Sábado, 18 de abril de 2026 Sáb 18/04/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Economía

La artesanía en extinción de los mantones de Manila de Cindy Crawford o la Casa Real

La artesanía en extinción de los mantones de Manila de Cindy Crawford o la Casa Real
Artículo Completo 1,226 palabras
La Casa Real española y británica o Cindy Crawford tienen mantones de Manila de Ángeles Espinar, la madre de María José Sánchez Espinar, diseñadora de este taller sevillano que confecciona a mano joyas del patrimonio artesanal español. Al menos hasta que haya bordadoras... Leer
ENTREVISTALa artesanía en extinción de los mantones de Manila de Cindy Crawford o la Casa RealActualizado 18 ABR. 2026 - 00:39Desde los 16 años, María José Sánchez Espinar trabaja con su madre diseñando mantones de Manila de seda. Cuadrados, de 1,40 metros, están bordados a mano con dibujos originales propios.Antonio Díaz

La Casa Real española y británica o Cindy Crawford tienen mantones de Manila de Ángeles Espinar, la madre de María José Sánchez Espinar, diseñadora de este taller sevillano que confecciona a mano joyas del patrimonio artesanal español. Al menos hasta que haya bordadoras...

Exóticos, lujosos y llamativos. Como joya del comercio colonial, los mantones de Manila llegaron a España ¡desde China! entre los siglos XVII y XVIII. "Se les llamaba así porque llegaban en el Galeón de Manila, pero venían sobre todo en Cantón", apunta María José Sánchez Espinar (Sevilla, 1966), propietaria y directora creativa de Ángeles Espinar, uno de los pocos negocios que aún borda a mano esta prenda de seda, flecos y dibujos artísticos, símbolo patrio de elegancia femenina, sobre todo desde el XIX.

Gustaba tanto que, para abaratar el precio del viaje, se empezó a confeccionar en España. "Sobre todo en Villamanrique de la Condesa (Sevilla), cuna del mantón de Manila. Aquí está el Palacio Orleans, muy vinculado a la Casa Real, por lo que había mucha tradición de bordar ajuares para las casas nobles. Además, las monjas del Convento de las Hermanas de la Cruz enseñaban la técnica a las niñas. A principios de los años 30 mi abuela, Inés Díaz, con su prima Eloísa Márquez, ya tenían un taller en el pueblo", detalla la diseñadora, tercera generación dedicada a este arte, al frente del proyecto que inició su madre en 1978. "Le daba pena ver cómo se iba perdiendo el colorido original, la puntada y el buen hacer de las artesanas. Ella se dedicaba a bordar tapices para la artista Pilar Mencos y lo dejó para evitar que muriera la tradición", recuerda su heredera.

Su labor en la conservación y difusión del patrimonio artesanal le valió la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes 2007;la única bordadora con este reconocimiento. Las rosas grandes, los combinados con pájaros y motivos chinescos y costumbristas son los diseños de madre e hija más apreciados. Sus mantones están en los roperos de la Casa Real española y británica. "A la reina Camila se lo regaló Porcelanosa y se lo llevó Isabel Preysler", confiesa la empresaria. También tienen diseños suyos la Casa de Alba, Cindy Crawford, Carolina Herrera y las mejores bailaoras flamencas. De Sara Baras a Eva Yerbabuena.

Primer taller en subir a la pasarela esta prenda -"en Simof [Semana Internacional de la Moda Flamenca], hace lo menos 30 años", apunta Sánchez-, en 2023 hasta Dior desfiló con sus bordados, durante la presentación en Sevilla de su colección Cruise 2023. "Fue un privilegio que Maria Grazia [directora creativa de la firma] viniera a buscarnos al pueblo. Les bordamos todas las salidas de teatro o toquillas", señala.

Son diseños de alta costura, ¿de un oficio pasado de moda?Desde luego. Solo tengo seis bordadoras de más de 50 años, cuando en los años 80 y 90, con mi madre al frente, eran más de 100, de todos los pueblos del Aljarafe. Imagínate el volumen de pedidos que teníamos antes y el actual. Ahora solamente trabajamos por encargo porque no hay gente. Está muriendo esta artesanía, no hay relevo generacional; la juventud no quiere aprender. Es un oficio creativo que requiere mucha paciencia y tranquilidad y los jóvenes exigen todo ya, rápido. Esto necesita su tiempo, que un mantón se puede tardar en bordar siete meses. Al año, solo hacemos unos cinco o seis [se venden por unos 5.000 o 6.000 euros].Le ve, entonces, fecha de caducidad al negocio?Sí, totalmente. Mi firma se acabará cuando las bordadoras se jubilen. Es una pena. No le veo futuro por falta de mano de obra, a no ser que cambie mucho... Sí que hay algunos talleres que están enseñando a bordar, pero para una confección personal, para sus hijas o nietas, no de manera profesional. Llevo muchos años demandando a los organismos públicos que apuesten por esto y hagan una escuela de oficios seria, que vamos a perder patrimonio.¿Es un pecado patrio muy extendido el de no creérnoslo?Absolutamente. Como lo tenemos aquí, no lo valoramos en exceso. Yun mantón de Manila es una tradición muy bonita de la que beben muchísimas firmas internacionales para sus colecciones y también un símbolo muy nuestro. Hemos estado en muchísimos sitios representando la moda española con nuestros diseños, desde Milán a París, Nueva York o Tokio, consiguiendo también que el bordado se extrapole a un bolso, por ejemplo. Lo último que hemos hecho son unos zapatos para Cristóbal Balenciaga. Shoes from Spain Tribune, una exposición muy bonita sobre el modisto en Milán. Y no es una prenda pasada de moda, que una chica joven puede usar un pantalón vaquero y ponerse también un mantón.En una casa donde todo se ha ido hilvanando de madre a hija, ¿la suya prefiere soltar el hilo?Mi hija Maravillas es psicóloga y ya está trabajando. Pero juntas tenemos Espinar Antique. Con esta firma, recuperamos mantones antiguos y buenos los restauramos, los limpiamos y le damos una segunda vida sacándolos a la venta [desde 500 a unos 3.000 euros las joyas de época]. La gente demandaba más y es imposible producirlos de manera artesanal. Me propusieron añadir modelos de máquina, mucho más económicos, pero me negué.¿La jefa original sigue opinando?Siempre. Tiene 88 y la cabeza perfecta. Yo trabajo todo el tiempo para ella. Le gusta supervisar todo, ver los mantones que vienen, hablar con las bordadoras, es crítica si algo no está bien hecho...Más allá del taller, ¿qué puntadas invisibles le dejó su madre?Me enseñó a teñir, a trazar los dibujos, que desde chica ya sacaba mis propios diseños. También a ser constante, a no rendirme, a trabajar mucho siempre.¿Duerme bien sabiendo que no muy tarde rematará esta historia?Sí, ya lo tengo más que asumido. En un mes cumplo 60 años... si tuviera la mitad sería distinto. Aun así voy a intentar seguir confeccionando mantones todo lo que pueda. Luego seguiré con mi hija y los modelos antiguos que restauramos.De Sevilla a Jerez y Córdoba, la primavera de ferias que llena los hotelesLa arquitectura de autor como valor refugio del mercado lujoDe Nínive a Madrid: la exposición que rescata al gran rey guerrero olvidado de Asiria Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
Compartir