A muchos lectores el nombre de Josephine Tey no les dirá nada. Pero probablemente sentirán curiosidad por esta escritora inglesa al saber que 'La hija del tiempo', una obra suya hoy olvidada, fue colocada por la Asociación de Novela Negra del Reino Unido ... en el número uno de las cien mejores de todos los tiempos. Por delante de los trabajos de Hammett, Chandler, Simenon, Agatha Christie y otros grandes del género.
Josephine Tey era el pseudónimo de Elizabeth Mackintosh, que vino al mundo en Inverness (Escocia) en 1895. Era la mayor de las tres hijas de un comerciante de frutas. Fue profesora de educación física hasta que en 1926 comenzó su carrera como escritora. Publicó cinco novelas de misterio, protagonizadas por el inspector Alan Grant, en el periodo comprendido entre 1921 y 1952, la fecha de su muerte. También fue autora de dos obras de teatro de moderado éxito.
Grant es un policía con un agudo sentido de la observación, dotado de una gran intuición. Es un hombre soltero, culto y muy aficionado a la literatura. Goza del aprecio de sus colegas a pesar de su toque de extravagancia. En 1988, la BBC realizó una serie sobre 'La hija del tiempo' en la que el actor Derek Jacobi encarnaba al inspector.
Opinión Johan Theorin, en la isla de sus fantasmas
Si algo caracteriza la obra de Josephine Tey es la rigurosa documentación de sus novelas y la original construcción de sus personajes, que se aleja de los tópicos de la época, con una mirada crítica sobre los usos y costumbres de la sociedad británica. Y todo ello con un profundo sentido de la ironía que refleja su filosofía de la vida.
'La hija del tiempo' fue publicada en 1951, un año antes de su muerte. La narración comienza durante la convalecencia en el hospital del inspector Grant, que ha sufrido una caída al perseguir a un delincuente. Soberanamente aburrido, lo único que le entretiene son las visitas de Marta Hallard, una actriz con la que mantiene una ambigua relación.
En 'La hija del tiempo', el inspector Grant inicia una investigación para descubrir si Ricardo III realmente mató a sus sobrinos
Marta le lleva libros, pero ninguno suscita su interés. Todo cambia cuando ve el retrato de Ricardo III, que, a sus ojos de fisonomista, no cuadra con su siniestra reputación, acrecentada por un drama de Shakespeare. El monarca de la casa York pasó a la historia como el hombre que ordenó a un esbirro el asesinato de sus dos sobrinos, los hijos de Eduardo IV, su hermano mayor, para heredar el trono de Inglaterra. Ello le valió la reputación de monstruo que ha sobrevivido al paso del tiempo.
Ayudado por Brent Carradine, un joven historiador del Museo Británico, inicia una investigación para descubrir quién era Ricardo III y si realmente mató a sus sobrinos y eliminó todos los obstáculos que se interponían en el camino a su ambición. Ambos revisan libros, documentos y testimonios de la época para llegar a la conclusión de que el monarca fue víctima de una campaña de propaganda política.
Como se sabe, Ricardo murió en la batalla de Bosworth en 1485 cuando se enfrentó a Enrique Tudor, pretendiente a la corona británica. Las crónicas cuentan que luchó con bravura y dignidad, pero perdió la vida y su reino al caer en la contienda. Ello puso final a la llamada Guerra de las Dos Rosas entre las casas de York y Lancaster.
La tesis de Tey es que Enrique VII, su sucesor, llevó a cabo una campaña de intoxicación para presentar a su rival como un personaje sin escrúpulos
La tesis de Tey es que Enrique VII, su sucesor, llevó a cabo una campaña de intoxicación para presentar a su rival como un personaje sin escrúpulos. Ni ordenó el asesinato de los príncipes en la Torre de Londres, ni contribuyó a la muerte de su hermano ni fue especialmente cruel con Ana Neville, su consorte. Por el contrario, Ricardo III tuvo que sofocar varias rebeliones que amenazaban su trono y finalmente su traicionado por Stanley, su gran aliado. Curiosamente, fue enterrado en paradero desconocido hasta que su cadáver apareció en un aparcamiento de Londres en 2012.
Este es el trasfondo del apasionante relato de Tey, que plantea el problema de hasta qué punto es fiable la historia que leemos en los libros, generalmente construida a partir de la versión de los vencedores. La escritora inglesa nos invita a cuestionar los estereotipos establecidos y a reflexionar sobre la diferencia entre los hechos y la propaganda, un tema de indudable actualidad en nuestros días.
La novela de Tey fue reeditada en castellano en 2024 por Alma Clásicos. Ya había sido traducida y publicada por RBA en 2012, lo que contribuyó al descubrimiento de la autora de una obra tan original como apasionante.
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