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Guido Tonelli, cuando el abismo te devuelve la mirada

Guido Tonelli, cuando el abismo te devuelve la mirada
Artículo Completo 748 palabras
Hay algo en el concepto de vacío que nos repele y nos fascina a la vez. La contradicción ontológica que supone la mera pronunciación de la frase 'la existencia de la nada' ha producido desde siempre tal incomodidad que ya Aristóteles dejó estipulado que algo así, simplemente, no puede existir en un universo que pretenda ser creíble. Y los padres de la Iglesia asimilaron su doctrina durante siglos para descartar que tal concepto, que suponía un desafío a la omnipotencia divina porque sería admitir que existe un lugar donde el Creador de todas las cosas no puede actuar, fuese siquiera concebible.Ensayo 'La elegancia del vacío. De qué está hecho el universo' Autor Guido Tonelli Editorial Ariel Año 2026 Páginas 224 Precio 19,90 euros Valoración ****Por eso, no es de extrañar que para el físico Guido Tonelli, uno de los científicos más destacados de nuestros días y participante en el descubrimiento del bosón de Higgs, la búsqueda de métodos cada vez más sofisticados para hacer el vacío, que se fueron sucediendo desde el siglo XVI y aún siguen siguen perfeccionándose en nuestros días, fue crucial en el advenimiento de la era de la razón. Como tampoco deba sorprendernos que en el origen de esta carrera se encuentre Galileo , con un interés que acabaría provocando un terremoto no menor que el de su teoría heliocéntrica.Noticia relacionada general No No El final más aterrador del Universo es real José Manuel NievesLo apasionante de su narración es cómo deshace las fronteras entre la ciencia, la filosofía, la política, el arte e incluso el erotismo. Porque según la física fue avanzando en la aceptación no solo de la existencia del vacío, sino de su papel esencial en el sostenimiento de la armazón del universo, esa asunción de la nada acabó incitando revoluciones y corrientes del pensamiento y del arte que ya no temían asomarse al abismo. Y el descubrimiento de que lo mismos átomos que nos componen contienen, sobre todo, un inmenso espacio vacío, supuso una auténtica quiebra en cómo concebimos nuestra propia solidez existencial.Tonelli va hilvanando estas ideas hasta componer un tapiz que nos habla de belleza, de vértigoTonelli va hilvanando estas ideas hasta componer un tapiz que nos habla de belleza, de vértigo y, también de cómo, al final, todas las vías que empleamos para el conocimiento terminan siendo igualmente valiosas. Y, sobre todo, de una confesión de las que permiten identificar a un científico con respecto a un dogmático , la de que cada nuevo hallazgo desbloquea preguntas de las que aún no tenemos ni un remoto atisbo de respuesta.Hoy ya sabemos que el vacío, en realidad, es otro estado de la materia y que ocupa la mayor parte del universo conocido, en el que las galaxias se congregan formando filamentos asediados , por todos lados, por vastas extensiones oscuras de las que apenas conocemos nada. Eso sí, hay teorías que nos advierten de que se trata de un equilibrio precario en el que, en cualquier momento, el vacío puede ganar la partida. Ya sabemos que es lo que tienen los abismos: que, cuando los miras, tienen la desagradable costumbre de devolverte la mirada.

Hay algo en el concepto de vacío que nos repele y nos fascina a la vez. La contradicción ontológica que supone la mera pronunciación de la frase 'la existencia de la nada' ha producido desde siempre tal incomodidad que ya Aristóteles dejó estipulado que ... algo así, simplemente, no puede existir en un universo que pretenda ser creíble.

Y los padres de la Iglesia asimilaron su doctrina durante siglos para descartar que tal concepto, que suponía un desafío a la omnipotencia divina porque sería admitir que existe un lugar donde el Creador de todas las cosas no puede actuar, fuese siquiera concebible.

Por eso, no es de extrañar que para el físico Guido Tonelli, uno de los científicos más destacados de nuestros días y participante en el descubrimiento del bosón de Higgs, la búsqueda de métodos cada vez más sofisticados para hacer el vacío, que se fueron sucediendo desde el siglo XVI y aún siguen siguen perfeccionándose en nuestros días, fue crucial en el advenimiento de la era de la razón.

Como tampoco deba sorprendernos que en el origen de esta carrera se encuentre Galileo, con un interés que acabaría provocando un terremoto no menor que el de su teoría heliocéntrica.

El final más aterrador del Universo es real

Lo apasionante de su narración es cómo deshace las fronteras entre la ciencia, la filosofía, la política, el arte e incluso el erotismo. Porque según la física fue avanzando en la aceptación no solo de la existencia del vacío, sino de su papel esencial en el sostenimiento de la armazón del universo, esa asunción de la nada acabó incitando revoluciones y corrientes del pensamiento y del arte que ya no temían asomarse al abismo.

Y el descubrimiento de que lo mismos átomos que nos componen contienen, sobre todo, un inmenso espacio vacío, supuso una auténtica quiebra en cómo concebimos nuestra propia solidez existencial.

Tonelli va hilvanando estas ideas hasta componer un tapiz que nos habla de belleza, de vértigo

Tonelli va hilvanando estas ideas hasta componer un tapiz que nos habla de belleza, de vértigo y, también de cómo, al final, todas las vías que empleamos para el conocimiento terminan siendo igualmente valiosas. Y, sobre todo, de una confesión de las que permiten identificar a un científico con respecto a un dogmático, la de que cada nuevo hallazgo desbloquea preguntas de las que aún no tenemos ni un remoto atisbo de respuesta.

Hoy ya sabemos que el vacío, en realidad, es otro estado de la materia y que ocupa la mayor parte del universo conocido, en el que las galaxias se congregan formando filamentos asediados, por todos lados, por vastas extensiones oscuras de las que apenas conocemos nada.

Eso sí, hay teorías que nos advierten de que se trata de un equilibrio precario en el que, en cualquier momento, el vacío puede ganar la partida. Ya sabemos que es lo que tienen los abismos: que, cuando los miras, tienen la desagradable costumbre de devolverte la mirada.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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