La nave que debía capturar al observatorio Swift comenzó a girar de forma descontrolada, lo que ha imposibilitado la maniobra
Regala esta noticia Añádenos en Google Recreación del telescopio Swift, que se encuentra a unos 350 kilómetros de distancia de la Tierra. (Nasa)Jon Garay
21/08/2026 a las 00:07h.Era una misión inédita y no ha salido bien. El intento in extremis de la Nasa por alargar la vida del telescopio espacial Swift ha ... terminado en fracaso por «un problema persistente con el control de altitud» –giraba de forma descontrolada– en la nave enviada para que elevara la órbita del artilugio de observación. «La Nasa debe estar dispuesta a actuar con rapidez y asumir riesgos calculados cuando el beneficio potencial lo justifique, y eso es precisamente lo que hicimos con esta misión», ha declarado Jared Isaacman, el administrador general de la agencia espacial norteamericana. Con este resultado, se espera que el laboratorio de observación entre en la atmósfera terrestre y se desintegre a final de año.
El telescopio Swift, de 5,6 metros de alto, 5,4 metros de ancho y 1,4 toneladas de peso, fue lanzado al espacio en 2004 para estudiar los estallidos de rayos gamma –las explosiones más potentes del universo– y otros objetos y eventos cósmicos como los agujeros negros. Diseñado para permanecer operativo durante dos años, ha seguido activo durante 21 años. Las alarmas saltaron cuando los ingenieros de la Nasa detectaron que estaba perdiendo altura más rápido de lo debido. No es raro que los satélites vayan cayendo de forma progresiva cuando se encuentran en la órbita baja terrestre, una zona que se extiende aproximadamente desde los 100 hasta los 2.000 kilómetros de distancia de la Tierra. A este descenso ‘natural’ se le unió una circunstancia excepcional: una actividad solar más intensa de lo habitual que aceleró el ritmo de caída.
30 millones
En esta tesitura se tejió de urgencia una misión de rescate que no tenía precedentes en la Nasa –sí en China, que hace cuatro remolcó un satélite a una 'órbita cementerio' donde no supusiera ningún riesgo para otras naves–. La agencia concedió el pasado mes de septiembre un contrato de 30 millones de dólares a una startup llamada Katalyst Space, especializada en desarrollar artilugios espaciales de forma muy rápida. «El espacio es un entorno concurrido, disputado e impredecible. Competidores y adversarios están listos para actuar cuando los sistemas fallan o las condiciones cambian. En un dominio dinámico, tardar meses (o años) en responder no es una opción, sino un riesgo», dicen en su página web.
En menos de un año diseñaron Link, una nave con tres brazos robóticos de un metro de longitud y una especie de pinzas que le debían permitir acoplarse al telescopio y elevarlo por encima de los 600 kilómetros de altura–como referencia, la Estación Espacial Internacional orbita a 400 kilómetros de distancia–. Partió a su misión el 3 de julio, con aproximadamente un mes de plazo para acercarse a su objetivo. Sin embargo, el artilugio comenzó a girar de forma descontrolada - «nueve grados por segundo»-, retrasando la fecha del encuentro hasta finales de este mes. Pese a los esfuerzos por resolver el problema, finalmente la Nasa anunció este miércoles que se cancelaba la misión ante la imposibilidad de llevar a cabo la maniobra de forma controlada.
En estos momentos, Swift orbita a unos 347 kilómetros de altura y pierde altitud a un ritmo de unos 8 kilómetros al mes. Se espera que se desintegre en la atmósfera en los últimos meses del año. «Sabíamos que esta era una misión de alto riesgo y gran recompensa: un intento sin precedentes, desarrollado en un plazo excepcional condicionado por la actividad solar. Todos esperábamos obtener más información científica de Swift. Pero sabíamos que los resultados de esta misión valdrían la pena de todos modos», ha asegurado Shawn Domagal-Goldman, director de la División de Astrofísica de la sede de la Nasa en Washington.
El miedo al avance chino
Cuando se conoció la misión de rescate del Swift, el objetivo principal era tratar de alargar la vida útil del telescopio espacial. De paso, se trataba de aprender también para futuras maniobras similares que implicarían, por ejemplo, al Hubble. La agencia Reuters apuntó a otra motivación: el miedo al avance en el espacio de China. Como queda dicho, en 2022 Pekín logró arrastrar uno de sus satélites fuera de la órbita en la que se encontraba, «lo que alarmó a los funcionarios estadounidenses, que afirman que China podría emplear esas tácticas contra las naves espaciales estadounidenses».
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