A la última
La leonaAunque esté de moda llamar a los perros mi niño o mi niña, cuando son grandes se mitifican, la imaginación popular los convierte en leonas y protagonizan serpientes de verano
Regala esta noticia Añádenos en Google Un dogo argentino. 09/07/2026 a las 00:02h.Mi infancia son recuerdos de un perro ladrador en Borines, aldea asturiana del concejo de Piloña donde mi abuela Evelia ejercía de maestra. Es mi ... primera evocación infantil y me ha marcado: me dan miedo los perros. Para rematar la jugada, hace unos años, paseando también por Borines, un perro que, según sus dueños, era muy bueno, lanzó un bocado a mi mano al pasar junto a él. No me la pilló, pero como solo tengo una, cada vez que me cruzo con un chucho, la escondo precavido en el bolsillo. A pesar del miedo, disimulo para no pasar por remilgado. Sé que a los 'papican' les molesta que ponga cara de espanto e incluso que esconda mi mano, así que, cuando un perro viene corriendo hacia mí para olisquearme, mientras su papá avisa: «Tranquilo, no hace nada», yo compongo una mueca que quiere ser sonrisa, pero es terror.
Las serpientes estivales animaban mucho los periódicos: cocodrilos en el Pisuerga, avionetas boicoteando la lluvia en Murcia, Hitler en Argentina y nunca faltaba el monstruo del lago Ness. Fueron el precedente de los clickbait. Pero más allá de los ciberanzuelos, está la realidad: ese perrete tan majo que ya sé que «es muy bueno y no hace nada», pero mejor que lo lleven amarrado, sobre todo si es como una leona.
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