Aunque Benjamin había sentenciado en 'El autor como productor' (1934) que el lugar que debía ocupar el artista 'avanzado' («de izquierdas», decía literalmente), «el de un benefactor, el de un mecenas ideológico», era «un lugar imposible», esta deriva se afirmó plenamente a lo largo ... de los años 70, y, en los 90, advenida una posmodernidad líquida más ecléctica y desilusionada, Hal Foster detectó la existencia de «un nuevo paradigma estructuralmente semejante al viejo modelo del 'autor como productor': el artista como etnógrafo».
Es en esta categoría en la que encaja perfectamente el trabajo, conocido por su rigor y minuciosidad, de Patricia Gómez y María Jesús González (Valencia, 1978), un dúo de artistas formado en 2002 y cuyas obras 'Proyecto para cárcel abandonada' (DA2, Salamanca, 2010) y 'De lo abyecto. Muro sobre lienzo' (Centre del Carme, Valencia, 2023) han sido muy celebradas y aparecen representadas en la excelente exposición que les dedica el Museo Helga de Alvear.
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La comisaria, María Jesús Ávila, ha querido insistir –sin obviar, evidentemente, la minuciosa labor de investigación y documentación que caracteriza a estas artistas y que se extiende siempre a lo largo de varios años– en la dimensión plástica del trabajo del colectivo. No es mala idea, ya que las prácticas archivísticas, antropológicas y sociológicas son perfectamente desconocidas –y repudiadas– por el público y no pocos artistas.
De ahí que en los espacios centrales de ambos edificios se desplieguen dos piezas monumentales que se afirman plásticamente de manera contundente: 'Cárcel vieja de Cáceres (1936-2026)', producida para esta exposición, y 'De lo abyecto' (2022-2024), dedicada al antiguo hospital psiquiátrico de Bétera.
Ambos trabajos se encuadran en lo que las artistas denominan «arquitecturas de exclusión» (Foucault sobrevuela todo su trabajo), concepto maravilloso que evidentemente obliga al espectador a reflexionar sobre lo que la sociedad considera que debe ser excluido y recluido («abyectado», dijo Kristeva en su canónico 'Poderes del horror. Ensayo sobre la abyección') en cada momento.
La primera, que está en el atrio de la Casa Grande y asciende a lo largo de varios metros, es un 'arranque mural' –su técnica más celebrada– de uno de los pasillos de la cárcel; la segunda, un gran conjunto de estos arranques (llamados 'strappos', una técnica propia del grabado) que ocupa dos muros de la sala principal del Museo.
En ambos casos la presentación directa de las paredes, preservadas en sus más mínimos detalles, aspira a corporeizar lo que sucedió en esos lugares siniestros: «Un incendio, una gotera, roces del cabezal de una cama, desprendimientos, arañazos, golpes de mobiliario, una inscripción indescifrable, un insulto, un grafiti hecho de barro y humo. Todo escribe el muro, lo tiñe, lo incide, lo pinta, lo mancha, lo borra, lo degrada», señalan.
Junto a estas piezas, otras relacionadas, como 'Libros de pabellón', que consta de veinte libros –un registro de la actividad del centro– hallados en el psiquiátrico de Bétera, y una abundante documentación que las artistas tienden, como observa la comisaria, a manipular para dotarlo de valor plástico. Esto se ve bien en la amplia y oscura sala dedicada a 'Al pasar, cerrar' (2021-2023), donde se exhiben los restos hallados en la cabina de proyección del cine del hospital: los de película se ensamblan para componer un retablo enigmático, abstracto, que de nuevo evoca una atmósfera, unos sucesos; una historia incómoda y sepultada.
'Que se enteren todos' (2026), maravillosa animación, 'Stultifera navis. Restos del naufragio' (2021- 22), constituida por vaciados de bañeras sucias… Otra pieza esencial es 'Espejo del mundo' (2020-22), que da título a esta muestra. Tras fotografiar el espacio que reflejaban, las artistas recuperaron decenas de espejos del hospital de Bétera, que «llevaban allí colgados más de 50 años», manteniendo cuidadosamente el polvo y la suciedad que los cubría.
Los espejos, rotos y degradados, se presentan junto a las fotos y, de este modo, la imagen terrible se confronta con la nuestra en el museo: ocupamos 'el lugar de los que en ellos se miraron' y realmente no sabemos 'en qué lado del espejo nos situamos'… El Museo Helga de Alvear nos regala la mejor antológica de estas artistas extraordinarias hasta la fecha.
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La piel y las almas de Patricia Gómez y María Jesús González
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