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Saturnino García: «Echo de menos el sexo, pero siempre queda alguna bala que tirar»

Saturnino García: «Echo de menos el sexo, pero siempre queda alguna bala que tirar»
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A sus 91 años, protagoniza la delicada y tierna ópera prima de Gonzaga Manso, 'Dos días', que acaba de llegar a las salas de cine
Saturnino García: «Echo de menos el sexo, pero siempre queda alguna bala que tirar»

A sus 91 años, protagoniza la delicada y tierna ópera prima de Gonzaga Manso, 'Dos días', que acaba de llegar a las salas de cine

Regala esta noticia Añádenos en Google Saturnino García, en los cines Verdi de Madrid. (Esther Vázquez)

Iker Cortés

Madrid

23/05/2026 a las 00:12h.

A sus 91 años, Saturnino García vuelve a la gran pantalla y lo hace como protagonista en dos 'Dos días', la sencilla pero delicada y ... tierna ópera prima de Gonzaga Manso, que narra la aventura en alta mar de José Antonio, un médico madrileño de 89 años que está perdiendo la memoria. Desoyendo la prohibición familiar, convence a su amigo Mingo, un pescador jubilado, para salir a pescar. Juntos quedan a la deriva en el mar, lo que les obliga a lidiar con sus recuerdos y conflictos no resueltos en una historia que se alzó con la Biznaga de Plata Premio del Público en la Sección Oficial fuera de concurso del último Festival de Málaga. Simpático, encantador y con una energía arrolladora, recibió la Biznaga de Honor durante el certamen y asegura que los premios son un «piropo interminable».

-Supongo que les parecería que daba la talla en el sentido físico y demás, pero hice un casting, ¿eh? No fue eso de que como ya te conocen los directores... El caso es que les gustó y lo aprobaron.

-¿Qué le gustaba del proyecto?

-Me gustó mucho el guion y sabía que no iba a ganar solo un dinerito y ya está, sino que podía tener trascendencia y parece que así está siendo.

-A José Antonio, su personaje, le dicen muchas veces lo que tiene que hacer. ¿A usted también o le dejan más tranquilo?

-A mí no me dicen lo que tengo que hacer porque me quedé soltero sin propósito ni voluntad, sino arrastrado rodando por la vida, y para cuando te quieres dar cuenta, ya esta me he quedado soltero. Y entonces mi familia no está al pie mío. La catáfila de sobrinos que tengo no están a mi lado por lo tanto nadie me reprime de nada. Pero, efectivamente, uno de los pasajes de la película muestra que de tanto que le quieren los hijos y las hijas, pues le dan un poco de tormento, pero es que con los tiempos que nos han tocado vivir, las formas que hay hoy en día. Es que hoy todos somos muy melifluos, parece que mostrar cariño es ateclar (halagar) mucho. Pero en mi opinión, en la película las secuencias familiares son modélicas, peor sería que estuvieran indiferentes con mi personaje.

-Le vemos tirándose al agua un par de veces, arrastrando una barca... ¿Cómo fue el rodaje?

-Fue duro pero encantador porque eso es el cine. Es que en el cine no todas las películas son de sofá, pero es un trabajo placentero. La mayor parte de los trabajos los son si cuentan con superiores que sepan tratar a las personas y sean buenos jefes. Decía Albert Camus que el trabajo, si no lo tuviéramos que hacer para vivir o para alimentarnos, lo haríamos igual y yo creo que es verdad.

Los achaques de la vejez

«Yo no tengo problemas de memoria, yo tengo memoria de viejo. Los viejos tenemos pérdidas por exceso de datos»

-Lo que no tendrá usted son problemas de memoria como los de su personaje.

-No, yo solo tengo memoria de viejo, que es distinto. Recuerdo que cuando era joven que también me olvidaba muchas cosas. El viejo tiene pérdida de memorias por lastre, por exceso de datos, y el joven pérdida de memoria por falta de datos, por falta de referencias. Y viene a ser un poco la falta de memoria de este viejo, que tampoco es que está pirado del todo (risas).

-¿Qué echa de menos que ya no pueda hacer por culpa de la edad?

-El sexo, pero de todos modos siempre queda alguna bala que tirar (risas). Luis Buñuel decía en su autobiografía: «Por fin he perdido los estímulos del sexo, lo cual es una liberación que celebro» (risas).

-El otro día recibió la Biznaga de Honor en el Festival de Málaga y lo hizo reclamando más papeles y más trabajo. ¿De dónde saca esa energía?

-No es que tenga energía, es que quiero más papeles para adquirirla, son estímulos. ¿Para qué sirve el horizonte? Pues mira, sirve para que mirándolo, queriendo ir allá, andes, te mantengas en movimiento, aunque nunca llegues.

-Vamos, que no se plantea jubilarse.

-Para nada, en absoluto. Puede que en parte tenga tantas ganas porque como empecé tarde parece como que quiera hacer lo que no pude hacer cuando tenía que hacerlo.

Vigor

«No es que tenga energía, es que quiero más papeles para adquirirla. Son estímulos para estar siempre en movimiento»

-Hay un instante en la película en la que su personaje dice: «Hay veces en las que parece que ya sobras». Usted nunca ha tenido esa sensación, ¿no?

-No porque sería como tener cierta incapacidad. De hecho, noto que soy necesario, tanto en la vida mía real como en la de la película. Yo interpreté este papel notando que soy necesario en esta vida.

-Tiene un Goya, la Biznaga de Honor y en su pueblo, en Bariones de la Vega, le pusieron una placa hace relativamente poco. ¿Qué importancia le concede a los premios y los reconocimientos?

-Pues muchísima importancia porque es una estima y una valoración que sientes. Es como un piropo interminable. En mi pueblo, además, me ponen «el vecino más ilustre del pueblo». Joder, oye, pues muy bien. Yo empleo mis tiempos vacíos en la lectura y a veces me digo voy a leer más a ver si consigo ser lo que me dicen en mi pueblo, ilustre.

-Dejó pronto la escuela y comenzó a trabajar la tierra, hasta que con 17 años se mudó a Barakaldo con sus padres y se convirtió en obrero metalúrgico. ¿Cuándo le empezó a picar el gusanillo de la interpretación?

-Ya en el pueblo, teníamos el saloncito de baile y café, donde iban los mayores a echar la partida, pero muy frecuentemente había gente andando por los caminos que iban de pueblo en pueblo haciendo funciones de teatro. Yo veía mucho de eso y dicen que en el niño una chispa puede ser un incendio en el mayor. Otros niños también iban a ver las funciones, pero no tanto como yo, que incluso tocaba el organillo, y a lo mejor todo eso me caló un poco. Además, siempre fui algo intelectual, pero no en el sentido de culto sino deseoso de saber, entonces hacía mucha vida en Bilbao. Todos los centros regionales tenían un cuadro artístico y cuando no iba a uno iba a otro y luego a los teatros. Todas mis poquitas perras que tenía me las gastaba en ir al teatro, en ir a ver funciones. Por cierto, la agricultura, es la otra cultura, y yo tengo gran satisfacción de haberla recibido.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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