- Bruselas permite subvencionar a las empresas hasta un 70% de la factura energética por la guerra
- La gran disrupción de las materias primas
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advierte de que "las consecuencias de este conflicto pueden repercutir durante meses o incluso años", y urge a "reducir nuestra excesiva dependencia de los combustibles fósiles importados".
El mundo vive su segunda gran crisis energética en tan solo cuatro años. La anterior fue la provocada por la invasión rusa de Ucrania, conflicto que sigue en plena efervescencia, y la actual por la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel en Irán, que ha desembocado en el bloqueo del estrecho de Ormuz y, con ello, en una espiral alcista de los precios del petróleo, el gas y otras materias primas que está golpeando especialmente a Europa por su gran dependencia de la energía exterior.
Para la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, esos dos episodios críticos en apenas un cuatrienio y los estragos que han provocado en la economía europea, con crecimientos muy pobres en los últimos años y que ahora vuelve a verle las orejas a lobo de la ralentización, evidencian que "en un mundo turbulento como el nuestro, simplemente no podemos depender excesivamente de la energía importada".
Así lo afirmó este miércoles la jefa del Ejecutivo comunitario en un discurso pronunciado ante el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo, donde se abordó la estrategia de la UE en respuesta a la actual crisis en Oriente Próximo, donde el colapso de Ormuz, por el que antes de la guerra transitaba una quinta parte del petróleo mundial, está pasando una abultada y creciente factura al bloque comunitario. "En tan solo 60 días de conflicto, nuestra factura por importaciones de combustibles fósiles ha aumentado en más de 27.000 millones de euros sin una sola molécula de energía adicional", afirmó Von der Leyen en referencia al súbito encarecimiento del petróleo y el gas.
El primero, cuya cotización llegó ayer a los 117 dólares por barril, se encarece alrededor de un 60% desde el pasado 27 de febrero, en vísperas del estallido de la guerra, mientras que en el gas natural la subida supera el 40%. La consecuencia para la UE es que está pagando una factura extra superior a los 450 millones de euros al díapor el mismo crudo y gas que consumía antes del conflicto, un esfuerzo difícilmente sostenible en el tiempo sin erosionar de forma significativa la actividad económica del bloque.
Nuevo guiño a la energía nuclear
Con el conflicto en Oriente Próximo actualmente en una precaria tregua y con un desenlace todavía muy incierto, Von der Leyen deslizó que lo peor puede estar aún por llegar. "Existe una dura realidad que todos debemos afrontar: las consecuencias de este conflicto pueden repercutir durante meses o incluso años", advirtió ante la Eurocámara la presidenta de la Comisión, para quien es vital "reducir nuestra excesiva dependencia de los combustibles fósiles importados e impulsar nuestro suministro nacional de energía limpia, asequible y de producción propia. Desde las energías renovables hasta la nuclear, respetando plenamente la neutralidad tecnológica".
Con este último mensaje, Von der Leyen reiteró el volantazo de la Comisión en favor de recuperar la energía nuclear como fuente de suministro estable y asequible tras años de rechazo frontal, posición en la que, en contraste, sigue instalado el Gobierno español. La presidenta comunitaria puso como ejemplo Suecia, país en el que "cuando el precio del gas aumenta 1 euro por MWh, la factura de la electricidad solo sube 0,04 euros por MWh, porque casi toda la electricidad de Suecia proviene de energías renovables y nuclear", enfatizó.
El mensaje de alerta de Von der Leyen ahonda en la batería de advertencias lanzada por los miembros de su gabinete, como el comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis, quien en una entrevista con EXPANSIÓN avisa este miércoles de que "estamos enfrentando un escenario de estanflación en la Unión Europea" y de que "la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles es la mayor amenaza para nuestra resiliencia económica". En este sentido, y en línea con la presidenta comunitaria, Dombrovskis subrayaba que "reducir esta dependencia mediante el despliegue de renovables es clave para minimizar los impactos económicos negativos".
La Comisión Europea no es, ni mucho menos, la única institución que ha advertido de secuelas importantes y duraderas por el conflicto en Oriente Próximo. El Banco Mundial alertó el martes de que, aun en el caso de que la guerra en Irán acabara en mayo, la factura energética de la crisis para este año será muy elevada. Según el organismo multilateral, los precios energéticos subirán un 2026 por los efectos ya causados por el conflicto en Oriente Próximo, disparándose a "su nivel más alto desde la invasión de Rusia a Ucrania en 2022".
Así lo recoge su último informe sobre Perspectivas de los mercados de productos básicos, en el que avisa de la "grave conmoción" que la guerra está provocando en los mercados globales de productos básicos. De hecho, el Banco Mundial vaticina que los precios de estos bienes esenciales crecerán un 16% este año "impulsados por el vertiginoso incremento de los precios de la energía y los fertilizantes, y por los máximos históricos que han alcanzado los precios de varios metales clave", señala el informe.
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