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Intriga en la parrilla de F1 por el desafío del 24% de desnivel de La Monumental en Madring: "Varios pilotos me han preguntado"

Intriga en la parrilla de F1 por el desafío del 24% de desnivel de La Monumental en Madring: "Varios pilotos me han preguntado"
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Carlos Sainz es el único piloto que ha saboreado la curva de 180 grados, aunque no en un monoplaza Leer

Uno de los principales atractivos de la curva 3 del circuito Madring fue ayer el pino situado a unos metros del gigantesco mástil de 54 metros de altura -la centésima parte de la longitud del circuito-. Nada tenía que ver ese interés con el exotismo de la especie, un pino de los que tanto abundan en la península, sino más bien con la sombra que salvó el pellejo a más de uno mientras la gigantesca bandera de España, con más cuerpo que la de la plaza de Colón (palabras mayores), se izaba hasta el cielo entre los decibelios de un himno nacional tarareado a pleno pulmón por un elenco de artistas de Wah Show. Mientras las autoridades, con el embajador del trazado, Carlos Sainz, incluido, aguantaban el chaparrón solar, hubo quienes, como reza la canción, vibraron con la puesta en escena a la sombra de los pinos. Al otro lado de la valla de Ifema, por cierto, había quien desplegaba pancartas para mostrar su disconformidad con el inminente aterrizaje de la Fórmula 1 en la capital.

Salió oficialmente del cascarón Madring mientras un puñado de operarios seguían afinando su figura. Trabajaban en ese punto privilegiado que es la Subida a las Cárcavas, el más elevado de todo el circuito -697 metros-, donde se asentará la grada Carlos Sainz. Y, mientras los autobuses eléctricos de la EMT, con su lema «Cero emisiones, máxima emoción», trasladaban a los responsables institucionales a lo largo de los 5,4 kilómetros del circuito -es decir, a Ayuso, Almeida, De los Mozos o Santiago Roura, subsecretario de Educación, Formación Profesional y Deportes y cargo de mayor pedigrí del Gobierno central-, también transportaban a las decenas de periodistas que aterrizaron en la duodécima curva del circuito como quien pisa la Luna.

Porque allí, sobre ese asfalto negro que se quedó con las ganas de ser de color rojo, con su 24% de desnivel y sus 180 grados de giro desbocado, miraban todos, con los gemelos y los tobillos en tensión por la pendiente, hacia el cielo de Madrid. Como si esa curva, bautizada como La Monumental, fuera una suerte de plataforma de despegue. «Han venido un par de pilotos a preguntarme por esta curva, sobre todo cuando di la vuelta al circuito con el Mustang», recordaba ayer Sainz, que en todo momento estuvo acompañado de su padre, quien también miraba con deseo los encantos de esa curva que tanta expectación ha generado.

Carlos Sainz, junto a su padre, en la visita al circuito.JAVIER SORIANOAFP

«Me emocionó mucho la primera vez que la vi y, también, que la Fórmula 1 se animase a autorizarla; le da carácter y personalidad al circuito», admitía Sainz, que tendrá el privilegio de dormir en su casa -a 20 kilómetros de allí- durante los días que dure el Gran Premio. Y eso no es poca cosa para un piloto de F1, acostumbrado a pasar buena parte de su vida deportiva de hotel en hotel.

No le importó a Sainz tocar el trofeo, inspirado en La Monumental, que reconocerá -13 de septiembre- al primer ganador. No es supersticioso, aunque su victoria, tanto como la de Alonso, sería casi un milagro.

Se habló de Fórmula 1 una vez cortada la cinta del flamante circuito. Pero también de política. Del gesto de Junts, que pretendía pedir elecciones en el Congreso y quedó en nada. Nada eclipsó ayer a Madring.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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