- IÑAKI GARAY
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El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero no tiene ningún cargo orgánico en el PSOE, pero es evidente que es el líder espiritual de la formación que hoy comanda Sánchez.
El muro sobre el que el actual presidente ha edificado la división cainita que sufre la política española se ha erigido sobre los pilares del enfrentamiento que inauguró en su día Zapatero en memoria de su abuelo y con la memoria histórica por bandera. El sanchismo y el zapaterismo tienen las mismas señas de identidad y comparten los mismos códigos populistas. Los mismos que niegan al PSOE histórico de Felipe González y la propia Transición. Por eso ayer la noticia sentó como la caída de una bomba de racimo sobre Ferraz. Esto es lo que explica que toda la guardia pretoriana de Sánchez y los medios que le dan soporte se emplearan a fondo para presentar como un contubernio judeomasónico la imputación de Zapatero por los delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental. La respuesta fue tan vehemente que casi resultaba incriminatoria. Solo un perdedor de manual carga con esa agresividad contra el sistema.
El mismo sistema que les sirve cuando es Gürtel o la Kitchen no les vale cuando quien está bajo la lupa es el fiscal general, Begoña o, ahora, Zapatero. Sus defensores no desmienten los hechos probados en torno a ese rescate de una aerolínea venezolana y casi fantasma llamada Plus Ultra al que nadie ha sido capaz de dar una explicación. Se limitan a culpar al empedrado. Dicen al unísono que ha sido imputado por la denuncia de una organización de ultraderecha y con pruebas sacadas de recortes de periódicos. Y en su exceso acababan por decir que todo es fruto del lawfare. Simplemente todo esto es un bulo. Eso conduce a pensar que pronto el juez de la Audiencia Nacional, José Luis Calama -al que en medios jurídicos consideran un profesional sólido y serio-, que ha tomado la decisión de investigar, tendrá primos, sobrinos, hermanos y ropa interior.
Nadie imputa a un expresidente del Gobierno por una servilleta de papel. Los que usan todos estos argumentos ocultan que después de la denuncia de Manos Limpias ha habido numerosas diligencias e investigaciones de la UDEF, seguidas de cerca también por la Fiscalía Anticorrupción. Y que la relación de Zapatero y sus hijas con el régimen chavista no es casual. Dicen los que conocen a Zapatero que, hasta bastante tiempo después de dejar la presidencia del Gobierno, no se le conocía un patrimonio reseñable. Nadie le puede reprochar a Zapatero que haya querido capitalizar su experiencia, pero es más discutible que lo haya podido hacer trabajando como lobbista de una dictadura como la venezolana, haciéndose pasar por un libertador de presos políticos de esa misma dictadura. La pregunta que desde el primer día todo el mundo se hace es ¿tenía sentido el rescate de Plus Ultra? La respuesta es no. ¿Por qué se hizo entonces? Ahí es donde la relación de Zapatero con el dueño de la aerolínea levanta todas las sospechas. Un indicio muy sólido para imputarle. A partir de ahí, también habría que señalar a quien desde la Administración autorizó ese rescate. La Sepi de la defenestrada María Jesús Montero es también sospechosa.
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