La guerra se ha desatado en Mercedes-Benz, con unas luchas en pista que ya han provocado ligeros roces pero, sobre todo, salidas de pista, errores, momentos tensos y bastantes quejas por la radio. Y alegrías y decepciones. En realidad, justo lo que la Fórmula 1 necesitaba.
Kimi Antonelli y George Russell, pilotos de Mercedes F1J.M. Vinuesa[email protected]Publicado: 25/05/2026 11:00
7 min. lectura
... Síguenos en GooglePero vayamos por orden. La F1 necesitaba esta tensión porque, tras 78 días desde el inicio del mundial, y en la quinta carrera del año, ha quedado ya asentada la pólvora de la novedad. Canadá, que tradicionalmente da carreras movidas, fue, exceptuando la lucha de las flechas de plata, anodina.
Y lo fue tanto en la Sprint como en el Gran Premio. Quitemos a los Mercedes de ambas. ¿Qué teníamos? Estabilidad, pocos adelantamientos y distancias -Charles Leclerc a 44 segundos, 4º, el resto todos doblados-. Porque toda reglamentación se acaba estabilizando, y esta revolución ya no lo es tanto.
Entonces, ¿para qué? ¿Qué se ha logrado hasta ahora, excepto críticas e incomprensiones? Unas normas que hacen complejo entender lo que pasa en pista, y la necesidad de parchear sobre la marcha un reglamento objetivamente mal concebido.
Porque justo tras ver la fabulosa Indy 500, se comprende mejor lo que las mentes estadounidenses al mando pretendían. La Gran Carrera americana tuvo 70 cambios de líder -nuevo récord-, y eso es lo que Liberty Media buscaba. Y lo logró al principio, pero el ‘efecto yo-yo’ se ha desvanecido, y sólo nos queda la parte mala. Una Fórmula E sin la locura impredecible de esta.
Las carreras
Pero vayamos a la pista. La Sprint hizo saltar chispas entre los Mercedes-Benz, con un George Russell especialmente duro con su compañero de equipo, el joven Kimi Antonelli, al que tuvieron que recordar que dejase de quejarse.
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Calcula tu precio onlineFue por parte de Russell una llamada al orden, una toma de posición frente a su irreverente compañero. Y en principio le salió bien, porque Kimi se desconcentró y acabó perdiendo incluso la segunda posición en favor de un avispado Lando Norris. Punto para Russell. Momento de renacer.
Pero nadie esperaba lo que iba a venir en el Gran Premio. Dejando de lado el doble esperpento de las cancelaciones de las salidas, esta vez Antonelli salió bien. Al menos respecto a Russell, que es lo que importaba. Y una vez eliminado de la ecuación un equivocado Norris, comenzó el espectáculo.
Durante aproximadamente treinta vueltas, media carrera, vimos un precioso espectáculo. Sin peros. A un precipitado, impulsivo y errático Antonelli frente a un estable George Russell, que sabía mantener el equilibrio emocional. Esperar. Porque cuando Kimi pasaba y parecía que se podía escapar, se equivocaba.
Prueba evidente de que el italiano todavía tiene mucho que madurar. Estuvo a punto de provocar un España 2016, por supuesto ayudado por el propio Russell. Uno se imagina a Toto justo diez años después en la misma situación, y, como entonces, planteándose el despido de ambos.
La lucha fue dura. Porque Russell ya no puede permitirse que este imberbe y desvergonzado talento italiano se suba a su larga y adusta figura de lord británico. Este mundial debe llevar el nombre de George William Russell. Pero le ha salido un problema, magnificado por el problema técnico -la batería- que le dejó tirado en pleno fragor de la batalla.
Lewis Hamilton celebra con sus mecánicos el segundo puesto en MontrealEl futuro en Mercedes
La desesperación de George no fue sólo la del abandono, sino la de la impotencia. ¿Cómo es posible que su compañero de equipo, al que doblegó el año pasado, esté tan intratable? Queda muchísimo mundial, pero más que los 43 puntos de ventaja, son las cuatro victorias seguidas las que escuecen.
Antonelli le ha cogido el punto dulce al W17, sabe exprimirlo, obtiene el rendimiento y los resultados. Se equivoca. Pero conforme pasan las vueltas, lo hace menos. Es un chico listo que aprende rápido. El sábado se quejaba amargamente. El domingo lo hizo menos. Simplemente fue una mosca insistente sobre Rusell hasta liquidarlo.
El problema lo tiene Toto. Bendito problema el de vislumbrar que el mundial se va a jugar entre sus dos pilotos, bienvenido sea el periodo 2014-2016. Pero cuidar a George y controlar a Kimi no va a ser tarea fácil. Esta es sólo la primera de muchas luchas en pista, y no todas acabarán así.
Hamilton se reivindica
Más allá de los coches plateados, la carrera fue estable. Sólo la salvaron Lewis Hamilton y Max Verstappen. El primero, en uno de sus circuitos fetiche, que además tradicionalmente es favorable a la Scuderia.
Ferrari y Hamilton siempre han ido bien aquí, y se vio el domingo. Volvimos a tener una bonita lucha entre el inglés y Verstappen, que hizo uno de sus adelantamientos clásicos. Pero esta vez Hamilton no se fue para atrás, y al final de la carrera le devolvió los favores.
Y aunque Max hizo su primer podio del año, ambos seguramente favorecidos por el gran descalabro estratégico de McLaren, el holandés sigue siendo duro con esta F1. Es casi ya la única voz crítica. El resto, como la alocada acción en pista, se han estabilizado en la conformidad.
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