- ANJLI RAVAL
Los ejecutivos nacidos en el extranjero están más expuestos en una era de endurecimiento de las fronteras y presiones políticas.
El ascenso de Satya Nadella al mando de Microsoft en 2014 fue algo notable y al mismo tiempo algo habitual. Para muchos indios, fue un momento de orgullo ver a alguien de Hyderabad dirigir un gigante tecnológico estadounidense. Sin embargo, no era el primer indio en llegar a la cima de una empresa estadounidense y para Microsoft su origen era secundario y aparecía solo en el último párrafo de su biografía.
Después de todo, llevaba en la empresa desde 1992, había trabajado en varias divisiones y era posiblemente la persona más cualificada para asumir el cargo. Pero con el retroceso de la globalización y el aumento de las presiones nacionalistas, ¿será más difícil para un ejecutivo nacido en el extranjero ascender a la cima de las empresas en EEUU y otros países?
Algunas de las mayores empresas estadounidenses están dirigidas por personas nacidas en el extranjero, como Jane Fraser de Citigroup y Elon Musk de Tesla, pero ahora existe un clima político más hostil hacia los extranjeros. En medio de la represión generalizada de la Administración Trump contra la inmigración durante el último año y la agenda de "Estados Unidos Primero", la procedencia de un consejero delegado ahora tiene mayor importancia.
El año pasado, Donald Trump pidió públicamente la dimisión del consejero delegado de Intel, Lip-Bu Tan, nacido en Malasia, alegando que tenía vínculos con China y que era "muy conflictivo". Y la proliferación de insultos contra los extranjeros está alcanzando ahora a los altos ejecutivos. El CEO de FedEx, Raj Subramaniam, se ha enfrentado a críticas racistas por su origen indio. "Detengan la maldita invasión india de nuestras grandes empresas estadounidenses", decía una publicación en X.
Para las multinacionales occidentales, la composición internacional de sus puestos de liderazgo y de sus plantillas se ha convertido en un modelo estándar para hacer negocios. Al fin y al cabo, las ventas, las operaciones y los accionistas son globales. La persona ideal para el puesto puede provenir de cualquier lugar.
Sin embargo, las agendas políticas nacionalistas, las políticas migratorias más estrictas, los regímenes de sanciones y las preocupaciones de seguridad están volviendo a poner en el punto de mira las nacionalidades de los ejecutivos, según me comentó un asesor de consejeros delegados estadounidenses. La retórica antiglobalización puede comenzar como mensaje político, pero con el tiempo se filtra en las políticas gubernamentales, la regulación y, finalmente, en la toma de decisiones corporativas.
Las políticas proteccionistas estadounidenses y las restricciones a los visados H-1B ya han llevado a bancos y grandes consultoras a ampliar su fuerza laboral nacional, incluyendo sus centros de externalización en India. Por otra parte, la idea del campeón nacional está regresando a ambos lados del Atlántico. Los cazatalentos afirman que es inevitable que la tendencia a mirar hacia dentro y a considerar a los extranjeros como más arriesgados tenga un impacto en las prácticas de contratación e influya no sólo en la contratación de los altos cargos, sino también en la de personas con otros puestos.
Los CEO nacidos en el extranjero ya se enfrentan a momentos más difíciles que los nativos. Estudios académicos demuestran que se les exige un mayor nivel de rendimiento y es más probable que sean despedidos cuando las cosas salen mal. También deben esforzarse más para demostrar su legitimidad y su confianza. En entornos politizados, el margen de error se reduce.
En una conferencia celebrada la semana pasada en Londres, presidentes de consejos de administración intentaron tranquilizarme afirmando que, incluso si el partido populista de derecha Reform UK de Nigel Farage llegase al poder, seguirían aprovechando la cantera global de talento para consejeros delegados, sobre todo porque la mayor parte de los beneficios de las multinacionales británicas se generan fuera del país.
Casi la mitad de los CEO actuales de las compañías del FTSE 100 nació fuera de Reino Unido, según datos de BoardEx y la firma de búsqueda de ejecutivos Odgers. Algunos de ellos son Tufan Erginbilgiç de Rolls-Royce, Pascal Soriot de AstraZeneca, Fernando Fernández de Unilever y Simon Trott de Rio Tinto.
Los consejos de administración incluso se han acostumbrado a que las empresas que cotizan en Reino Unido tengan consejeros delegados que viven en otros lugares. Deepak Nath, de Smith and Nephew, reside en Texas, mientras que el recién anunciado CEO de Rentokil Initial, Mike Duffy, también vivirá en EEUU.
Aun así, Julia Hoggett, consejera delegada de la Bolsa de Londres, ha declarado recientemente que la nacionalidad británica es un factor positivo para una empresa. Al intentar demostrar por qué la inversión en acciones de compañías que cotizan en Londres era beneficiosa para el país, Hoggett señaló a la farmacéutica GSK como una "empresa con sede en Reino Unido y liderazgo británico que ha invertido una enorme cantidad de dinero en el país". Sin embargo, no mencionó el hecho de que su acción ha ido bastante peor que la de AstraZeneca, cuyo consejero delegado nació en Francia y ha vivido en Australia durante los últimos cinco años. También fue un comentario especialmente contradictorio, ya que la empresa matriz de la Bolsa de Londres está dirigida por un neoyorquino.
No es probable que los líderes nacidos en el extranjero desaparezcan por completo de los puestos directivos de las empresas globales. Pero en una era de endurecimiento de las fronteras y aumento de los conflictos geopolíticos, su nacionalidad ya no es algo irrelevante. Esto significa que, en última instancia, los consejos de administración podrían correr el riesgo de perder a los mejores talentos si dan más prioridad a los aspectos políticos que a los comerciales.
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