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Ginés Serrán, el artista de las esculturas gigantes del Puerto: «Que las juzgue el pueblo y no cuatro personas»

Ginés Serrán, el artista de las esculturas gigantes del Puerto: «Que las juzgue el pueblo y no cuatro personas»
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El creador ceutí se defiende de las críticas de la Academia de San Telmo al Neptuno y Venus de bronce que en pocas semanas darán acceso al recinto portuario. Es su regalo a la ciudad en homenaje a su padre, natural de Villanueva del Rosario

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Ginés Serrán, con su Neptuno a medio desembalar, preparado para su instalación en el Puerto de Málaga. Salvador Salas Arte urbano Ginés Serrán, el artista de las esculturas gigantes del Puerto: «Que las juzgue el pueblo y no cuatro personas»

El creador ceutí se defiende de las críticas de la Academia de San Telmo al Neptuno y Venus de bronce que en pocas semanas darán acceso al recinto portuario. Es su regalo a la ciudad en homenaje a su padre, natural de Villanueva del Rosario

Regina Sotorrío

Domingo, 11 de enero 2026, 00:50 | Actualizado 01:06h.

El Puerto de Málaga defiende las esculturas gigantes pero aclara que será una «exposición temporal»

La Academia de San Telmo critica las «desmesuradas esculturas» del Puerto, más propias del «universo Marvel»

Ginés Serrán lleva un año instalado en Málaga, en un ático en pleno centro de la ciudad, ultimando este proyecto, el más personal de su trayectoria. «Y en silencio», puntualiza. No es un artista que busque los focos y mantiene las distancias con la prensa, pero hoy siente que tiene que hablar. Un duro comunicado de la Academia de Bellas Artes de San Telmo cuestiona la idoneidad de su obra, su estética e incluso su currículum a pocas semanas de que su conjunto escultórico 'Las columnas del mar' se instale en la entrada al recinto portuario desde la Plaza de la Marina. Una polémica a la que él responde con un deseo: «Me gustaría que fuera el pueblo, los malagueños, los que juzgaran mi obra, y no cuatro personas».

Ginés Serrán y su hijo Francisco, con la 'Venus del Sol'. Salvador Salas

Tiene 76 años y una vida que a veces parece de película. Llegó a Nueva York con 21 años y 25 dólares, empezó a pintar con los indios Sioux, tiene un taller en la región china de Manchuria y le ha condecorado la familia Medici. En lo personal, se ha casado tres veces y tiene dos hijos, también artistas. Ginés Serrán es un tipo singular y con una conversación que da para varias horas.

«La Academia podía haberme localizado para salir de dudas sobre el proyecto y ver las fotos de Neptuno en vez de decir que esto no sirve para la ciudad»

Está sorprendido y dolido por la reacción de los académicos. «Agradecería a San Telmo que antes de decir nada, me llamara por teléfono. Podía haberme localizado a través de la Autoridad Portuaria para salir de dudas sobre el proyecto y ver las fotos de Neptuno en vez de decir que esto no sirve para la ciudad o que rompe la ciudad». Está convencido de que las obras «embellecerán» Málaga y que con el tiempo se convertirán en un «icono», uno de esos lugares en los que todo el que pasa se hace una foto.

Lo cierto es que no pasarán inadvertidas, para lo bueno y para lo malo. Al gran Neptuno de dos toneladas de peso le acompañará una enorme Venus, de más de cinco metros (sobre un pedestal de tres), con un brillante sol en su mano, en un guiño a la Costa del Sol. Tras ellos se instalarán dos leones protectores a ras de suelo, de tres metros y medio de largo por casi dos de alto. «Será lo que más disfruten los niños», dice con una sonrisa, junto a su hijo Francisco, que le acompaña y ayuda en todo el proceso artístico.

El Neptuno de Ginés Serrán. Salvador Salas

Y todo esto, insiste, no costará «ni un euro» al malagueño. Él regala la obra por una cuestión emocional. Es un homenaje a su padre Cristóbal, natural de Villanueva del Rosario e hijo de un pastor de ovejas de la sierra que emigró con su familia a Ceuta para ganarse la vida. Le encantaban las conchas, las mismas que coronan al Neptuno. En Ceuta nació Ginés Serrán Pagán hace 76 años, pero en cuanto pudo –haciendo autostop– empezó su periplo por el mundo hasta instalarse en Nueva York, donde ha residido 30 años. «Desde la distancia, yo siento esa nostalgia de España, de mis raíces, de mi sangre. Es como un árbol. Si tú no riegas las raíces, las ramas no van a crecer bien. Y yo he regado las raíces de Ceuta (donde también tiene obra) y estoy regando ahora las raíces de Málaga». Esa búsqueda de los orígenes le conectó hace años con el clasicismo y con la mitología. Le apasionan los relatos de esos dioses con instintos tan primarios que les hacen parecer humanos.

De lo que dice la Academia de San Telmo en su comunicado (que, según ha podido saber este periódico no todos los académicos comparten), lo que más le hiere es una expresión: tildan sus credenciales artísticas de «extraño currículum». «He expuesto en 23 países, tengo un inventario de 1.500 obras vendidas, con coleccionistas en 60 países. Si le preguntan a la IA quién es Ginés Serrán, te dan todo un informe. Y si en Google pones mi nombre aparecen esculturas y mis exposiciones por todo el mundo». En los últimos 25 años, asegura haber hecho 30 esculturas monumentales que están repartidas por el planeta, desde Manila a Kentucky. «Ni siquiera en el Renacimiento un artista hizo obras tan grandes». Por una de ellas han llegado a pagar 2,6 millones de dólares en Filipinas y, por si hay dudas, enseña el documento que lo acredita. Son las cifras en las que se mueve su obra: la tasación del Neptuno de Málaga roza los dos millones, y un millón es la valoración de la Venus.

Regalo a Málaga

«Yo tengo mis raíces en Málaga. Lo hago pensando en embellecer la ciudad y de corazón, porque siento que la ciudadanía puede disfrutarlas»

En una pared de su casa están colgadas la Llave de la ciudad de Miami, la medalla que le acredita como 'embajador del arte' en Roma y la que le otorgó la familia Medici. «Ellos dicen que soy el segundo Michelangelo. Me han escrito una carta con la que me autorizan a reproducir cualquier obra de Michelangelo en bronce». Este año, dice, tiene ocho proyectos, «incluyendo la Universidad de Cambridge, Nueva York, Miami, Qatar, Filipinas, China y España». «¿Por qué hablan de esa manera? Es injurioso y difamante».

Eso sí, sabe que su trayectoria no ha sido ni mucho menos convencional. No es un artista académico, su formación es de antropólogo y arqueólogo. «Me han dado ocho becas, tenía que estudiar para sacar una media de 9 y 10 en la Universidad de Nueva York». Siempre pintó, pero sus inicios profesionales en el arte están relacionados con otra de las historias fascinantes de su vida. «Empecé viviendo con los indios norteamericanos, los Sioux, que me adoptaron como hermano en el año 92 en una danza del sol. Los líderes indios venían a las Naciones Unidas a hablar y se quedaban en mi casa». Con ellos, dice, comenzó a dar forma a su lenguaje artístico. «¡Claro que es un currículum extraño!».

'La Veusl del Sol'. Salvador Salas

Con otros comentarios de la Academia, Ginés Serrán sonríe. Para San Telmo, su estética responde a un «pseudo-neoclasicismo pretencioso y grandilocuente, de inequívoco enganche kitsch, más propio del cómic de superhéroes y superheroínas surgido del universo Marvel que de una sincera recuperación del clasicismo desde la óptica contemporánea». Y responde: «Entonces, ¿la Cibeles y el Neptuno de Madrid también es Marvel? ¿Y la Plaza de España de Roma? En Nueva York tienes el Prometeo en el Rockefeller Center. O la misma Estatua de la Libertad. Son ganas de difamar».

Las suyas son esculturas de una belleza clásica y armónica, pero con un contrapunto que las aleja de lo puramente renacentista. Su Neptuno lleva una red de pesca, bañada en oro, que le cae desde una de las manos hasta los pies. Con la otra mano, sostiene el tridente. Su 'Venus del Sol' levanta una esfera dorada, como símbolo del astro rey. Un elemento «surrealista» para «romper». De entrada, estarán en Málaga un «máximo» de 25 años, según lo firmado, lo que no impide que puedan ser retiradas antes, como aclaró el Puerto de Málaga tras saltar la polémica. «Es temporal», insistió para calmar los ánimos.

Trayectoria

«Somos muy pocos escultores en el mundo los que hacemos obra monumental. He hecho 30 de este formato en los últimos 25 años»

Su clasicismo es una respuesta «a la crisis del arte». Se ha llegado a un punto en el que «cualquier cosa» es considerada una obra maestra. «Hay tanta mierda en el mundo del arte que no tengo más remedio que ir a las raíces», resalta. Lo que no impide que después pinte un cuadro abstracto y otro expresionista. «Como Picasso. Soy muy libre con mi arte».

Defiende que Neptuno y Venus tienen sentido en Málaga. «Es una ciudad pegada al mar con una herencia cultural enorme del tiempo de los fenicios, de los romanos... Aquí se escarba en la tierra y se encuentran ruinas. Es una ciudad milenaria, con un legado y una historia maravillosa, que también los turistas vienen a conocer y a aprender.

Con los leones y en su casa. Salvador Salas

Él nunca se desvinculó del todo de Málaga. Desde finales de los años 70, cuando ya vivía en Nueva York, tenía un estudio en Guadalmina, en Marbella . «Me pasaba un mes allí y cargaba las pilas», recuerda. Hace unos años lo vendió y compró dos viviendas en el pueblo de su padre, y fijó su base española en el centro de Málaga. Pero sin dejar de viajar. Cuatro o cinco veces al año se marcha al taller que fundó hace 35 años en Manchuria, al norte de China, cerca ya de Siberia, donde talla en barro subido en andamios las obras de gran formato. De ahí obtiene un molde en fibra de vidrio, que luego pasa a otro molde en tierra y arena que se introduce en el horno y al que después se le vierte el bronce. «Utilizo la misma aleación que los griegos y romanos. 85% de cobre y tres metales más: zinc, estaño y plomo. Me garantizan una durabilidad mínima de 2.000 años».

Así tendrá tiempo de lograr su objetivo. «Entre la fama y la gloria, prefiero la gloria, porque ahí es el pueblo el que juzga, el que dice 'esto nos encanta y es parte nuestra'. Eso es lo que yo persigo».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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