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Herramientas de transformación emocional de Cachito Vallés

Herramientas de transformación emocional de Cachito Vallés
Artículo Completo 693 palabras
Coinciden en la capital hispalense dos exposiciones de Cachito Vallés (Sevilla, 1986), lo que permite auscultar de qué manera se desenvuelven sus propuestas tanto en un espacio institucional e histórico –el Claustro Sur y el Arco de San Miguel del monasterio cartujo– cuanto en una galería privada ubicada en el mismo local del nocturno, mítico y ya desaparecido bar Berlín. La singularidad de Vallés es que, en consonancia con el marco dado para desarrollar sus propuestas, a partir de tecnologías y softwares avanzados (new media) y con materiales técnicos, pero habituales (acero, policarbonatos, neones y focos LED, esmaltes, maderas, filamentos de impresión 3D…), consigue que éstos no sean lo que parecen o que, al fin, parezcan lo que no son, en un calambur de prestidigitador que alcanza a conmocionar nuestras capacidades perceptivas.Noticias relacionadas estandar Si No conviene olvidar Lo mejor y lo peor en el ámbito artístico Varios autores estandar No El CAAC presenta la primera exposición en España del artista Jem Perucchini Marta CarrascoDe esta experiencia, el espectador no queda afectado, muy al contrario: disfruta al comprobar cómo la luz puede ser fuente de emoción inmersiva, como concurre en la excepcional 'Redshift' (2025). No es esta su única intención, puesto que entre sus objetivos están los de hibridar factor humano y algoritmo, lógica matemática y aleatoriedad natural, la entidad de lo físico unida al valor de lo virtual, circunstancias que se concitan en 'Continue Forever' (2021).Pulso, ritmo y capacidad de transformaciónLuz, que asociamos a una serie de cualidades (color, temperatura, velocidad…), a las que Vallés incorpora pulso, ritmo y capacidad de transformación espacial. El pulso o facultad de ciertas ondas electromagnéticas para generar estelas lumínicas cifradas como fuerzas vibratorias. El ritmo, la facilidad de establecer relaciones matemáticas entre dichos pulsos, y su aparición o desaparición. La última, operando a partir de las propiedades de reflexión y propagación de la luz: paredes, suelos y techos son utilizados como caja de resonancia de esculturas lumínicas que se expanden a través de aquellos, transformando el entorno inmediato, recombinadas con otros dos factores: el sonido y la presencia (o ausencia) humana.¡Hágase la luz! Obras del conjunto 'Noche cerrada', en la galería Baldán ABCEl espectador avezado se atreve a aventurar las fuentes de las cuales podría beber, algunas adquiridas por el estudio, otras marcadas por el acervo cultural; todas acrisoladas bajo un lenguaje singular. Si, de modo habitual, se reconocen en sus obras los influjos del trabajo lumínico de Dan Flavin, del 'colour field' de Rothko y Barnett Newman, también convendría establecer, como se advierte en la serie 'Retícula' (2024), un arco que comienza con la geometría decorativa andalusí y se completa en los paisajes emocionales de Bridget Riley, la normatividad computacional de Assins y Barbadillo o el vacío como soporte de Daniel Dezeuze. Las estructuras, asépticas, traen los rígidos ecos minimalistas de Judd y Lewitt, incluso de las 'antiformas' de Robert Morris. En ocasiones, como concurre en 'Zephir C', la luz no dimana de las obras, sino que se ve afectada por ella de modo indirecto. Mediante la modulación de la superficie, la iluminación queda varada en cada ondulación, reforzando las cualidades táctiles del material.Las dos citas actuales del creador sevillano Cachito Vallés. 'El eterno presente'. CAAC. Sevilla. Avda. Américo Vespucio, s/n. Hasta el 24 de mayo. Cuatro estrellas. Cachito Vallés. 'Noche cerrada'. Galería Barrera Baldán. Sevilla. C/ Boteros, 4. Hasta el 28 de febrero. Cuatro estrellas.Y más allá, al final, se divisa una dimensión trascendente, de simbologías y rituales ancestrales. Se presentan como altar ceremonial en 'Solitude' (2025) o como hito totémico en 'Takaluna' (2025). Las tecnologías, sin el hálito humano del creador, jamás podrían alcanzar la emoción de sentirse portales espirituales. Ahí, Vallés, parece querer –y conseguir–, como dijera James Turrell, despertar también nuestra luz interior.

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Coinciden en la capital hispalense dos exposiciones de Cachito Vallés (Sevilla, 1986), lo que permite auscultar de qué manera se desenvuelven sus propuestas tanto en un espacio institucional e histórico –el Claustro Sur y el Arco de San Miguel del monasterio cartujo– cuanto ... en una galería privada ubicada en el mismo local del nocturno, mítico y ya desaparecido bar Berlín.

La singularidad de Vallés es que, en consonancia con el marco dado para desarrollar sus propuestas, a partir de tecnologías y softwares avanzados (new media) y con materiales técnicos, pero habituales (acero, policarbonatos, neones y focos LED, esmaltes, maderas, filamentos de impresión 3D…), consigue que éstos no sean lo que parecen o que, al fin, parezcan lo que no son, en un calambur de prestidigitador que alcanza a conmocionar nuestras capacidades perceptivas.

De esta experiencia, el espectador no queda afectado, muy al contrario: disfruta al comprobar cómo la luz puede ser fuente de emoción inmersiva, como concurre en la excepcional 'Redshift' (2025). No es esta su única intención, puesto que entre sus objetivos están los de hibridar factor humano y algoritmo, lógica matemática y aleatoriedad natural, la entidad de lo físico unida al valor de lo virtual, circunstancias que se concitan en 'Continue Forever' (2021).

Luz, que asociamos a una serie de cualidades (color, temperatura, velocidad…), a las que Vallés incorpora pulso, ritmo y capacidad de transformación espacial. El pulso o facultad de ciertas ondas electromagnéticas para generar estelas lumínicas cifradas como fuerzas vibratorias.

El ritmo, la facilidad de establecer relaciones matemáticas entre dichos pulsos, y su aparición o desaparición. La última, operando a partir de las propiedades de reflexión y propagación de la luz: paredes, suelos y techos son utilizados como caja de resonancia de esculturas lumínicas que se expanden a través de aquellos, transformando el entorno inmediato, recombinadas con otros dos factores: el sonido y la presencia (o ausencia) humana.

El espectador avezado se atreve a aventurar las fuentes de las cuales podría beber, algunas adquiridas por el estudio, otras marcadas por el acervo cultural; todas acrisoladas bajo un lenguaje singular. Si, de modo habitual, se reconocen en sus obras los influjos del trabajo lumínico de Dan Flavin, del 'colour field' de Rothko y Barnett Newman, también convendría establecer, como se advierte en la serie 'Retícula' (2024), un arco que comienza con la geometría decorativa andalusí y se completa en los paisajes emocionales de Bridget Riley, la normatividad computacional de Assins y Barbadillo o el vacío como soporte de Daniel Dezeuze.

Las estructuras, asépticas, traen los rígidos ecos minimalistas de Judd y Lewitt, incluso de las 'antiformas' de Robert Morris. En ocasiones, como concurre en 'Zephir C', la luz no dimana de las obras, sino que se ve afectada por ella de modo indirecto. Mediante la modulación de la superficie, la iluminación queda varada en cada ondulación, reforzando las cualidades táctiles del material.

Cachito Vallés. 'El eterno presente'. CAAC. Sevilla. Avda. Américo Vespucio, s/n. Hasta el 24 de mayo. Cuatro estrellas.

Cachito Vallés. 'Noche cerrada'. Galería Barrera Baldán. Sevilla. C/ Boteros, 4. Hasta el 28 de febrero. Cuatro estrellas.

Y más allá, al final, se divisa una dimensión trascendente, de simbologías y rituales ancestrales. Se presentan como altar ceremonial en 'Solitude' (2025) o como hito totémico en 'Takaluna' (2025). Las tecnologías, sin el hálito humano del creador, jamás podrían alcanzar la emoción de sentirse portales espirituales. Ahí, Vallés, parece querer –y conseguir–, como dijera James Turrell, despertar también nuestra luz interior.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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