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La geoeconomía tras el conflicto en Irán: un impacto limitado y desigual

La geoeconomía tras el conflicto en Irán: un impacto limitado y desigual
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efectos/ La economía de EEUU es la menos expuesta a los vaivenes del crudo; Europa tiene margen para actuar frente a un alza de la inflación, pero sus perspectivas económicas se ven debilitadas, mientras que en España el mayor impacto será en precios. Leer
PolíticaLa geoeconomía tras el conflicto en Irán: un impacto limitado y desigual
  • DANIEL RODRÍGUEZ ASENSIO
14 MAR. 2026 - 00:17Navios de la marina de EEUU escoltan a un petrolero por el estrecho de Ormuz.PH2 ElliottEXPANSION

efectos/ La economía de EEUU es la menos expuesta a los vaivenes del crudo; Europa tiene margen para actuar frente a un alza de la inflación, pero sus perspectivas económicas se ven debilitadas, mientras que en España el mayor impacto será en precios.

El factor geopolítico vuelve a escena. La situación en Irán ha desencadenado una volatilidad en los mercados de petróleo inédita en la Historia y cuyos efectos dan lugar a muchas especulaciones. Merece la pena evaluar detenidamente la situación para determinar la magnitud del impacto.

Lo más relevante es determinar qué va a ocurrir con el petróleo. En este sentido, la situación es clara: por el estrecho de Ormuz pasan 20 millones de barriles de petróleo cada día. De ellos, 3,4 millones es la producción directa de Irán, y 16,6 millones los que circulan procedentes de otros productores, según las cifras de la Agencia Internacional de la Energía.

La capacidad de producción de Irán es fácilmente reemplazable. Tanto es así que solamente la OPEP cuenta con una capacidad ociosa que asciende a 4,3 millones de barriles diarios. A esto debemos añadir un exceso de oferta en las previsiones de la OPEP para 2026 como consecuencia del riesgo geopolítico de hasta 2 millones de barriles al día. Por consiguiente, la clave pasa por estabilizar Ormuz.

Las rutas alternativas a este canal de transporte, junto con la producción del resto de países de la OPEP, podrían activar en torno a 9 millones de barriles diarios. La clave está en los 8 millones de barriles restantes, que suponen algo menos del 10% de la producción mundial de petróleo.

Ante esta situación, caben tres escenarios posibles. 1) Estabilización relativamente rápida del estrecho de Ormuz. 2) Alargamiento del bloqueo de Ormuz. 3) Empeoramiento del conflicto, con impacto sobre países cercanos como Irak o Arabia Saudí.

En el primer escenario, la estabilización del precio del petróleo sería prácticamente inmediata, como ya hemos visto esta semana, cuando el crudo ha experimentado una de las mayores caídas de precio de su historia ante las palabras del presidente de EEUU.

En el segundo, cabe esperar una estabilización en el medio plazo del precio del petróleo, en tanto en cuanto hay nuevos productores (Venezuela, Estados Unidos, Brasil, Argentina, etc.). Mientras esta producción entra en juego, el sistema cuenta con 1.800 millones de barriles de petróleo considerados como reservas estratégicas -según la Agencia Internacional de la Energía-, de los cuales ya se ha llegado a un acuerdo para liberar 400 millones en caso de necesidad. Estamos hablando de unos 90 días de importaciones netas de los países miembros de la AIE.

En función de la velocidad de despliegue, podríamos estar ante una situación de precios del petróleo similares a los actuales -en torno a los 90/100 dólares por barril- durante un tiempo y una evolución estructural a la baja hasta alcanzar los 60 dólares que hemos venido viendo durante los últimos meses.

Dado que una buena parte de los contratos relacionados con el crudo se negocian en los mercados de futuros, el impacto sobre los precios es previsible que sea limitado, tanto en términos absolutos como en el horizonte temporal, y muy distinto según zonas geográficas. La cobertura mediante derivados estabiliza el nivel de precios en combustibles y, por consiguiente, el impacto de esta situación sobre la inflación.

Y, por último, en caso de que se vean afectados otros países de Oriente Próximo y/o las alternativas a Ormuz no se materialicen, el shock puede adquirir un carácter estructural. En este "peor escenario" podríamos ver un barril de Brent superando ampliamente los 120 dólares por barril y estar ante una inflación persistente y aguda en prácticamente todo el mundo. Hay dos claves, por lo tanto, en términos geopolíticos. La primera es estabilizar la situación en el estrecho de Ormuz cuanto antes, y la segunda es evitar que el conflicto se extienda a países limítrofes.

Situación política en EEUU

A todo lo anterior debemos añadir la situación política en Estados Unidos. Donald Trump tiene las elecciones de mitad de mandato en noviembre de este año, y ni un conflicto bélico agudo en Irán, ni un incremento de la inflación en Norteamérica serían buenas noticias para el presidente desde un punto de vista electoral. Sin duda, se esforzará mucho en que nada de eso ocurra.

De hecho, en los últimos días hemos visto cómo Estados Unidos ha acudido incluso a Rusia para amortiguar el impacto sobre los mercados de petróleo. Cabe señalar que Rusia puede actuar como amortiguador del mercado global, aunque muy limitado: su aportación está en torno al millón de barriles diarios.

El objetivo, por lo tanto, pasa por dar por finalizado el conflicto bélico en un período corto. En ese caso, estaríamos ante un escenario similar al de septiembre de 2023, cuando el petróleo alcanzó los 90 dólares por barril, mientras que la inflación siguió la tendencia de estabilización que había comenzado meses antes en las economías más importantes.

No parece que eso vaya a ocurrir, por lo que el escenario base es el segundo que hemos planteado. De cara a analizar su impacto, es importante distinguir entre las distintas zonas geográficas.

Estados Unidos: una economía cada vez más blindada frente a las oscilaciones del precio del petróleo

Estados Unidos casi ha dejado de importar petróleo de Oriente Próximo. De hecho, estamos hablando de que las importaciones provenientes del Golfo Pérsico suponen apenas un 7% de sus importaciones de petróleo. Estamos ante el principal productor de petróleo del mundo, con 13,6 millones de barriles producidos al día y una evolución al alza durante los últimos años. Además, cuenta con la producción adicional que, previsiblemente, vendrá de nuevos aliados comerciales, como es el caso de Argentina o Venezuela. Por consiguiente, es muy probable que Estados Unidos sea el país menos afectado desde el punto de vista económico por esta situación.

Por otra parte, la mayor demanda de crudo proveniente de Estados Unidos, junto con un menor apetito por el riesgo, provocarán una revalorización del dólar. De hecho, desde el pasado 27 de febrero, el dólar se ha revalorizado un 4% con respecto al euro y se encuentra en máximos desde finales de 2025.

Y, sin embargo, la rentabilidad del bono a 10 años del Tesoro norteamericano se ha incrementado desde el 3,9% de finales de febrero al 4,2% actual como consecuencia de un repunte en las expectativas de inflación. Sin duda, es un repunte significativo aunque no especialmente relevante. Merece la pena recordar que este activo sigue por debajo de los niveles mostrados a principios de este año y, por lo tanto, las expectativas de inflación que descuenta el mercado no se han disparado.

La inflación en los últimos meses se mantiene estable, aunque en niveles ligeramente superiores al 2% que es el objetivo de la Reserva Federal estadounidense. Debemos recordar que ya hay un intenso debate sobre cuál debe ser el papel de la Fed en el impulso económico de Estados Unidos, y que este año se producirá el relevo al frente del máximo organismo monetario norteamericano. Salvo empeoramiento de la situación en Oriente Próximo, lo previsible es estabilidad en la política monetaria norteamericana.

El impacto de la situación en Irán sobre la evolución económica estadounidense es muy limitado y, por consiguiente, lo razonable es pensar que el crecimiento del PIB seguirá basándose en la gran apuesta por la inteligencia artificial que está haciendo este país y en los motores de crecimiento previamente identificados para este 2026.

Europa: El BCE tiene margen de actuación ante un repunte de la inflación, pero la situación empeora unas estimaciones de PIB ya de por sí débiles

Europa tampoco está directamente impactada por los cambios en las cadenas de suministro petrolíferas que, previsiblemente, se darán en los próximos meses. Según el IFO Institute, tan solo el 6,2% del petróleo y el 8,7% del gas natural licuado que importa la Unión Europea pasan por Ormuz. Los principales proveedores de petróleo en Europa, Noruega, Estados Unidos y Kazajistán, que no dependen de Ormuz. Por tanto, una gran parte del suministro europeo queda automáticamente fuera del riesgo.

Europa, sin embargo, sí que afronta más riesgos que Estados Unidos. Concretamente, dos. 1) Impacto temporal de las modificaciones posibles en las cadenas de suministro mundiales del petróleo. 2) Impacto vía inflación por más dependencia de petróleo importado.

De los dos, el más relevante en el corto plazo es el posible repunte de la inflación. Ya hemos visto cómo está influyendo esto en el tipo de cambio del euro -se deprecia frente a su gran competidor- y también el encarecimiento de los bonos de las principales economías de la eurozona.

Tal y como analizamos, el Banco Central Europeo está ganando margen de actuación ante un posible repunte de la inflación, por lo que la situación en Oriente Próximo abre un posible escenario de ligeros incrementos en los tipos de interés en la eurozona, aunque todo dependerá de la evolución económica.

Merece la pena recordar que el principal motor de crecimiento de la eurozona para 2026 es el incremento del gasto público destinado al sector Defensa. El país europeo más expuesto es Italia, que tiene la mayor exposición energética a Oriente Próximo de todas las economías europeas. Alemania, por su parte, tiene una exposición directa muy baja -menos del 1% de las importaciones energéticas alemanas-, aunque su industria podría ser una de las primeras que sufran el encarecimiento de las materias primas a nivel global. El instituto IFO ha rebajado en 2 décimas sus previsiones de crecimiento para 2026, hasta situarlas en el 0,6%-0,8%.

España: Impacto limitado, con el control de la inflación como el gran reto

España es un país muy poco dependiente de Oriente Próximo. Según la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos, tan sólo el 8% del petróleo importado en España proviene del golfo Pérsico. La dependencia de España es de América, desde donde llega el 50% de las importaciones petrolíferas.

Además, el sistema de refino en España es flexible, con refinerías capaces de procesar crudos de múltiples calidades. Esto implica que España puede cambiar de origen de suministro de forma relativamente rápida y sencilla.

El impacto más notable será a través de la inflación y de la dependencia del precio del petróleo. A tal efecto, debemos señalar que España ya viene siendo un país que sufre una inflación por encima de la media de la Unión Europea desde hace varios meses. Además, los carburantes ya han subido un 10% en lo que va del mes de marzo y ya se preveía un repunte de la inflación en los próximos meses por puro efecto estadístico -en marzo y abril del año pasado los precios energéticos se desplomaron en España-.

Al analizar el impacto del barril de Brent sobre la inflación en España desde 2002 se observa que el mayor efecto se manifiesta con un retardo de dos meses tras el shock inicial. Según mis estimaciones -y aislando el efecto base-, la inflación superará el 3% en abril, alcanzando un máximo del 3,3% entre mayo y junio. A partir de ese punto, se proyecta un descenso progresivo que situaría la tasa en el 2,7% hacia finales de año. Hasta el segundo trimestre de 2027 la inflación no volverá a los niveles actuales en España.

El mercado ya está descontando un impacto más importante sobre la inflación que, por ejemplo, en Estados Unidos. Y, por consiguiente, la rentabilidad del bono a 10 años de España se ha incrementado un 11% desde el inicio del conflicto en Irán. Sin intervención del Banco Central Europeo, es previsible que esta sea la nueva tendencia del Tesoro español durante los próximos meses.

Las dos realidades de las economías emergentes: América del Sur, la más favorecida, mientras Oriente Próximo se sume en la inestabilidad

El gran impacto de lo que estamos viendo en Oriente Próximo se concentrará en esa región. El 80% del petróleo que importa Japón, el 70% de las importaciones de Corea del Sur, el 60% del petróleo importado por India, y más del 40% de las importaciones de crudo de China proceden de Ormuz. Estos son los países que, además de sufrir un impacto por el incremento de los precios del crudo, sufrirán las consecuencias del cierre comercial del estrecho de Ormuz.

A la situación, además, hay que añadir un incremento del riesgo geopolítico como consecuencia de las represalias que pueda tomar Irán en territorio extranjero.

En el otro lado de la balanza se sitúan economías de América del Sur con capacidad de producción de petróleo cuya producción se está incrementando en los últimos meses. Argentina, Brasil y, más recientemente, Venezuela, están ante una oportunidad muy relevante para llenar el vacío que deje Irán y reducir la dependencia energética de Oriente Próximo.

La clave, como hemos visto, está en la capacidad de las cadenas de suministro para adaptarse a una situación en la que el 20% del consumo mundial de petróleo está puesta en riesgo por el cierre de Ormuz.

Lo previsible es que Estados Unidos intente normalizar la circulación por el estrecho de Ormuz en el menor período de tiempo para limitar el impacto sobre la economía global, y también sobre Estados Unidos.

En caso de no conseguirlo, abrir con rapidez las vías de suministro alternativas resulta fundamental para evitar un escenario cuyo impacto es, a día de hoy, difícil de cuantificar.

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Fuente original: Leer en Expansión
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