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Gerard Piqué, en un partido del Andorra. Baldomero Segunda Gerard Piqué, dirigente y reincidenteEl propietario del Andorra acumula más de 40.000 euros en multas en una temporada marcada por incidentes reiterados
Martes, 7 de abril 2026, 18:13
... sino de multas que, más que castigar un hecho puntual, retratan una forma de relacionarse con el arbitraje que ya dejó claro mientras vestía de corto.La resolución de la Federación Española de Fútbol, conocida este lunes, pone cifra al último altercado, pero también vuelve a subrayar un patrón. Según el acta arbitral, Gerard Piqué se dirigió al colegiado murciano Ojaos Valera en actitud agresiva, elevando el tono y reduciendo la distancia hasta el gesto intimidatorio, con expresiones como «es un robo histórico» y la amenaza de amplificar la queja «en Twitter». Según redactó el colegiado, al dueño del Andorra hubo que separarle para que no se llegaran a males mayores. La escena posterior al Andorra-Málaga no difiere en lo esencial de las anteriores.
Porque no es un episodio aislado. Antes de la multa por lo ocurrido el miércoles pasado en Andorra, llegaron las multas tras el partido del equipo del principado ante el Mirandés, el Deportivo de la Coruña y el Leganés. Cambian los rivales, pero se repite la secuencia: descenso al túnel, reproches airados a los colegiados, frases que cuestionan la imparcialidad arbitral y, después, la sanción. «Qué fácil es pitar a los pequeños» o «esto es una puta vergüenza» forman parte de un repertorio que las actas han ido fijando como testimonio de una escalada verbal sostenida en el tiempo por Gerard Piqué.
Las multas, al Andorra
La singularidad del caso reside además en que las multas, aunque son por situaciones provocadas por Gerard Piqué no van dirigidas a él. El exfutbolista, pese a ser propietario del club a través de su entramado empresarial, no ostenta cargo federativo. Esa condición lo sitúa fuera del alcance directo de la normativa sancionadora, que termina por trasladar la responsabilidad al Andorra como entidad. Es el club, en última instancia, quien paga por no contener unos comportamientos que la Federación considera sancionables.
El aviso, sin embargo, va más allá del importe económico. La FEF ya ha advertido de posibles medidas de mayor calado si la reincidencia persiste: clausuras parciales o totales del estadio, e incluso la deducción de puntos. De momento, esas sanciones no se han ejecutado, pero la acumulación de salidas de tono empieza a dibujar un escenario en el que la excepcionalidad deja de serlo y la tolerancia institucional está a punto de terminarse.
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