- RAFAEL PAMPILLÓN OLMEDO Y RAFAEL MONEO ABREU
- Un resultado electoral en Alemania que resuena en todo el mundo
- El canciller Friedrich Merz, contra las cuerdas tras el duro golpe de la ultraderecha
El canciller alemán prometió un giro político, pero ha terminado garantizando la continuidad. Su incapacidad para afrontar los problemas económicos y sociales del país resulta cada vez más evidente, y dentro de la CDU la situación comienza a ser insostenible.
Alemania vivió el pasado domingo una jornada electoral histórica. Tuvo lugar en Sajonia-Anhalt, poco más de un año después de la formación de la gran coalición encabezada por Friedrich Merz. Los resultados son inequívocos -testarudos, dirían algunos-: Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo el 43,8% de los votos, 23 puntos porcentuales más que en las elecciones anteriores. La CDU se desplomó hasta el 17,2%, casi 20 puntos menos. El SPD apenas alcanzó el 9,3%, y los Verdes, el 8,9%. Por primera vez, Alternativa para Alemania consiguió por sí sola más votos que la suma de esos tres partidos.
Las causas de esta debacle de las formaciones tradicionales son conocidas, y se vienen anunciando desde hace meses. El resultado expresa la protesta de una parte considerable de la población ante los errores acumulados por la clase política alemana en los últimos quince años. Es imposible comprender lo ocurrido sin remontarse a la etapa de Angela Merkel, durante la cual se adoptaron algunas de las decisiones que están en el origen del declive económico y político del país.
Entre ellas destaca el abandono de la energía nuclear, que dejó a Alemania excesivamente dependiente del gas ruso. Pese a que el enfrentamiento geopolítico con Moscú hacía evidente la fragilidad de aquella medida. A ello se sumaron una política migratoria desbordada, sucesivas medidas perjudiciales para la industria automovilística y un intervencionismo económico creciente. Y para colmo, una transformación verde planteada con objetivos, costes y plazos poco realistas.Cuando llegó la crisis del Covid, Alemania ya había debilitado buena parte de las bases sobre las que descansaba su prosperidad.
El programa de la izquierda verde ha marcado, con escasas variaciones, la actuación de los sucesivos gobiernos alemanes: primero, los ejecutivos de Merkel; después, el tripartito de socialdemócratas, verdes y liberales; y, finalmente, la desafortunada gran coalición de la CDU y el SPD. Cada cambio de gobierno ha agravado los problemas anteriores. No se han acometido reformas capaces de romper un statu quo desfasado, para un país cuya riqueza dependía, en gran medida, de su potencia industrial.
Desde 2011, se ha impuesto una agenda intervencionista mucho más radical que la respaldada expresamente por los electores. El resultado ha sido una pérdida progresiva de competitividad, inversión y capacidad industrial. Alemania producía con energía relativamente barata, tecnología avanzada y una extraordinaria base exportadora. Hoy paga cara la energía, soporta una regulación asfixiante, y contempla cómo una parte de su industria traslada inversiones y producción a otros países.
La percepción de los alemanes sobre los partidos políticos ha cambiado al mismo ritmo que se deterioraba su economía. Muchos ciudadanos que antes confiaban en los partidos tradicionales -los mismos que contribuyeron a reconstruir el país y convertirlo en una gran potencia después de dos guerras mundiales- se sienten ahora decepcionados y engañados. La distancia entre el relato ofrecido por buena parte de los medios y la realidad cotidiana se ha vuelto difícil de sostener.
Percepción
El ciudadano común percibe el deterioro de su nivel de vida, la desindustrialización, el mal funcionamiento de los servicios públicos, la vivienda cada vez menos accesible y la inseguridad ciudadana. A ello se une el encarecimiento de la energía, especialmente dañino para las familias con menos recursos y para las empresas industriales que compiten en los mercados internacionales. La desconfianza y la sensación de abandono tenían que acabar pasando factura a la clase política.
Cuando votar a la CDU termina produciendo políticas muy similares a las defendidas por los Verdes, muchos electores comienzan a buscar otra opción fuera de los partidos de siempre. Y esa opción ha sido Alternativa para Alemania. El partido ha ocupado el enorme vacío político dejado por la CDU, el SPD y los Verdes, cuyas diferencias en cuestiones fundamentales resultan cada vez menos perceptibles.
En este contexto, despachar a Alternativa para Alemania con la etiqueta de "extrema derecha" no basta para explicar por qué recibe el apoyo de millones de ciudadanos. Se pueden y se deben criticar sus propuestas, sus dirigentes y sus excesos. Pero es una fuerza política legal, apenas ha tenido responsabilidades de gobierno y sus votantes no pueden ser descalificados en bloque como extremistas o nostálgicos del nazismo. Pretender ilegalizar al partido que encabeza las encuestas nacionales, con cerca del 30% de los votos, sería además política y democráticamente explosivo.
Cuanto más se ignoran los problemas señalados por los electores y más se desprecia a quienes votan a AfD, mayor es el respaldo que recibe el partido. La indignación ciudadana no desaparece porque las élites políticas decidan que resulta incómodo hablar de ella.
La situación de Merz
El gran perdedor de Sajonia-Anhalt es, por tanto, el canciller Friedrich Merz. Desde su llegada al poder ha respaldado toda clase de maniobras para aislar a Alternativa para Alemania y ha aceptado pactar con los socialdemócratas casi a cualquier precio. Todas las estrategias ensayadas para contenerla -el cordón sanitario, las amenazas de ilegalización y el arrogante desprecio hacia sus votantes- han fracasado.
Merz prometió un giro político, pero ha terminado garantizando la continuidad.Su incapacidad para afrontar los problemas económicos y sociales del país resulta cada vez más evidente, y dentro de la CDU la situación comienza a ser insostenible. El canciller sigue empeñado en ignorar a una parte creciente del electorado y en cerrar cualquier posibilidad de entendimiento parlamentario con Alternativa para Alemania. Si mantiene esa estrategia, no solo pondrá en peligro su continuidad al frente del Gobierno, puede conducir a la CDU hacia la irrelevancia.
Rafael Pampillón Olmedo y Rafael Moneo Abreu | Universidad CEU San Pablo e IE Business School
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