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John Ratcliffe, un espía en Mar-a-Lago

John Ratcliffe, un espía en Mar-a-Lago
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El director de la CIA es uno de los cerebros de la operación contra Nicolás Maduro y uno de los aliados más fieles y conservadores de Donald Trump

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Ratcliffe es un conservador recalcitrante. EFE John Ratcliffe, un espía en Mar-a-Lago

Perfil ·

El director de la CIA es uno de los cerebros de la operación contra Nicolás Maduro y uno de los aliados más fieles y conservadores de Donald Trump

Ixone Díaz Landaluce

Sábado, 10 de enero 2026, 17:58

... década. Un topo, un agente secreto, un espía. Alguien cuya identidad probablemente nunca figurará en los libros de historia. Reclutado, por supuesto, por la agencia de inteligencia más poderosa del mundo y que, durante meses, operó en el círculo más íntimo de Maduro para conocer hasta el último detalle de sus rutinas. Así hasta saber con certeza dónde dormía cada noche, qué comía, de qué mascotas cuidaba o qué ropa se ponía por las mañanas y, sobre todo, dónde estaría en el Día D y a la Hora H.

En el cargo desde hace un año, después de que el Senado de Estados Unidos le confirmara con una votación que se saldó con 74 votos a su favor y 25 en contra, Ratcliffe (Mount Prospect, Illinois, 1965) es un hombre discreto entre figuras políticas marcadas por la habitual megalomanía trumpiana. Nada que ver, tampoco, con antecesores históricos como Allen Dulles, primer director de la agencia, George Bush padre, que también la dirigió antes de aspirar a la Casa Blanca, o figuras más recientes y mediáticas como David Petraeus o Leon Panetta. De hecho, en este último año, su figura había pasado prácticamente desapercibida en medio del ensordecedor ruido que domina Washington y aledaños. Hasta ahora.

El pequeño de seis hermanos, creció en un suburbio de Chicago y en una familia donde sus padres, los dos profesores, le inculcaron el valor del servicio público que, después de estudiar Derecho, pondría en práctica trabajando como fiscal federal en los inicios de su carrera. Su primer cargo de relevancia llegó en 2004 cuando George W. Bush le nombró jefe de Antiterrorismo y Seguridad Nacional para el Distrito del Este de Texas como parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Apoyado por el Tea Party

En su perfil oficial de la Casa de Representantes presumía de que, en aquella época, llegó a «arrestar a 300 inmigrantes ilegales en un solo día». El tipo de mano dura que ayuda a hacerse un nombre y escalar dentro de las filas del partido y que culminó en 2020 cuando logró un asiento en el Congreso norteamericano donde participó, entre otros, en los comités de Inteligencia y de Seguridad Nacional.

Apoyado por el Tea Party, durante su tiempo como congresista alimentó una reputación de conservador recalcitrante. De hecho, según la Heritage Foundation, un 'think tank' para el que también ha trabajado, el jefe de la CIA es el segundo legislador más conservador de Estados Unidos.

Ratcliffe es también la primera persona en haber dirigido la Agencia Nacional de Inteligencia, que lideró durante el primer mandato de Trump, antes de asumir la dirección de la CIA. Una experiencia que le confiere un control de los servicios de inteligencia sin precedentes. Que lo ejerza con cierta discreción no quiere decir que no lo haga con mano de hierro. O que no sea ambicioso en sus objetivos.

Ha enfatizado, por ejemplo, la necesidad de concentrar los recursos de los servicios de inteligencia en conocer íntimamente las entrañas de aquellos países que Estados Unidos no cuenta entre sus aliados. O que, directamente, figuran en la lista de enemigos más o menos declarados. Empezando por China y Rusia y siguiendo por Irán o Corea del Norte. También ha defendido la necesidad de potenciar los recursos tecnológicos de las agencias que dirige sin renunciar, eso sí, al espionaje de toda la vida, con sus agentes secretos y sus operaciones encubiertas.

Además, ha argumentado a favor de implementar la sección 702 de la Foreign Intelligence Surveillance Act, una controvertida herramienta legislativa que permite el uso de vigilancia electrónica en operaciones de inteligencia y contraterrorismo. Y ha prometido que la CIA será una agencia apolítica. Un compromiso que, sin embargo, cuesta más trabajo tomar al pie de la letra teniendo en cuenta la estrechísima relación que le vincula a Trump.

Discreto y efectivo

En 2020, el líder republicano le escogió para formar parte del equipo de congresistas que cerraron filas a su alrededor durante su primer proceso de 'impeachment'. No ha sido su única muestra de lealtad. En su primer mandato al frente de la Agencia Nacional de Inteligencia, se le acusó repetidamente de utilizar su posición para congraciarse con el presidente, particularmente con la información relativa al conocido como 'dossier Steele', un conjunto de informes sobre los vínculos de Trump con Rusia que Ratciffe cuestionó públicamente y mandó investigar, pero también con la desclasificación de documentos no verificados apenas un mes antes de las elecciones de 2020.

Entre las dos últimas administraciones republicanas y mientras Biden ocupó el Despacho Oval, Ratcliffe trabajó en organizaciones como la Heritage Foundation, donde recibió el encargo de exigir responsabilidades a China por el origen de la pandemia, y colaboró con el Proyecto 2025, la hoja de ruta ultraconservadora sobre la que se cimentó la candidatura republicana que devolvió a Trump a la Casa Blanca.

Cuando no está de servicio, Ratcliffe lleva la misma vida de perfil bajo que él mismo le exigiría a sus mejores efectivos. De hecho, poco o nada se sabe de su vida fuera de Langley, el cuartel general de la CIA en Virginia. Más allá de que se casó con una compañera de facultad, que tiene dos hijas y que es un católico practicante con fuertes raíces en la comunidad local de Heath, Texas, el mismo pueblo del que fue alcalde durante casi una década. La tapadera perfecta para un espía tan discreto como efectivo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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