistas, que empezaron en la serie con 12 años, hablan con ABC sobre crecer bajo los focos del fenómeno de Netflix en la previa de su final, dividido en tres tandas
Además de libros, cómics, una serie animada (estreno en 2026) y una obra de teatro precuela en Londres y Nueva York, su éxito universal propició, dentro del propio serial, cambios de tono de una temporada a otra. La verdadera diversión: primero, suspense, conspiranoia y miedo, segundo, una aproximación a 'La invasión de los ladrones de cuerpos', después, un homenaje a las películas de monstruos y la inclusión de un nuevo grupo de niños, capitaneados por dos descubrimientos: Nell Fisher (Holly) y Jave Corney (Derek).
Porque cuando se despiden se produce un doble espejo: los miramos y ellos nos miran a nosotros
Quizá lastrado por la repetición, el principal sustento de 'Stranger Things', la ternura, disminuye a medida que avanza. Lucas (Caleb McLaughin) la captura: «Tenemos muchas reglas en nuestro grupo, pero lo más importante es que los amigos no mientan. Nunca, nunca, pase lo que pase». El despertar sexual, cada uno con sus preferencias, aumenta esta sensación de intimidad: lo sabemos todo de ellos ya que somos como ellos. O fuimos.
El viaje del espectador con estos chiquillos, haciéndose ellos adolescentes y remarcando el -nuestro- tiempo en sus volubles cuerpos púberes, sitúa a esta serie en un lugar diferente. Compartimos cronología y sentimientos. Porque cuando se despiden, con esos días felices y soleados prometidos desde el primer capítulo, se produce un doble espejo: los miramos y ellos nos miran a nosotros. Hemos envejecido juntos y, con suerte, hemos perdido el miedo: somos, por fin, capaces de enfrentarnos a nuestros monstruos.
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