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Política

Formarse sin garantías en la era de la información e inquietud

Formarse sin garantías en la era de la información e inquietud
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Los jóvenes señalan el desajuste entre educación y orientación como la clave para cambiar su percepción del sistema Leer

La educación es, probablemente, una de las grandes paradojas a las que se enfrentan los jóvenes. Nunca hubo tanto acceso al conocimiento -dentro como fuera de las aulas- y, sin embargo, persisten dudas sobre qué se aprende realmente y para qué. A ello se suma una inquietud cada vez más visible: la sensación de que el esfuerzo formativo no siempre encuentra un mercado laboral capaz de absorberlos, y es que los datos sobre España hablan de una gran sobrecualificación donde el 35% de los graduados universitarios en nuestro país trabaja en empleos por debajo de su nivel formativo, siendo el país con la mayor tasa de cualificación de la Unión Europea. En ese cruce entre expectativas, experiencias y realidad, EL MUNDO y Future Makers quisieron situar una mesa de trabajo para reunir a jóvenes -estudiantes universitarios, de Formación Profesional o recién incorporados al mercado laboral- dispuestos a reflexionar -sin rodeos- sobre un sistema que todos han vivido y que pocos dejan de cuestionar.

Más que un debate teórico, el encuentro se convirtió en un espacio de análisis compartido en el que las vivencias personales y la mirada crítica dibujaron un panorama tan complejo como reconocible. A lo largo de la hora y media que duró la mesa, las seis voces fueron construyendo un retrato compartido de las fragilidades del sistema. Desde perspectivas personales y a veces contradictorias, coincidieron en señalar una sensación de fondo: la de transitar una estructura que siempre responde a las expectativas que ella misma genera, especialmente cuando se da el salto al mundo laboral.

Más allá de matices, apareció una preocupación común por el desajuste entre formación y empleo. Los participantes describieron un escenario en el que estudiar ya no garantiza, como antes, una inserción clara en el mercado de trabajo, lo que alimenta una percepción de incertidumbre y, en ocasiones, de abandono institucional hacia la juventud. Ligado a esto emergió una reflexión crítica sobre el papel actual de la universidad. Sin negar su valor, todos señalaron que ya no se percibe exclusivamente como la cuna del conocimiento, sino como un espacio que convive con otras formas de aprendizaje, muchas veces externas y autodidactas. En este sentido, la irrupción de las nuevas tecnologías la reconocen como una herramienta poderosa, pero, al mismo tiempo, ambivalente, ya que facilita el acceso a la información, pero al mismo tiempo expone a una sobreabundancia que obliga a invertir tiempo y criterio en filtrar qué merece realmente la pena.

El debate dejó entrever una generación que no cuestiona el valor de formarse, pero sí interroga las condiciones en las que lo hace. Más que una crítica frontal, lo que se desprendió de la mesa fue una llamada a repensar cómo acompañar a quienes están construyendo el futuro dentro de las instituciones educativas tradicionales. Así, coincidieron en señalar que la incertidumbre podría reducirse si el contacto con el mundo profesional comenzara antes. La etapa de la adolescencia, para ellos, es el momento idóneo para explorar de manera realista los oficios y trayectorias posibles. Conocer desde dentro distintas profesiones lo plantean como una herramienta para conectar la formación con expectativas laborables tangibles, reforzando así también la idea de que la educación ha de ir acompañada de orientación.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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