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Política

La oferta del PSOE en la que confiaron Ábalos y Koldo hasta el final para librarse de prisión

La oferta del PSOE en la que confiaron Ábalos y Koldo hasta el final para librarse de prisión
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Tras una visita de Cerdán para comprar su silencio, el ex ministro y su asesor mantuvieron la fe en una intervención de Ferraz para frenar el caso Leer

José Luis Ábalos y Koldo García tuvieron la firme convicción de que el PSOE y el Gobierno iban a ayudarles en su calvario judicial desde la noche en que Santos Cerdán irrumpió en la casa del ex ministro de Transportes en Rivas Vaciamadrid. El ex secretario de Organización acudió al domicilio de Ábalos sólo tres días después de la detención del asesor ministerial, en febrero de 2021. Dejó claro que estaba allí para trasladar un mensaje de parte de Moncloa y que si Ábalos, y por extensión Koldo, permanecían alineados con la cúpula del partido, les garantizarían un sustento, el pago de sus abogados y la protección del aparataje institucional.

Ábalos estaba entonces en shock, todavía al margen de las incipientes pesquisas, pero sabedor de que si se había abierto el melón de su colaborador y del empresario Víctor de Aldama, era cuestión de tiempo que fuera el siguiente. Sin embargo, si existía una remota posibilidad de quedar al margen o minimizar los daños que pudiera sufrir pasaba por mantenerse en el perímetro de protección gubernamental.

Por eso accedió a la cita y escuchó atentamente a Cerdán. Tal y como desveló EL MUNDO, éste le puso sobre la mesa un contrato en una consultora próxima al PSOE, artículos pagados para la Fundación Avanza y hasta tres tertulias televisivas. Al mismo tiempo, le garantizó que el coste de los abogados en el que tuviera que incurrir ante una eventual imputación correría a cuenta de la formación. Los detalles de esa propuesta fueron perfilados antes en una reunión en Ferraz a la que asistieron colaboradores directos del líder socialista.

Quien entonces era mano derecha del presidente del Gobierno sólo le pedía a cambio a Ábalos que dejara el acta de diputado para que el PSOE, que ya se la había requerido públicamente, salvara su posición de cara a la galería. Pero también que suscribiera un pacto de caballeros por el cual guardaría silencio sobre los máximos responsables del partido, el primero sobre él mismo. Ábalos grabó la conversación con un móvil del Congreso a través de su pareja, que presenció la escena, escuchó la propuesta y ha intentado sin éxito recuperar la grabación desde entonces. También conservó mensajes de móvil en los que Cerdán hacía referencia de manera directa y explícita a la oferta.

Su respuesta fue ambigua. No renunciaría al acta, que concebía como su principal escudo protector ante una más que previsible citación como investigado así como su principal fuente de ingresos. Pero no abriría fuego contra el presidente convencido de que el Ejecutivo saldría en su ayuda más pronto que tarde. Le tranquilizaba en cierta medida que el propio Pedro Sánchez le había trasladado meses antes, en una reunión secreta en La Moncloa a la que acudió en coche oficial y sin pasar por el registro de entrada, que su principal problema había sido Koldo, que éste le había hecho «mucho daño» y que había en marcha una investigación contra su antiguo ayudante. Si el jefe del Ejecutivo le confesaba en esos términos unas pesquisas secretas es que él, quería pensar, iba a quedar claramente aparte. O eso quería pensar.

Pero quien sí que había sido ya arrestado y disponía de la condición de investigado era un Koldo García que fue la sombra del ex ministro durante los últimos años y que no dudó en trasladar inmediatamente a la cúpula del PSOE que si la ayuda a su familia no llegaba, él tendría menos muchos miramientos que su antiguo jefe. Porque él, Koldo García, era alguien «capaz de partir las piernas» a un enemigo. Trasladó decenas de mensajes a la dirección del partido, mantuvo citas clandestinas con mandos intermedios, y reclamó de forma reiterada «sentido común» para que su mujer y su hija pudieran tener un sustento. Ya se lo advirtió a Ábalos en una reunión que él mismo grabó pocos meses antes de su detención, el 23 de noviembre de 2023. Pidió a su antiguo jefe que le trasladara a Cerdán el siguiente mensaje: «O hablas con Koldo o nos vamos a meter en un lío, gilipollas (...) Como me joda, yo también sé joder». El antiguo portero de discotecas se fue impacientando con el paso del tiempo y la formación intentó aplacar a ambos enviando a la fontaneraLeire Díez a negociar.

La ex militante ahora también investigada, que se llegó a reunir con Ábalos en el despacho de su antiguo abogado, le prometió que todo iría bien, que el Gobierno trabajaba para anular la causa, y que, eso sí, fuera fiel a la omertá. El ex ministro la recibió conocedor de la relación de Díez con Cerdán, aunque se mostró escéptico tras los primeros contactos. «¿Pero vamos a ver, dónde va esta Leire con su guitarra de plástico?», advertía con socarronería y enorme prevención sobre el éxito de las gestiones. Koldo le dio, sin embargo, un voto de confianza y llegó a impulsar denuncias contra el registro de su casa. Aludía a la desproporción empleada por una Guardia Civil que acudió con cascos y escudos animado a que la nulidad estaba al caer porque el Ministerio Público les echaría un cable.

Ábalos lanzó un primer aviso en este diario en febrero de 2025 que acabaría resultando premonitorio. «Soy el cortafuegos del PSOE para que no afecte a nadie más, pero el caso va a escalar». Añadió que había tenido «una lealtad» con el presidente «que nadie entiende» y se revolvió por primera vez contra los subordinados de Sánchez que se desataban contra él. «Las medallas en el partido se las pone uno por hechos propios, no a costa de entregar tributos a los dioses», se giró en dirección a María Jesús Montero o Patxi López. Al mismo tiempo intentó encapsular la responsabilidad de los escándalos en Koldo: «Era un hombre amable, bondadoso, noble y colaborador, pero se movía mucho más de lo que imaginaba yo».

Los meses siguientes fueron vertiginosos. Este diario reveló sus comunicaciones secretas con el presidente, que le arropó tras su destitución y mientras se desarrollaba la investigación judicial, y cayó estrepitosamente Santos Cerdán. Quien fuera su abogado ahí, José Aníbal, le aconsejó entregar el acta, colaborar con la Justicia y poner en marcha un gabinete de control de daños. Tras una reunión del letrado con el fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, Koldo frustró el plan, bajo la insistencia de que el Gobierno acabaría echándoles una mano y que sólo había que tener «paciencia, que es la madre de la ciencia», repetía machaconamente. «José mañana no va a declarar», le espetó Koldo a un estupefacto Aníbal delante de Ábalos horas antes de que realizase hace ahora un año la primera confesión. El letrado se levantó de la mesa y se marchó mordiéndose la lengua.

El espejismo de la salvación gubernamental se prolongó algo más en el tiempo sin el menor fundamento y se fue disipando hasta que la última tabla a la que aferrarse pasaba por que no existían precedentes de que un diputado fuera encarcelado en España. O de que era mejor seguir así que provocar un enfrentamiento fratricida con Koldo, custodio de los secretos más insondables.

Pero todo se acabó en noviembre, cuando ambos fueron encarcelados para iniciar una travesía similar a la de los cabecillas de la Gürtel hace más de una década, que también soñaron con una intervención salvadora del Gobierno del PP. Hace sólo unos días, el empresario Francisco Correa -12 años en prisión- reflexionaba en voz alta en un almuerzo con amigos: «He sido un idiota, tenía que haber hecho lo mismo que Víctor de Aldama. Que no se engañe nadie, lo más importante es pasar el mínimo posible de tiempo en la cárcel».

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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