Masiva explosión en Isfahán tras un ataque de EEUU.
Observatorio de la Defensa Irán, EEUU e Israel rozan las líneas rojas de los crímenes de guerra al golpear infraestructuras civiles y energéticasEl artículo 8.2.b) ii), del Tratado de Roma asegura que dirigir intencionalmente ataques contra bienes civiles —como las infraestructuras energéticas — puede constituir un crimen de guerra.
Más información: La ONU recuerda a Trump que las infraestructuras civiles y energéticas "no se pueden atacar tras sus amenazas a Irán
Yolanda Rodríguez Publicada 7 abril 2026 16:15hLas claves nuevo Generado con IA
Irán, Estados Unidos e Israel están cruzando líneas rojas en el terreno de las infraestructuras civiles y energéticas, y ninguno puede alegar una posición limpia desde la óptica del derecho internacional humanitario.
Estados Unidos e Israel acaban de volver a bombardear la isla de Jark, enclave clave en la distribución del petróleo iraní, así como varios puentes, infraestructuras ferroviarias o la planta petroquímica de Marvdasht, pieza central del programa de misiles iraní.
Mientras, Irán sigue golpeando la infraestructura energética de terceros países del Golfo, con ataques de drones contra la refinería de Mina Al-Ahmadi, en Kuwait, que han provocado incendios y la paralización parcial de la planta, además de lanzar misiles contra el centro de Israel y otras refinerías e intereses industriales de Israel y Estados Unidos en la región.
Un tiroteo frente al consulado de Israel en Estambul deja un atacante muerto y varios policías heridosY todo ello obviando que atacar infraestructuras energéticas y civiles puede ser tipificado como un crimen de guerra, tal y como establece la Corte Penal Internacional (CPI).
De acuerdo con el Estatuto de Roma de la CPI, y en concreto su artículo 8.2.b) ii), dirigir intencionalmente ataques contra bienes civiles —incluidas infraestructuras energéticas que prestan servicios esenciales a la población— puede constituir un crimen de guerra.
Las infraestructuras energéticas que prestan servicios esenciales a la población (centrales eléctricas, subestaciones, redes…) se consideran, en principio, bienes civiles —es decir, no son objetivos militares— y, por tanto, están protegidas frente a ataques directos y actos de represalia.
Algo de lo que también ha avisado Naciones Unidas, "La ONU se muestra muy clara en cuestiones relacionadas con el derecho internacional y, una vez más, insta a todas las partes a que cumplan con sus obligaciones en lo que respecta a la conducción de estas hostilidades. Recuerda que las infraestructuras civiles, incluidas las infraestructuras energéticas, no pueden ser atacadas", declaró Stéphane Dujarric, el portavoz del secretario general de la ONU.
Irán desafía el ultimátum de Trump para que reabra Ormuz con un bombardeo sobre civiles y el principal aeropuerto israelí
Un principio que muchos líderes políticos parecen ignorar, pero que conviene recordar en un momento de máxima tensión internacional, con el mundo pendiente del ultimátum lanzado por el presidente de EEUU, Donald Trump, para esta madrugada, como plazo límite para que Irán reabra el estrecho de Ormuz.
Este mismo martes, en su cuenta de Truth Social, en la que ha insistido en sus amenazas a Irán, Trump ha ido incluso más allá y ha asegurado que “una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás”, al tiempo que alertaba de los ataques que planea lanzar contra las centrales eléctricas y la infraestructura crítica del país persa.
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) conminaba este lunes a proteger las instalaciones civiles y nucleares de todo tipo de ataques, advirtiendo de que golpear infraestructuras esenciales “no debe convertirse en la nueva norma de la guerra”.
La organización calificó esa estrategia bélica como “indefendible” e incompatible con el derecho internacional humanitario, especialmente tras los recientes bombardeos contra complejos energéticos, refinerías, hospitales y centros educativos en territorio iraní.
Una imagen satelital muestra una terminal petrolera en la isla de Jark. Reuters.
En esta lógica también encajan las oleadas de misiles lanzadas por Irán contra el centro de Israel o contra una refinería en Kuwait, así como contra otros intereses industriales de Israel y Estados Unidos en la región.
Especialmente, si afectan a infraestructuras energéticas que abastecen a población civil, pueden encajar en la categoría de ataques a bienes civiles y, por tanto, acercarse al umbral de crimen de guerra si no cumplen los principios de distinción y proporcionalidad.
Trump da su quinto ultimátum a Irán: destruirá centrales eléctricas e infraestructuras civiles si no reabre OrmuzDesde la óptica del derecho internacional humanitario, muchas de estas infraestructuras (refinerías, plantas industriales, nodos logísticos) tienen un claro uso dual, civil y militar, lo que abre el debate sobre si son objetivos militares legítimos o bienes civiles protegidos, según su contribución directa a la acción militar.
Como declaró la presidenta del CICR, Mirjana Spoljaric, en referencia al creciente uso de ataques de precisión contra objetivos civiles, “la guerra sin límites es inhumana y devastadora para poblaciones enteras”.
La institución ha documentado impactos sobre sistemas de abastecimiento de agua, carreteras, puentes, universidades y viviendas, lo que amenaza con agravar la crisis humanitaria en la región.
En cuanto a los repetidos ataques contra instalaciones nucleares, Spoljaric advirtió de que “cualquier error de cálculo puede provocar consecuencias irreversibles para las generaciones futuras”.
Guerra total
Desde el punto de vista del derecho internacional humanitario, el patrón es claro: las partes están flirteando con la lógica de la “guerra total”, utilizando la vulnerabilidad de las infraestructuras energéticas y civiles como palanca coercitiva y desplazando a un segundo plano los principios de distinción, proporcionalidad y precaución.
Mientras Irán niega haber atacado objetivos civiles pese a las evidencias de golpes contra refinerías y redes energéticas, Estados Unidos e Israel bombardean puentes y centrales eléctricas en territorio iraní.
Todos exhiben una misma doble vara de medir: invocan la protección de la población cuando son sus ciudadanos quienes están bajo amenaza, pero aceptan daños masivos sobre civiles del enemigo como herramienta de presión estratégica.