La preocupación se sustenta en el fuerte crecimiento del intercambio comercial entre México y China durante los últimos años. Datos oficiales muestran que el comercio bilateral entre ambas naciones pasó de 110,269 millones de dólares en 2021 a 139,731 millones en 2024, con lo que alcanzó un máximo histórico.
Con estas cifras, China se consolidó como el principal socio comercial de México en Asia-Pacífico, el segundo a escala mundial (solo detrás de Estados Unidos) y el tercer destino de las exportaciones mexicanas.
una intensa competencia por el liderazgo económico y tecnológico global. La disputa se ha traducido en restricciones a la importación y exportación de bienes de consumo, así como de componentes, software y materias primas esenciales para desarrollar tecnologías de nueva generación, entre ellas semiconductores, inteligencia artificial (IA), computación en la nube, telecomunicaciones y manufactura electrónica. En ese contexto, México ocupa una posición estratégica.La profunda integración del país con las cadenas productivas estadounidenses lo convierte en una pieza clave para el desarrollo de las industrias que definirán la próxima década. Sin embargo, esa misma relevancia ha despertado la preocupación de Washington, que teme que empresas y tecnologías chinas utilicen territorio mexicano para acceder al mercado norteamericano bajo las reglas del T-MEC.
En repetidas ocasiones, el gobierno estadounidense ha argumentado que el avance tecnológico de China representa una amenaza para su seguridad nacional. La administración de Donald Trump impulsó una agresiva estrategia arancelaria para presionar a los socios comerciales con vínculos de comercio o inversión con el país asiático.
sujetos a aranceles. Aun así, México mantiene un trato preferencial frente a la estrategia comercial de Trump, en buena medida gracias al T-MEC.Se estima que antes del endurecimiento de las medidas estadounidenses, menos de la mitad de las exportaciones mexicanas hacia ese país se realizaban bajo el acuerdo comercial. Actualmente, el porcentaje superaría el 90%.
La negativa de Estados Unidos a renovar automáticamente el tratado no implica su desaparición. El convenio seguirá vigente, pero será revisado cada año hasta su fecha de conclusión prevista para 2036. Para diversos especialistas, el futuro del acuerdo dependerá en gran medida de la capacidad de Norteamérica para reducir su dependencia de China y fortalecer cadenas de suministro consideradas estratégicas, especialmente en el ámbito tecnológico.
Taiwán, territorio que concentra buena parte de la producción mundial de semiconductores avanzados.En un momento en que la IA impulsa inversiones multimillonarias en infraestructura digital, centros de datos y capacidad de procesamiento, la industria electrónica mexicana adquiere una relevancia sin precedentes para el futuro económico de Norteamérica.
“Estamos viendo una recomposición del comercio internacional de Estados Unidos. La participación de China ha caído de manera importante en algunos segmentos tecnológicos, pero ese espacio todavía no ha sido ocupado completamente por México”, explica Adriana García.
Por ello, considera que reducir el debate del T-MEC a la posible triangulación de mercancías deja fuera el elemento más importante: la integración tecnológica existente entre China, México y Estados Unidos.
para los centros de datos, cuya demanda crece aceleradamente por las inversiones digitales de Estados Unidos”.México se alinea con EE UU
Bajo esta perspectiva, la lógica del T-MEC parece haber cambiado de manera profunda. Más que facilitar el movimiento de mercancías entre tres economías integradas, el acuerdo busca garantizar que las tecnologías consideradas estratégicas permanezcan dentro de una cadena de suministro regional considerado como confiable.
Para los especialistas, esta interpretación se ve respaldada por las modificaciones que México ha introducido en sus políticas comerciales y mecanismos de control de exportaciones, medidas que han sido leídas como un esfuerzo por alinearse con las prioridades tecnológicas de Washington.
A finales del año pasado, el gobierno mexicano aprobó un paquete de aranceles de entre 5 y 50% para importaciones procedentes de países con los que no mantiene un tratado de libre comercio. La iniciativa, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, comprende 17 sectores y 1,463 fracciones arancelarias que incluyen cosméticos, productos de higiene personal, aluminio, textiles, automóviles, autopartes, juguetes y electrodomésticos.
De acuerdo con el gobierno federal, el objetivo es proteger la producción nacional y preservar el empleo en sectores industriales estratégicos. En la práctica, la medida impacta a decenas de empresas de Asia, principalmente de China, India y Corea del Sur, que durante los últimos años fortalecieron su presencia en el mercado mexicano.
actualización al régimen de control de bienes de uso dual, mecanismo que regula la exportación de productos, software y tecnologías diseñados para fines civiles, pero cuyas características técnicas permiten emplearlos en la fabricación de armamento convencional o armas de destrucción masiva.Desde 2020, este marco jurídico, alineado con estándares internacionales, establece que determinados bienes solo pueden exportarse con un permiso emitido por la Secretaría de Economía. Para obtenerlo, las empresas deben presentar una Manifestación de Uso y Usuario Final, en la que identifican al destinatario de la mercancía y el propósito de su utilización.
Tras el decreto de actualización, publicado el 3 de julio de este año, México quedó obligado a armonizar sus controles de exportación con los criterios de cuatro organismos internacionales especializados en tecnologías y materiales sensibles:
- Arreglo de Wassenaar: armas convencionales y tecnologías de uso dual.
- Grupo Australia: precursores químicos y biológicos.
- Grupo de Suministradores Nucleares: tecnología nuclear.
- Régimen de Control de Tecnología de Misiles: cohetes y vehículos no tripulados.
En términos prácticos, esto significa que, si cualquiera de estos organismos incorpora nuevos productos o tecnologías a sus listas de control, México deberá actualizar su propia regulación para incluirlos.
El decreto también ordena modificar los anexos técnicos que contienen las fracciones arancelarias sujetas a autorización de exportación, con el propósito de mantenerlas en concordancia con esos listados internacionales. Es en este punto donde la disputa tecnológica entre China y Estados Unidos adquiere especial relevancia.
La reforma establece que México actualizará oportunamente sus controles para incorporar las restricciones adicionales que permanezcan vigentes en Estados Unidos. Esto implica que, si Washington decide imponer controles a la exportación de un producto o tecnología específica (por ejemplo, procentedentes de China) y lo comunica formalmente al gobierno mexicano, las autoridades nacionales deberán adoptar esas mismas restricciones sin iniciar un nuevo proceso legislativo ni realizar otra consulta pública.
informe de Bloomberg aseguró que el gobierno estadounidense habría solicitado a México imponer aranceles a las importaciones procedentes de China como parte de las negociaciones para evitar los gravámenes que la administración de Donald Trump planeaba aplicar a todas las mercancías mexicanas a partir de marzo de ese año. En ese momento, Claudia Sheinbaum desmintió la información y afirmó que la prioridad de su gobierno seguía siendo la renegociación del T-MEC.La nueva cara del T-MEC
Pese a ello, las últimas decisiones del gobierno federal mexicano reflejan un cambio de postura que, a su vez, revelan el nuevo papel que desempeña la tecnología dentro del acuerdo comercial, que ahora tiene impactos directos en las conversaciones alrededor del T-MEC.
Para Adriana García, esta evolución responde a una lógica de seguridad económica que también beneficia al país. "La regulación en bienes de uso dual y, sobre todo, en materia de seguridad económica también es un tema de seguridad nacional para México. Una cosa es que coincidan los alineamientos en algunas materias para el control de exportaciones y otra muy distinta es que México esté subordinando sus decisiones o sus leyes a Estados Unidos".
cadenas de suministro que sostienen el desarrollo tecnológico de Norteamérica. Esa relevancia explica por qué Washington observa con creciente atención la expansión de empresas e inversiones chinas en territorio mexicano.Bajo estas condiciones, para Mónica Lugo Aranda, directora de Relaciones Institucionales de Prodensa y exnegociadora del T-MEC, el trasfondo de la discusión va mucho más allá de una simple disputa comercial.
En entrevista con WIRED en Español, señaló que “China abastece buena parte de las materias primas y componentes que utiliza el resto del mundo. Tiene una enorme capacidad de producción y costos muy competitivos, lo que le permitió convertirse en un proveedor indispensable para múltiples industrias”.
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