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La emoción está ahí, pero no tiene palabras: qué es la alexitimia y por qué tanta gente vive desconectada de lo que siente

La emoción está ahí, pero no tiene palabras: qué es la alexitimia y por qué tanta gente vive desconectada de lo que siente
Artículo Completo 3,290 palabras
Imagina que tu cuerpo es un motor que ruge y vibra, pero en el salpicadero no se enciende ni una sola luz que te aclare qué demonios está pasando. Sientes ese peso en el pecho y un nudo en la garganta que muerde, pero cuando alguien te pregunta qué te ocurre, solo te sale un encogimiento de hombros o un vacío "estoy bien". No es desinterés ni falta de implicación emocional; es que, simplemente, no encuentras las palabras. Ese estruendo interno es real, pero no tiene traducción. El cuerpo grita, pero el lenguaje emocional no llega. A este abismo entre lo que se siente y lo que se dice, la psicología lo llama alexitimia. Lejos de ser una rareza clínica, las cifras dicen que hasta un 17 % de nosotros vive con esta desconexión, según la Escala de Toronto. Para ellos, el mundo no se divide en sentimientos, sino en sensaciones físicas mudas que son un rompecabezas imposible de compartir. Índice de Contenidos (15) Qué es la alexitimia (y qué no es) ¿Es más frecuente en hombres?  Cómo son las personas con alexitimia: síntomas  Causas de alexitimia  Alexitimia primaria: cuando el procesamiento emocional nace alterado Alexitimia secundaria: el silencio aprendido como estrategia de supervivencia No confundir la alexitimia con el autismo Diferencia con anhedonia  Cómo afecta la alexitimia a las relaciones con otras personas  Alexitimia y depresión Alexitimia y las relaciones de pareja Alexitimia, silencio y evitación del conflicto Cómo saber si tienes alexitimia Cómo se trata la alexitimia Entender más allá Qué es la alexitimia (y qué no es) La alexitimia se define como la dificultad para identificar, nombrar y expresar las emociones propias y, en menor medida, para reconocer las ajenas. El término procede del griego —a (sin), lexis (palabra) y thymos (emoción)— y significa literalmente “ausencia de palabras para las emociones”. Desde la psicología clínica no se considera un trastorno mental independiente. No aparece como diagnóstico en los manuales psiquiátricos, sino que se conceptualiza como un rasgo de personalidad o como un síntoma transversal que puede aparecer asociado a otras condiciones. Tal y como explica Alejandra de Pedro González, psicóloga general sanitaria especializada en gestión emocional: "La alexitimia no es una enfermedad en sí misma, sino una forma particular —y problemática— de relacionarse con el mundo emocional. Puede funcionar como rasgo estable o aparecer como respuesta a determinadas experiencias vitales”. Esta distinción es fundamental. La alexitimia no implica ausencia de emociones. Las personas alexitímicas sienten, y a veces lo hacen con mucha intensidad. Lo que ocurre es que no saben reconocer qué emoción están experimentando ni traducirla a palabras, algo que muchos profesionales describen como una forma de "analfabetismo emocional". El psicólogo Sandro Espinosa, especializado en terapia focalizada en la emoción y trabajo con trauma, utiliza otra metáfora: "Es como perder la brújula interna. Las emociones nos orientan, nos dicen qué necesitamos frente a lo que ocurre. Cuando esa brújula falla, la persona intenta compensarlo desde la lógica, el control o la hiperexplicación racional". Ambos especialistas coinciden en subrayar qué no es la alexitimia: no es frialdad emocional, no es falta de empatía, no es introversión, no es desinterés afectivo, no es una decisión consciente de "no hablar de lo que se siente" y no es no sentir nada. En palabras de Espinosa: "La mayoría de personas alexitímicas no están desconectadas por elección, sino por aprendizaje. En algún momento, sentir fue demasiado costoso". ¿Es más frecuente en hombres?  Los datos clínicos recogidos por la Universidad de Navarra y la investigación de Alonso-Fernández confirman que la alexitimia aparece predominantemente en hombres. ¿Pero es un síntoma biológico o cultural? La respuesta está en la educación emocional que juega un papel central. “A las niñas se les incentiva a nombrar y compartir emociones; a los niños, tradicionalmente, se les enseña a actuar y a contener”, explica de Pedro. Mientras que, Espinosa habla de una “armadura emocional” que se construye desde la infancia. Por su parte, en las mujeres existe el fenómeno del masking o camuflaje. Muchas aprenden un vocabulario emocional por imitación social, aunque la conexión real con su experiencia interna sea débil. Esto hace que la alexitimia femenina pase más desapercibida y se detecte menos, no porque sea menos frecuente, sino porque se expresa de otro modo. Cómo son las personas con alexitimia: síntomas  Aunque no existe un único perfil, las personas con alexitimia suelen compartir una serie de características frecuentes: Dificultad para identificar emociones propias.Problemas para describir cómo se sienten.Lenguaje centrado en pensamientos y hechos, no en emociones.Pensamiento muy racional y concreto.Escasa fantasía e imaginación.Tendencia a somatizar el malestar (dolores, tensión, molestias físicas).Dificultad para reconocer emociones ajenas en contextos de conflicto.Bloqueo o quedarse "en blanco" ante preguntas emocionales.Frustración cuando se les pide que expliquen cómo se sienten.Relaciones interpersonales marcadas por malentendidos emocionales. En consulta, señala Alejandra de Pedro, es habitual escuchar frases como: "No sé cómo me siento", "sé que algo me pasa, pero no sé el qué". Causas de alexitimia  Aunque desde fuera la alexitimia puede manifestarse de forma similar —dificultad para hablar de emociones, confusión interna, tendencia a lo racional—, no todas las alexitimias se originan igual. Desde la psicología clínica se distingue entre alexitimia primaria y alexitimia secundaria, una diferencia clave para comprender tanto su origen como su abordaje terapéutico. Alexitimia primaria: cuando el procesamiento emocional nace alterado La alexitimia primaria tiene una base principalmente neurobiológica y suele estar presente desde etapas muy tempranas de la vida. Diversas investigaciones han apuntado a alteraciones en los circuitos cerebrales que integran emoción y lenguaje. Entre las hipótesis más respaldadas se encuentran: una comunicación deficiente entre el hemisferio derecho, más implicado en el procesamiento emocional y sensorial. Mientras que el hemisferio izquierdo es el responsable de simbolizar y poner palabras a la experiencia. También se ha observado una menor activación de la ínsula, una estructura cerebral clave para traducir las sensaciones corporales en experiencias emocionales conscientes. Cuando esta integración falla, la emoción se siente en el cuerpo, pero no alcanza el nivel de significado. Alejandra de Pedro señala que en estos casos: "La persona puede haber tenido siempre dificultades para identificar lo que siente, incluso en contextos emocionalmente seguros. No es algo que aparezca tras una experiencia concreta". En este tipo de alexitimia, el trabajo terapéutico se orienta más hacia aprender estrategias compensatorias, ya que se trata de un rasgo más estable. Alexitimia secundaria: el silencio aprendido como estrategia de supervivencia La alexitimia secundaria, en cambio, no nace con la persona, sino que se desarrolla como respuesta al entorno. Es la forma más habitual en consulta. Sandro Espinosa lo explica desde su experiencia clínica con personas que han vivido trauma, apego inseguro o invalidación emocional temprana: "Cuando expresar emociones no fue seguro, no fue escuchado o incluso fue castigado, el sistema aprende que sentir es peligroso. La desconexión emocional no es un fallo: es una adaptación".  En estos casos, la alexitimia funciona como una estrategia de autoprotección. La persona no pierde las emociones, pero aprende a no acceder a ellas de forma consciente. Con el tiempo, esta desconexión puede cronificarse y dar lugar a ansiedad, somatización o dificultades relacionales. La buena noticia es que, a diferencia de la primaria, la alexitimia secundaria suele ser altamente tratable en terapia, especialmente cuando se aborda el trauma subyacente y se reconstruye la capacidad de conexión corporal y emocional. No confundir la alexitimia con el autismo Dado que ambas pueden implicar dificultades en la expresión emocional, es habitual confundir la alexitimia con los trastornos del espectro autista. Sin embargo, no son lo mismo, aunque puedan coexistir. Alejandra de Pedro lo aclara: "En el autismo hablamos de un patrón neurodivergente global que afecta a la comunicación, la interacción social y la flexibilidad cognitiva desde etapas tempranas. La alexitimia se centra específicamente en el procesamiento emocional y puede aparecer sin otros rasgos autistas". La investigación respalda esta distinción. Estudios recientes, como el publicado en Autism Research, muestran que la alexitimia es más frecuente en personas autistas, pero no forma parte inherente del espectro. Muchas personas autistas no son alexitímicas y muchas personas alexitímicas no son autistas. La diferencia es clave para evitar diagnósticos erróneos y ofrecer el acompañamiento adecuado. Diferencia con anhedonia  Una de las simplificaciones más habituales en la divulgación psicológica consiste en confundir la alexitimia con la anhedonia, como si ambas remitieron a un mismo empobrecimiento de la experiencia emocional. No obstante, se trata de alteraciones distintas. La anhedonia alude a una reducción o pérdida del disfrute, un fenómeno estrechamente vinculado a los trastornos del estado de ánimo. La alexitimia, en cambio, no implica necesariamente una merma en la vivencia afectiva, sino una dificultad para tomar conciencia de ella, interpretarla y traducirla en categorías emocionales comprensibles. Esta diferenciación ha sido reforzada por investigaciones recientes. El estudio Conceptualizing Alexithymia, publicado en Personality and Individual Differences, concluye que el núcleo del rasgo no es la ausencia de fantasía o emoción, como se pensó durante décadas, sino el déficit en los procesos de atención y evaluación emocional. Según explica Sandro Espinosa, ambas condiciones pueden coexistir, especialmente en depresiones crónicas o distimias, pero tienen orígenes, mecanismos y abordajes distintos. En Xataka Callarse para evitar conflictos no es un signo de madurez: es un atajo sutil para autodestruirte según la psicología Cómo afecta la alexitimia a las relaciones con otras personas  Alexitimia y depresión La relación entre alexitimia y depresión es estrecha, pero a menudo mal entendida. La alexitimia no impide sentir tristeza, impide saber que se está triste. Muchas personas, como señala de Pedro, no viven la depresión como llanto o abatimiento, sino como insomnio persistente, cansancio crónico, ansiedad sin causa clara y una sensación de vacío o desconexión. Cuando el estado emocional no puede identificarse ni nombrarse, el duelo no se elabora y el malestar tiende a cronificarse. Esto dificulta la búsqueda de ayuda y retrasa el acceso al tratamiento, porque la persona no reconoce —ni puede explicar— qué le ocurre exactamente. De hecho, el estudio de Tsubaki & Shimizu, publicado en Behavioral Sciences, confirma que la alexitimia está estrechamente correlacionada con la depresión y la ansiedad severa, especialmente cuando las dificultades para identificar y describir emociones son marcadas. No se trata de sentir menos, sino de carecer de los recursos internos para interpretar lo que se siente y regular de forma adaptativa. En este sentido, la alexitimia actúa como un factor de riesgo silencioso: la emoción se experimenta, pero no se transforma en significado, lo que favorece estados depresivos persistentes, vagos y difíciles de tratar si no se detecta el problema de base. Alexitimia y las relaciones de pareja En las relaciones de pareja, la alexitimia suele generar un malestar profundo que a menudo se interpreta de forma errónea. No se trata necesariamente de falta de amor, sino de una incapacidad para traducir la experiencia emocional en un lenguaje compartido. Desde la clínica, el psiquiatra Francisco Alonso-Fernández describe la alexitimia como un rasgo que deteriora el ajuste diádico de la pareja al afectar a la expresión emocional, la comprensión del mundo afectivo del otro y la regulación de los conflictos, incluso en relaciones estables. Este patrón no es solo teórico. Estudios basados en Ecological Momentary Assessment muestran que las personas con menor claridad sobre la fuente de sus emociones utilizan descripciones más vagas, se regulan peor y tienen más dificultades para comunicar lo que les ocurre. En la vida en pareja, esto se traduce en escenas habituales: la persona sabe que “algo va mal”, pero no puede explicar qué, por qué ni qué necesita. La demanda de una explicación emocional resulta entonces desorganizadora, no por desinterés afectivo, sino por falta de acceso consciente a la emoción. Desde fuera, este silencio suele interpretarse como frialdad o evasión. Sin embargo, los datos apuntan a lo contrario: cuando las personas no saben identificar lo que sienten, comunican peor y tienden al retraimiento, incluso en vínculos significativos. Por ello, el abordaje clínico no consiste en exigir expresividad inmediata, sino en ayudar a construir gradualmente conciencia emocional y un vocabulario básico que permita sostener la intimidad sin saturación ni retirada. Alexitimia, silencio y evitación del conflicto Uno de los rasgos más incomprendidos de la alexitimia es el silencio. Durante un conflicto, callar suele interpretarse como frialdad, pasividad agresiva o castigo emocional. Sin embargo, en la alexitimia el silencio rara vez es una estrategia consciente. Es una reacción automática ante una sobrecarga interna. Cuando surge una situación conflictiva, la persona alexitímica experimenta una activación emocional intensa —tensión corporal, malestar, ansiedad—, pero carece de las herramientas necesarias para identificar qué emoción está en juego y cómo expresarla. No sabe si lo que siente es rabia, miedo o tristeza; solo percibe incomodidad. En ese punto, como detallan ambos psicólogos, hablar se vive como peligroso: genera ansiedad, temor a decir algo incorrecto o a exponerse emocionalmente sin entender qué ocurre por dentro. El resultado no es regulación emocional, sino retirada. La persona evita el conflicto no porque no le importe, sino porque no sabe desde dónde afrontarlo. Este silencio no es la “ley del hielo” ni una táctica de control relacional: busca reducir una activación emocional que resulta incomprensible y, por tanto, amenazante. En relaciones cercanas, esta dinámica suele generar un círculo vicioso. El silencio se interpreta como rechazo, aumenta la demanda emocional y, con ella, el bloqueo. Desde la clínica se insiste en que no se trata de inmadurez emocional, sino de una falta de acceso al lenguaje interno de la emoción. Como resume Sandro Espinosa: "La persona no calla porque no quiera hablar; calla porque no sabe qué decir sin hacerse daño". Cómo saber si tienes alexitimia La alexitimia no debe autodiagnosticarse, pero existen instrumentos validados que permiten detectar la presencia de rasgos alexitímicos y orientar una evaluación profesional adecuada. El más utilizado en investigación y práctica clínica es la Escala de Alexitimia de Toronto (TAS-20), un cuestionario compuesto por veinte ítems que explora distintas dimensiones del procesamiento emocional. Esta escala evalúa, por un lado, la dificultad para identificar sentimientos, es decir, la confusión frecuente entre emociones distintas o entre la emoción y la sensación corporal que la acompaña. También mide la dificultad para describir sentimientos, que se manifiesta como una incapacidad persistente para poner en palabras la experiencia emocional. Por último, analiza el pensamiento orientado hacia lo externo, una tendencia a centrarse en hechos, acciones y detalles concretos del entorno en detrimento de las vivencias internas. Las puntuaciones elevadas en este tipo de cuestionarios pueden sugerir la presencia de rasgos alexitímicos, pero en ningún caso constituyen un diagnóstico clínico por sí mismas. Los propios autores de la escala insisten en que su interpretación debe realizarse siempre en el contexto de una entrevista clínica, donde el profesional pueda valorar el significado real de esas respuestas. En la práctica terapéutica, la evaluación de la alexitimia va mucho más allá de un test. Incluye el análisis del lenguaje emocional que utiliza la persona, la revisión de su historia vital y relacional, la observación de su forma de narrar lo que le ocurre y la presencia de síntomas asociados como somatización, ansiedad o depresión. Además, como advierte Espinosa sobre riesgos de apoyarse exclusivamente en cuestionarios disponibles en internet: "Los test online pueden dar una pista, pero también confundir. Muchas personas se reconocen en las preguntas sin que exista una alexitimia clínica real". Cómo se trata la alexitimia El abordaje terapéutico de la alexitimia ha evolucionado de forma notable en los últimos años. Especialmente en los casos de alexitimia secundaria, el pronóstico suele ser favorable cuando existe motivación y un acompañamiento adecuado. Alejandra de Pedro subraya la importancia de la psicoeducación emocional, un trabajo que empieza desde lo más básico: aprender qué es una emoción, para qué sirve y cómo se manifiesta en el cuerpo. Desde un enfoque más experiencial, Sandro Espinosa trabaja para que el paciente deje de temer sus propias sensaciones corporales. En la Terapia Focalizada en la Emoción, el objetivo no es analizar intelectualmente lo que se siente, sino aprender a escucharlo con seguridad. "El cuerpo es la puerta de entrada", explica. "Si tienes un nudo en la garganta, no te pido que lo pienses, sino que lo sientas y lo investiguemos: ¿a qué se parece?, ¿es tristeza?, ¿es miedo?". Los tratamientos suelen combinar distintos enfoques: el aprendizaje progresivo de un vocabulario emocional, las terapias humanistas y experienciales centradas en la vivencia interna, el trabajo corporal y somático para reconectar con las señales físicas sin evitarlas y, cuando existe una historia de trauma, su abordaje específico. Prácticas como el mindfulness suelen incorporarse en fases posteriores, cuando la persona ya ha desarrollado cierto acceso a su mundo emocional y puede sostener la atención interna sin desbordarse. Entender más allá La alexitimia no es falta de amor, ni frialdad, ni desinterés. Es una dificultad real —y muchas veces aprendida— para poner palabras a lo que se siente. Como recuerda Sandro Espinosa, "esa desconexión emocional fue, en muchos casos, una forma de sobrevivir". No surgió del vacío, sino de contextos en los que sentir no fue seguro, no fue validado o resultó demasiado costoso. Por eso, desde la clínica se insiste en que el acompañamiento es clave. No se trata de forzar la expresión emocional ni de exigir explicaciones que la persona aún no puede dar, sino de ofrecer un espacio suficientemente seguro en el que esa desconexión ya no sea necesaria. La paciencia, la comprensión y una mirada no punitiva —tanto en terapia como en las relaciones cercanas— marcan la diferencia entre el retraimiento y la posibilidad de cambio. Entender la alexitimia, nombrarla y acompañarla no solo alivia el sufrimiento individual. También permite reparar vínculos, reducir malentendidos y devolver a muchas personas algo tan básico como la capacidad de escucharse por dentro, sin miedo y sin culpa. Imagen | Freepik Xataka | La psicología ha explicado por qué te resulta tan complicado dejar un empleo aunque sea tóxico: la falacia del coste hundido - La noticia La emoción está ahí, pero no tiene palabras: qué es la alexitimia y por qué tanta gente vive desconectada de lo que siente fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
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Imagina que tu cuerpo es un motor que ruge y vibra, pero en el salpicadero no se enciende ni una sola luz que te aclare qué demonios está pasando. Sientes ese peso en el pecho y un nudo en la garganta que muerde, pero cuando alguien te pregunta qué te ocurre, solo te sale un encogimiento de hombros o un vacío "estoy bien". No es desinterés ni falta de implicación emocional; es que, simplemente, no encuentras las palabras.

Ese estruendo interno es real, pero no tiene traducción. El cuerpo grita, pero el lenguaje emocional no llega. A este abismo entre lo que se siente y lo que se dice, la psicología lo llama alexitimia. Lejos de ser una rareza clínica, las cifras dicen que hasta un 17 % de nosotros vive con esta desconexión, según la Escala de Toronto. Para ellos, el mundo no se divide en sentimientos, sino en sensaciones físicas mudas que son un rompecabezas imposible de compartir.

Índice de Contenidos (15)

Qué es la alexitimia (y qué no es)

La alexitimia se define como la dificultad para identificar, nombrar y expresar las emociones propias y, en menor medida, para reconocer las ajenas. El término procede del griego —a (sin), lexis (palabra) y thymos (emoción)— y significa literalmente “ausencia de palabras para las emociones”.

Desde la psicología clínica no se considera un trastorno mental independiente. No aparece como diagnóstico en los manuales psiquiátricos, sino que se conceptualiza como un rasgo de personalidad o como un síntoma transversal que puede aparecer asociado a otras condiciones. Tal y como explica Alejandra de Pedro González, psicóloga general sanitaria especializada en gestión emocional: "La alexitimia no es una enfermedad en sí misma, sino una forma particular —y problemática— de relacionarse con el mundo emocional. Puede funcionar como rasgo estable o aparecer como respuesta a determinadas experiencias vitales”.

Esta distinción es fundamental. La alexitimia no implica ausencia de emociones. Las personas alexitímicas sienten, y a veces lo hacen con mucha intensidad. Lo que ocurre es que no saben reconocer qué emoción están experimentando ni traducirla a palabras, algo que muchos profesionales describen como una forma de "analfabetismo emocional". El psicólogo Sandro Espinosa, especializado en terapia focalizada en la emoción y trabajo con trauma, utiliza otra metáfora: "Es como perder la brújula interna. Las emociones nos orientan, nos dicen qué necesitamos frente a lo que ocurre. Cuando esa brújula falla, la persona intenta compensarlo desde la lógica, el control o la hiperexplicación racional".

Ambos especialistas coinciden en subrayar qué no es la alexitimia: no es frialdad emocional, no es falta de empatía, no es introversión, no es desinterés afectivo, no es una decisión consciente de "no hablar de lo que se siente" y no es no sentir nada. En palabras de Espinosa: "La mayoría de personas alexitímicas no están desconectadas por elección, sino por aprendizaje. En algún momento, sentir fue demasiado costoso".

¿Es más frecuente en hombres? 

Los datos clínicos recogidos por la Universidad de Navarra y la investigación de Alonso-Fernández confirman que la alexitimia aparece predominantemente en hombres. ¿Pero es un síntoma biológico o cultural? La respuesta está en la educación emocional que juega un papel central. “A las niñas se les incentiva a nombrar y compartir emociones; a los niños, tradicionalmente, se les enseña a actuar y a contener”, explica de Pedro. Mientras que, Espinosa habla de una “armadura emocional” que se construye desde la infancia.

Por su parte, en las mujeres existe el fenómeno del masking o camuflaje. Muchas aprenden un vocabulario emocional por imitación social, aunque la conexión real con su experiencia interna sea débil. Esto hace que la alexitimia femenina pase más desapercibida y se detecte menos, no porque sea menos frecuente, sino porque se expresa de otro modo.

Cómo son las personas con alexitimia: síntomas 

Aunque no existe un único perfil, las personas con alexitimia suelen compartir una serie de características frecuentes:

  • Dificultad para identificar emociones propias.
  • Problemas para describir cómo se sienten.
  • Lenguaje centrado en pensamientos y hechos, no en emociones.
  • Pensamiento muy racional y concreto.
  • Escasa fantasía e imaginación.
  • Tendencia a somatizar el malestar (dolores, tensión, molestias físicas).
  • Dificultad para reconocer emociones ajenas en contextos de conflicto.
  • Bloqueo o quedarse "en blanco" ante preguntas emocionales.
  • Frustración cuando se les pide que expliquen cómo se sienten.
  • Relaciones interpersonales marcadas por malentendidos emocionales.

En consulta, señala Alejandra de Pedro, es habitual escuchar frases como:"No sé cómo me siento", "sé que algo me pasa, pero no sé el qué".

Causas de alexitimia 

Aunque desde fuera la alexitimia puede manifestarse de forma similar —dificultad para hablar de emociones, confusión interna, tendencia a lo racional—, no todas las alexitimias se originan igual. Desde la psicología clínica se distingue entre alexitimia primaria y alexitimia secundaria, una diferencia clave para comprender tanto su origen como su abordaje terapéutico.

Alexitimia primaria: cuando el procesamiento emocional nace alterado

La alexitimia primaria tiene una base principalmente neurobiológica y suele estar presente desde etapas muy tempranas de la vida. Diversas investigaciones han apuntado a alteraciones en los circuitos cerebrales que integran emoción y lenguaje. Entre las hipótesis más respaldadas se encuentran: una comunicación deficiente entre el hemisferio derecho, más implicado en el procesamiento emocional y sensorial. Mientras que el hemisferio izquierdo es el responsable de simbolizar y poner palabras a la experiencia.

También se ha observado una menor activación de la ínsula, una estructura cerebral clave para traducir las sensaciones corporales en experiencias emocionales conscientes. Cuando esta integración falla, la emoción se siente en el cuerpo, pero no alcanza el nivel de significado. Alejandra de Pedro señala que en estos casos: "La persona puede haber tenido siempre dificultades para identificar lo que siente, incluso en contextos emocionalmente seguros. No es algo que aparezca tras una experiencia concreta". En este tipo de alexitimia, el trabajo terapéutico se orienta más hacia aprender estrategias compensatorias, ya que se trata de un rasgo más estable.

Alexitimia secundaria: el silencio aprendido como estrategia de supervivencia

La alexitimia secundaria, en cambio, no nace con la persona, sino que se desarrolla como respuesta al entorno. Es la forma más habitual en consulta. Sandro Espinosa lo explica desde su experiencia clínica con personas que han vivido trauma, apego inseguro o invalidación emocional temprana: "Cuando expresar emociones no fue seguro, no fue escuchado o incluso fue castigado, el sistema aprende que sentir es peligroso. La desconexión emocional no es un fallo: es una adaptación". 

En estos casos, la alexitimia funciona como una estrategia de autoprotección. La persona no pierde las emociones, pero aprende a no acceder a ellas de forma consciente. Con el tiempo, esta desconexión puede cronificarse y dar lugar a ansiedad, somatización o dificultades relacionales. La buena noticia es que, a diferencia de la primaria, la alexitimia secundaria suele ser altamente tratable en terapia, especialmente cuando se aborda el trauma subyacente y se reconstruye la capacidad de conexión corporal y emocional.

No confundir la alexitimia con el autismo

Dado que ambas pueden implicar dificultades en la expresión emocional, es habitual confundir la alexitimia con los trastornos del espectro autista. Sin embargo, no son lo mismo, aunque puedan coexistir. Alejandra de Pedro lo aclara: "En el autismo hablamos de un patrón neurodivergente global que afecta a la comunicación, la interacción social y la flexibilidad cognitiva desde etapas tempranas. La alexitimia se centra específicamente en el procesamiento emocional y puede aparecer sin otros rasgos autistas".

La investigación respalda esta distinción. Estudios recientes, como el publicado en Autism Research, muestran que la alexitimia es más frecuente en personas autistas, pero no forma parte inherente del espectro. Muchas personas autistas no son alexitímicas y muchas personas alexitímicas no son autistas. La diferencia es clave para evitar diagnósticos erróneos y ofrecer el acompañamiento adecuado.

Diferencia con anhedonia 

Una de las simplificaciones más habituales en la divulgación psicológica consiste en confundir la alexitimia con la anhedonia, como si ambas remitieron a un mismo empobrecimiento de la experiencia emocional. No obstante, se trata de alteraciones distintas. La anhedonia alude a una reducción o pérdida del disfrute, un fenómeno estrechamente vinculado a los trastornos del estado de ánimo. La alexitimia, en cambio, no implica necesariamente una merma en la vivencia afectiva, sino una dificultad para tomar conciencia de ella, interpretarla y traducirla en categorías emocionales comprensibles.

Esta diferenciación ha sido reforzada por investigaciones recientes. El estudio Conceptualizing Alexithymia, publicado en Personality and Individual Differences, concluye que el núcleo del rasgo no es la ausencia de fantasía o emoción, como se pensó durante décadas, sino el déficit en los procesos de atención y evaluación emocional. Según explica Sandro Espinosa, ambas condiciones pueden coexistir, especialmente en depresiones crónicas o distimias, pero tienen orígenes, mecanismos y abordajes distintos.

En XatakaCallarse para evitar conflictos no es un signo de madurez: es un atajo sutil para autodestruirte según la psicología

Cómo afecta la alexitimia a las relaciones con otras personas 

Alexitimia y depresión

La relación entre alexitimia y depresión es estrecha, pero a menudo mal entendida. La alexitimia no impide sentir tristeza, impide saber que se está triste. Muchas personas, como señala de Pedro, no viven la depresión como llanto o abatimiento, sino como insomnio persistente, cansancio crónico, ansiedad sin causa clara y una sensación de vacío o desconexión. Cuando el estado emocional no puede identificarse ni nombrarse, el duelo no se elabora y el malestar tiende a cronificarse. Esto dificulta la búsqueda de ayuda y retrasa el acceso al tratamiento, porque la persona no reconoce —ni puede explicar— qué le ocurre exactamente.

De hecho, el estudio de Tsubaki & Shimizu, publicado en Behavioral Sciences, confirma que la alexitimia está estrechamente correlacionada con la depresión y la ansiedad severa, especialmente cuando las dificultades para identificar y describir emociones son marcadas. No se trata de sentir menos, sino de carecer de los recursos internos para interpretar lo que se siente y regular de forma adaptativa. En este sentido, la alexitimia actúa como un factor de riesgo silencioso: la emoción se experimenta, pero no se transforma en significado, lo que favorece estados depresivos persistentes, vagos y difíciles de tratar si no se detecta el problema de base.

Alexitimia y las relaciones de pareja

En las relaciones de pareja, la alexitimia suele generar un malestar profundo que a menudo se interpreta de forma errónea. No se trata necesariamente de falta de amor, sino de una incapacidad para traducir la experiencia emocional en un lenguaje compartido. Desde la clínica, el psiquiatra Francisco Alonso-Fernández describe la alexitimia como un rasgo que deteriora el ajuste diádico de la pareja al afectar a la expresión emocional, la comprensión del mundo afectivo del otro y la regulación de los conflictos, incluso en relaciones estables.

Este patrón no es solo teórico. Estudios basados en Ecological Momentary Assessmentmuestran que las personas con menor claridad sobre la fuente de sus emociones utilizan descripciones más vagas, se regulan peor y tienen más dificultades para comunicar lo que les ocurre. En la vida en pareja, esto se traduce en escenas habituales: la persona sabe que “algo va mal”, pero no puede explicar qué, por qué ni qué necesita. La demanda de una explicación emocional resulta entonces desorganizadora, no por desinterés afectivo, sino por falta de acceso consciente a la emoción.

Desde fuera, este silencio suele interpretarse como frialdad o evasión. Sin embargo, los datos apuntan a lo contrario: cuando las personas no saben identificar lo que sienten, comunican peor y tienden al retraimiento, incluso en vínculos significativos. Por ello, el abordaje clínico no consiste en exigir expresividad inmediata, sino en ayudar a construir gradualmente conciencia emocional y un vocabulario básico que permita sostener la intimidad sin saturación ni retirada.

Alexitimia, silencio y evitación del conflicto

Uno de los rasgos más incomprendidos de la alexitimia es el silencio. Durante un conflicto, callar suele interpretarse como frialdad, pasividad agresiva o castigo emocional. Sin embargo, en la alexitimia el silencio rara vez es una estrategia consciente. Es una reacción automática ante una sobrecarga interna.

Cuando surge una situación conflictiva, la persona alexitímica experimenta una activación emocional intensa —tensión corporal, malestar, ansiedad—, pero carece de las herramientas necesarias para identificar qué emoción está en juego y cómo expresarla. No sabe si lo que siente es rabia, miedo o tristeza; solo percibe incomodidad. En ese punto, como detallan ambos psicólogos, hablar se vive como peligroso: genera ansiedad, temor a decir algo incorrecto o a exponerse emocionalmente sin entender qué ocurre por dentro. El resultado no es regulación emocional, sino retirada. La persona evita el conflicto no porque no le importe, sino porque no sabe desde dónde afrontarlo. Este silencio no es la “ley del hielo” ni una táctica de control relacional: busca reducir una activación emocional que resulta incomprensible y, por tanto, amenazante.

En relaciones cercanas, esta dinámica suele generar un círculo vicioso. El silencio se interpreta como rechazo, aumenta la demanda emocional y, con ella, el bloqueo. Desde la clínica se insiste en que no se trata de inmadurez emocional, sino de una falta de acceso al lenguaje interno de la emoción. Como resume Sandro Espinosa: "La persona no calla porque no quiera hablar; calla porque no sabe qué decir sin hacerse daño".

Cómo saber si tienes alexitimia

La alexitimia no debe autodiagnosticarse, pero existen instrumentos validados que permiten detectar la presencia de rasgos alexitímicos y orientar una evaluación profesional adecuada. El más utilizado en investigación y práctica clínica es la Escala de Alexitimia de Toronto (TAS-20), un cuestionario compuesto por veinte ítems que explora distintas dimensiones del procesamiento emocional.

Esta escala evalúa, por un lado, la dificultad para identificar sentimientos, es decir, la confusión frecuente entre emociones distintas o entre la emoción y la sensación corporal que la acompaña. También mide la dificultad para describir sentimientos, que se manifiesta como una incapacidad persistente para poner en palabras la experiencia emocional. Por último, analiza el pensamiento orientado hacia lo externo, una tendencia a centrarse en hechos, acciones y detalles concretos del entorno en detrimento de las vivencias internas.

Las puntuaciones elevadas en este tipo de cuestionarios pueden sugerir la presencia de rasgos alexitímicos, pero en ningún caso constituyen un diagnóstico clínico por sí mismas. Los propios autores de la escala insisten en que su interpretación debe realizarse siempre en el contexto de una entrevista clínica, donde el profesional pueda valorar el significado real de esas respuestas.

En la práctica terapéutica, la evaluación de la alexitimia va mucho más allá de un test. Incluye el análisis del lenguaje emocional que utiliza la persona, la revisión de su historia vital y relacional, la observación de su forma de narrar lo que le ocurre y la presencia de síntomas asociados como somatización, ansiedad o depresión. Además, como advierte Espinosa sobre riesgos de apoyarse exclusivamente en cuestionarios disponibles en internet: "Los test online pueden dar una pista, pero también confundir. Muchas personas se reconocen en las preguntas sin que exista una alexitimia clínica real".

Cómo se trata la alexitimia

El abordaje terapéutico de la alexitimia ha evolucionado de forma notable en los últimos años. Especialmente en los casos de alexitimia secundaria, el pronóstico suele ser favorable cuando existe motivación y un acompañamiento adecuado. Alejandra de Pedro subraya la importancia de la psicoeducación emocional, un trabajo que empieza desde lo más básico: aprender qué es una emoción, para qué sirve y cómo se manifiesta en el cuerpo.

Desde un enfoque más experiencial, Sandro Espinosa trabaja para que el paciente deje de temer sus propias sensaciones corporales. En la Terapia Focalizada en la Emoción, el objetivo no es analizar intelectualmente lo que se siente, sino aprender a escucharlo con seguridad. "El cuerpo es la puerta de entrada", explica. "Si tienes un nudo en la garganta, no te pido que lo pienses, sino que lo sientas y lo investiguemos: ¿a qué se parece?, ¿es tristeza?, ¿es miedo?".

Los tratamientos suelen combinar distintos enfoques: el aprendizaje progresivo de un vocabulario emocional, las terapias humanistas y experienciales centradas en la vivencia interna, el trabajo corporal y somático para reconectar con las señales físicas sin evitarlas y, cuando existe una historia de trauma, su abordaje específico. Prácticas como el mindfulness suelen incorporarse en fases posteriores, cuando la persona ya ha desarrollado cierto acceso a su mundo emocional y puede sostener la atención interna sin desbordarse.

Entender más allá

La alexitimia no es falta de amor, ni frialdad, ni desinterés. Es una dificultad real —y muchas veces aprendida— para poner palabras a lo que se siente. Como recuerda Sandro Espinosa, "esa desconexión emocional fue, en muchos casos, una forma de sobrevivir". No surgió del vacío, sino de contextos en los que sentir no fue seguro, no fue validado o resultó demasiado costoso.

Por eso, desde la clínica se insiste en que el acompañamiento es clave. No se trata de forzar la expresión emocional ni de exigir explicaciones que la persona aún no puede dar, sino de ofrecer un espacio suficientemente seguro en el que esa desconexión ya no sea necesaria. La paciencia, la comprensión y una mirada no punitiva —tanto en terapia como en las relaciones cercanas— marcan la diferencia entre el retraimiento y la posibilidad de cambio.

Entender la alexitimia, nombrarla y acompañarla no solo alivia el sufrimiento individual. También permite reparar vínculos, reducir malentendidos y devolver a muchas personas algo tan básico como la capacidad de escucharse por dentro, sin miedo y sin culpa.

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