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Irán centra sus represalias por la muerte de Jameneí sobre los socios de EEUU en la zona. La gran incógnita es si haber descabezado a los ayatolás puede provocar un cambio político en Teherán.
La operación conjunta de Israel y Estados Unidos durante el fin de semana para derribar el régimen de terror en Irán, que se ha saldado por ahora con la muerte de Ali Jameneí, líder supremo del país dirigido por los ayatolás, y al menos otros cuarenta dirigentes de la teocracia pone en jaque el orden geopolítico en Oriente Próximo. Durante casi cinco décadas el régimen iraní ha sido un actor decisivo en la región, promoviendo el islamismo radical y los grupos paramilitares, con el objetivo declarado de acabar con la democracia israelí. Pero desde los salvajes ataques perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023 y en cuya preparación se implicó también el grupo terrorista libanés Hezbolá, financiado directamente por Teherán, la mayoría de los países de la zona le han dado la espalda. De ahí que la respuesta de Irán haya estado más centrada en las represalias contra quienes han dado apoyo logístico a la operación organizada por Tel Aviv y Washington. Aunque buena parte de los misiles disparados contra un total de 11 países de la zona han sido interceptados, es máximo el riesgo de un conflicto prolongado y a gran escala en Oriente Próximo que tendría gravísimas repercusiones para todo el mundo.
Incertidumbre mundial
Las llamadas a la contención por parte de la ONU y de la UE, así como el rechazo de China y Rusia a la ofensiva conjunta de Israel y Estados Unidos, al que se sumó el Gobierno de Pedro Sánchez, han sido respondidas de momento con ataques adicionales por ambas partes durante el día de ayer. Los atacantes, para destruir el aparato de seguridad interna iraní, y el régimen de los ayatolás, en busca de aumentar los costes de la ofensiva tanto para ambos países como para quienes les han dado apoyo logístico. La inestabilidad y la incertidumbre son las notas características del equilibrio geopolítico sometido al arbitrio de Trump, que este despliega sin siquiera consultar a sus socios y mucho menos a los organismos internacionales que denosta. Pero como evidenció la primera reunión hace unas semanas de su Junta para la Paz, a la que se sumaron la mayoría de los países de Oriente Próximo salvo Irán y sus aliados, Washington mantiene una enorme capacidad de influencia en este área y la eliminación de la amenaza permanente que representa Teherán podría incluso incrementarla.
¿Cambio de régimen?
Sin embargo, la gran incógnita es en qué medida este descabezamiento por la fuerza del régimen de los ayatolás pero sin presencia de soldados sobre el terreno puede llevar a un cambio político en el país como está sucediendo en Venezuela también a iniciativa de Washington. Una transición que no sería hacia una democratización, que no está entre las prioridades actuales ni de Israel ni de Estados Unidos, sino para forzar la renuncia de Teherán a ejercer como antítesis de Israel en la zona. Es difícil que un vuelco de tal calado histórico se pueda producir en el corto plazo, durante los 40 días de luto por la muerte de Jameneí decretados por el triunvirato que ha tomado las riendas del país, pero a buen seguro estará en la mesa de negociación con las nuevas autoridades iraníes que, según afirmó Trump, están dispuestas a negociar para evitar un enfrentamiento de mayor escala.
Temor en los mercados
Lo cierto es que a ninguna de las dos partes les interesa una tensión prolongada que agrave las repercusiones económicas de daños colaterales del conflicto como el cierre temporal del estrecho de Ormuz, por el que transita un 20% del petróleo global y un 25% del gas natural licuado, después de que tres barcos resultasen afectados por los ataques cruzados con misiles. Menos aún a China, cuya dependencia de la energía transportada a través de este paso marítimo es crítica, ni a las economías de su órbita de influencia. Aunque los miembros de la OPEP se han comprometido a incrementar su producción en las próximas semanas, las turbulencias van a ser la tónica dominante en los mercados de materias primas mientras dure la escalada bélica.
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