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'Guía de lugares que ya no existen', de Espido Freire: viajes con alma

'Guía de lugares que ya no existen', de Espido Freire: viajes con alma
Artículo Completo 734 palabras
La querencia y la relación de Espido Freire (Bilbao, 1974) con los viajes es manifiesta y continua. En su amplia producción, desplegada en la narrativa —fue la ganadora más joven del Planeta con ‘Melocotones helados’ (1999)—, el ensayo, la literatura infantil y juvenil y la poesía, los libros de viajes ocupan un sitio destacado. Pero su concepción del viaje no es convencional ni nada tiene que ver con la masificación turística ni con esos periplos que prácticamente solo buscan selfis y fotos para vanagloriarse en redes sociales. Sus propuestas en el género no son guías al uso, sino que se asientan en lo personal y lo emocional, en lo íntimo y entremezclan con acierto autobiografía, ensayo, autoficción, evocación, miradas sobre autores muy queridos —por ejemplo, en ‘Tras los pasos de Jane Austen’— , reflexiones…ENSAYO 'Guía de lugares que ya no existen' Autora Espido Freire Editorial RBA Año 2025 Páginas 160 Precio 20,90 euros 4‘Guía de lugares que ya no existen’, que se ha alzado con el XX Premio Eurostars Hotels de Narrativa de Viajes, es una excelente muestra para adentrarse en todos esos elementos y comprobar la manera en la que Espido Freire concibe y practica el espíritu viajero. La también docente y colaboradora de diversos medios ha afirmado que empezó a viajar a los catorce años, descubriendo que le atraía el tránsito porque podía convertirse en cualquier persona. Precisamente en el capítulo ‘Los trenes fantasma’, donde confiesa su preferencia por este medio de transporte y rememora la noche pasada en el mítico Orient Express , revestida de varios personajes, leemos: «Me arrebujo en la cabina […]. Aquí soy muchas […] Sí, soy todas y me he inventado a todas . Y sin embargo, algo permanece. Una mirada común, una raíz invisible. En cada identidad, algo mío se repite: el anhelo, la fuga, el deseo de inventarme de nuevo».Sus propuestas en el género no son guías al uso, sino que se asientan en lo personal y lo emocional, en lo íntimoAdemás de ese sugerente trayecto en el Orient Express, visitamos con Espido Freire, entre otros territorios, el Damasco anterior a la devastadora guerra , invitada a impartir una conferencia en febrero de 2011: «Bastaron unos pocos meses para que todo lo construido a lo largo de muchos años se derrumbara, pero por entonces aún no lo sabíamos»; el Álava donde creció —su familia es de origen gallego— , y esa Vitoria con su singular «catedral tambaleante»; el Camino de Santiago , atravesado «en solitario, ya con la convicción de que buscaba algo que nunca había encontrado en los viajes mecánicos y utilitarios hacia Galicia», pronunciando cuando encontraba compañía «la palabra secreta, ‘Ultreya’»; Bath donde permanece la sombra de Jane Austen —de quien acaba de cumplirse el 250 aniversario de su nacimiento—: «Es imposible caminar por Bath sin pensar en Jane. Parece que su figura delgada doble las esquinas, se siente junto al río, o recorra los escaparates de Milsom Street, con ese gesto algo resignado que conservan quienes han aprendido a mirar el mundo con lucidez».Noticia Relacionada Espido Freire gana el Premio Eurostars Hotels de Narrativa de Viajes Juan Carlos Valero El ensayo titulado «Guía de lugares que ya no existen» recibe el galardón del grupo Hotusa, dotado con 25.000 euros, y será publicado por RBATambién los páramos de Yorkshire que «asoman entre las páginas de las hermanas Brontë », y Harrogate donde se refugió secretamente Agatha Christie y que hoy puede seguir ofreciendo «la posibilidad de desaparecer sin desaparecer del todo. De perderse un poco para después encontrarse»; Ghana , quizá el más representativo de esos «lugares que no existen sencillamente porque no los vemos, donde la miseria y la pobreza se enquistan y se devoran a sí mismas»; las tierras nórdicas con ese Oslo en el que vivió mucho tiempo Edward Munch y Henrik Ibsen escribió; y las ciudades imaginadas por Ray Bradbury en ‘Crónicas marcianas’.Los lugares cambian, se transforman, incluso se desvanecen. Pero queda el recuerdo y la literatura para evocarlos. Disfrutemos con calma de esta obra de Espido Freire donde, como en Yorkshire, «las urgencias modernas, las notificaciones constantes, los ritmos estandarizados, pierden sentido aquí».

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La querencia y la relación de Espido Freire (Bilbao, 1974) con los viajes es manifiesta y continua. En su amplia producción, desplegada en la narrativa —fue la ganadora más joven del Planeta con ‘Melocotones helados’ (1999)—, el ensayo, la literatura infantil y juvenil ... y la poesía, los libros de viajes ocupan un sitio destacado.

Pero su concepción del viaje no es convencional ni nada tiene que ver con la masificación turística ni con esos periplos que prácticamente solo buscan selfis y fotos para vanagloriarse en redes sociales. Sus propuestas en el género no son guías al uso, sino que se asientan en lo personal y lo emocional, en lo íntimo y entremezclan con acierto autobiografía, ensayo, autoficción, evocación, miradas sobre autores muy queridos —por ejemplo, en ‘Tras los pasos de Jane Austen’— , reflexiones…

‘Guía de lugares que ya no existen’, que se ha alzado con el XX Premio Eurostars Hotels de Narrativa de Viajes, es una excelente muestra para adentrarse en todos esos elementos y comprobar la manera en la que Espido Freire concibe y practica el espíritu viajero. La también docente y colaboradora de diversos medios ha afirmado que empezó a viajar a los catorce años, descubriendo que le atraía el tránsito porque podía convertirse en cualquier persona.

Precisamente en el capítulo ‘Los trenes fantasma’, donde confiesa su preferencia por este medio de transporte y rememora la noche pasada en el mítico Orient Express, revestida de varios personajes, leemos: «Me arrebujo en la cabina […]. Aquí soy muchas […] Sí, soy todas y me he inventado a todas. Y sin embargo, algo permanece. Una mirada común, una raíz invisible. En cada identidad, algo mío se repite: el anhelo, la fuga, el deseo de inventarme de nuevo».

Sus propuestas en el género no son guías al uso, sino que se asientan en lo personal y lo emocional, en lo íntimo

Además de ese sugerente trayecto en el Orient Express, visitamos con Espido Freire, entre otros territorios, el Damasco anterior a la devastadora guerra, invitada a impartir una conferencia en febrero de 2011: «Bastaron unos pocos meses para que todo lo construido a lo largo de muchos años se derrumbara, pero por entonces aún no lo sabíamos»; el Álava donde creció —su familia es de origen gallego— , y esa Vitoria con su singular «catedral tambaleante»; el Camino de Santiago, atravesado «en solitario, ya con la convicción de que buscaba algo que nunca había encontrado en los viajes mecánicos y utilitarios hacia Galicia», pronunciando cuando encontraba compañía «la palabra secreta, ‘Ultreya’»; Bath donde permanece la sombra de Jane Austen —de quien acaba de cumplirse el 250 aniversario de su nacimiento—: «Es imposible caminar por Bath sin pensar en Jane. Parece que su figura delgada doble las esquinas, se siente junto al río, o recorra los escaparates de Milsom Street, con ese gesto algo resignado que conservan quienes han aprendido a mirar el mundo con lucidez».

También los páramos de Yorkshire que «asoman entre las páginas de las hermanas Brontë», y Harrogate donde se refugió secretamente Agatha Christie y que hoy puede seguir ofreciendo «la posibilidad de desaparecer sin desaparecer del todo. De perderse un poco para después encontrarse»; Ghana, quizá el más representativo de esos «lugares que no existen sencillamente porque no los vemos, donde la miseria y la pobreza se enquistan y se devoran a sí mismas»; las tierras nórdicas con ese Oslo en el que vivió mucho tiempo Edward Munch y Henrik Ibsen escribió; y las ciudades imaginadas por Ray Bradbury en ‘Crónicas marcianas’.

Los lugares cambian, se transforman, incluso se desvanecen. Pero queda el recuerdo y la literatura para evocarlos. Disfrutemos con calma de esta obra de Espido Freire donde, como en Yorkshire, «las urgencias modernas, las notificaciones constantes, los ritmos estandarizados, pierden sentido aquí».

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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