La bolsa de demandantes de empleo con relación laboral, en la que se incluyen a los fijos discontinuos parados, se ha triplicado en los últimos seis años y cuenta con 892.933 personas a cierre de 2025.
El mercado laboral registró a cierre del pasado ejercicio la menor tasa de paro desde el primer trimestre de 2008, un 9,9%, rebajando la cota del psicológica del 10%. Al tiempo, se registró el mayor número de ocupados de la serie histórica, con 22,4 millones. Un círculo virtuoso de empleo que ha jalonado los años posteriores a la pandemia y que constituye el principal sostén del crecimiento económico español, permitiendo mantener robustas tasas de consumo privado.
Este tendencia se ha tenido lugar, además, tras la entrada en vigor de la reforma laboral aprobada por el Gobierno en 2021, y que desplegó sus efectos de forma completa entrado 2022. Esta regulación consistió, principalmente, en cambiar de forma diametral la estructura de contratos, suprimiendo ciertas figuras temporales de uso recurrente como los contratos por obra y servicio y endureciendo las condiciones del contrato de duración definida ordinario. La consecuencia ha sido que todo el empleo creado entre finales de 2019 y de 2025, con un incremento de 2,5 millones de ocupados es primordialmente de carácter indefinido. Actualmente, la tasa de temporalidad del empleo privado se sitúa en el entorno del 12%, respecto al 24,5% que registraba en el cuarto trimestre del 2021, según los datos del Instituto Nacional de Estadística.
Sin embargo, estas rúbricas no impiden el cuestionamiento de hasta qué punto se ha producido un cambio estructural del mercado laboral español. Entre otras cuestiones, porque la estacionalidad es persistente y las necesidades de empleo temporal asociadas especialmente a los ritmos del sector servicios siguen replicando los picos de creación de empleo y destrucción de contratos. Es aquí donde entre todo el empleo indefinido aparece el contrato fijo discontinuo como el suplente de oro para cubrir esta estacionalidad persistente. Lo que además, plantea una duda estadística ya que si es verdad que los fijos discontinuos inactivos no aparecen en el registro de afiliación, tampoco se anotan como parados -al contar con una relación laboral vigente-.
"El fijo discontinuo actúa como una solución intermedia que permite absorber una parte significativa de la demanda de flexibilidad empresarial, manteniendo al mismo tiempo una apariencia de estabilidad contractual", señalan los expertos de la Fundación Civismo en su reciente estudio ¿Qué esconden los fijos discontinuos?.
Estos expertos apuntan, por lo tanto, que la reforma laboral puede haber terminado con la temporalidad tradicionalmente conocida, pero no con lo que denominan como la "intermitencia del empleo". Y van más allá asegurando que los fijos discontinuos no necesariamente mejora los incentivos a la inversión en capital humano "ni la calidad del empleo". Afirma desde Civismo que "este cambio normativo [la reforma laboral] convierte al fijo discontinuo en la principal alternativa al contrato temporal en un amplio abanico de actividades".
La realidad estadística
Una segunda derivada de esta circunstancia que hace que la caída de la temporalidad y la vigencia de los contratos no sea directamente proporcional a una actividad efectiva -aún no se han recuperado el número de horas de trabajo previas a la pandemia- es la cuestión estadística. Aunque el Ministerio de Trabajo dirigido por Yolanda Díaz ha reiterado en varias ocasiones que la fórmula de conteo del paro no ha sido modificada y es similar a la de años previos al actual Gobierno, y es así, también es cierto que nunca antes los fijos discontinuos habían tenido tanta relevancia, incluidos aquellos que se encuentran en una situación de inactividad esperando a ser llamados -pero con contrato en vigor-. Datos procedentes del SEPE solo se han proporcionado a partir de una pregunta en el Senado del PP, por la cual se desveló que a diciembre de 2022 había en España 443.078 fijos discontinuos parados.
A partir de ahí, es difícil extraer cifras concretas de esta estadística -que condiciona el dato de paro efectivo ya que los fijos discontinuos inactivos sí pueden pedir el paro y en cambio no están cotizando a la Seguridad Social-. El dato más aproximado aparece en la serie mensual de demandantes de empleo con relación laboral, que incluye entre los supuestos a los fijos discontinuos parados. Esta ha crecido considerablemente tras la reforma laboral, pasando de 618.267 en diciembre de 2021 a 892.933 en diciembre de 2025, lo que supone un 44% más.
No obstante, en esta bolsa de demandantes también aparecen aquellos inmersos en un expediente de regulación de empleo y a finales de 2021 aún se arrastraban numerosos de la pandemia. Por lo que el dato anterior a la reforma sin impacto de los ERTE de la pandemia se remonta a diciembre de 2019. Entonces, los demandantes de empleo con relación laboral eran 301.316, lo que supone que en estos seis años han crecido en un 196%, casi triplicándose. Según los cálculos de los expertos de Civismo en torno a un 45% de los fijos discontinuos se encuentran desactivados, parados. Mientras que los datos del INE sitúan en 666.500 los ocupados activos con un contrato fijo discontinuo, un 78% más que ante de la reforma.
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