- SERGIO SÁIZ Nueva York
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El crecimiento de los impagos y las peticiones de reembolsos sacuden al sector. Apollo, Blackstone y Ares acusan la turbulencia.
Lejos de ser un fenómeno transitorio, las turbulencias en el mercado de crédito privado le han quitado parte del brillo que lo convirtió en uno de los activos estrella de la última década.
Tras años de rentabilidades de doble dígito, impulsadas por la retirada de la banca tradicional de las operaciones de alto riesgo, un entorno de tipos de interés elevados y la búsqueda de alternativas a las Bolsas ante la ausencia de OPV, los grandes fondos del sector afrontan ahora una etapa más sombría, marcada por unos retornos mucho más bajos, un aumento de la morosidad, dudas sobre la valoración real de los préstamos y un incremento sin precedentes de las peticiones de reembolso por parte de los inversores particulares que está asfixiando a muchos de estos fondos.
Los últimos resultados trimestrales del sector hablan de cambio de ciclo. En el caso de Apollo, la rentabilidad bruta de sus fondos de créditos directos, que incluyen préstamos con grado de inversión a empresas, fue del 0,5%, frente al 2,6% de un año antes.
Blackstone y Blue Owl también registraron menores retornos interanuales, y vehículos cotizados como Ares Capital, Golub Capital o Sixth Street Specialty Lending han tenido que reducir el valor neto de sus activos tras rebajar la valoración de algunas carteras, como las relacionadas con préstamos a compañías de software y otros sectores más expuestos al deterioro económico. Sixth Street, además, recortó su dividendo.
Los analistas recuerdan que, pese a la fuerte corrección, el crédito privado no ha dejado de ser rentable.Evitan hablar de burbuja, pero insisten en que las expectativas a medio plazo se han rebajado de forma considerable. Durante la pandemia, los fondos privados ocuparon el espacio que dejaron bancos y mercados de deuda más tradicionales, financiando a empresas que necesitaban liquidez a cambio de condiciones favorables para los prestamistas.
Después llegó elboom de operaciones corporativas y, en 2023, la crisis de la banca regional estadounidense, que volvió a abrir espacio para firmas como Apollo, Blackstone, Ares, Blue Owl o KKR. Ese cóctel dio retornos anuales brutos de doble dígito.
Ahora, el escenario ha cambiado. La Fed ha relajado los tipos, pero sin terminar de decidir el futuro de la política monetaria, de forma que el precio del dinero se encuentra en un terreno baldío, sin beneficiar a nadie: los márgenes para los prestamistas se estrechan, al tiempo que crecen los impagos, acosados por una presión crónica de tipos más altos de lo esperado.
Tipos y préstamos fallidos
El presidente de Blackstone, Jonathan Gray, atribuye el descenso de las rentabilidades brutas a los recortes de tipos de la Fed y al repunte de los préstamos fallidos. "Hace dos años teníamos niveles anormalmente bajos de impagos y ahora vemos cierta normalización", afirmó hace unos días.
El propio sector defiende que los retornos siguen siendo superiores a los de los préstamos cotizados: en el primer trimestre, el índice de carteras cotizadas de deuda cayó un 0,6%, mientras que el índice Cliffwater Direct Lending subió un 2,1% (lejos del 11% de media de los últimos ejercicios), según un informe de Goldman Sachs citado por The Wall Street Journal.
Parte del problema, según los analistas, es que los inversores ya no miran solo la rentabilidad oficial, sino también la liquidez y la calidad de los activos. En marzo, los inversores de Ares Strategic Income Fund, un vehículo de 22.700 millones de dólares (19.514 millones de euros), solicitaron reembolsos equivalentes al 11,6% del patrimonio durante el primer trimestre, aunque el fondo solo prevé atender el 5%, unos 524,5 millones de dólares.
Bloomberg cifró en más de 4.600 millones de dólares el capital atrapado tras las restricciones de reembolsos de varios fondos.
La tensión también se ha dejado notar en los BDC, los vehículos cotizados que canalizan préstamos privados a empresas medianas que generalmente no tienen acceso a los mercados bursátiles para financiarse. FS KKR Capital, el mayor fondo de crédito privado de KKR para minoristas, perdió 560 millones de dólares en el primer trimestre, casi el 10% de su valor neto, después de que sus préstamos fallidos subieran hasta el 8,1%, frente al 5,5% del trimestre anterior.
Apollo negocia la venta de MidCap Financial Investment Corp, un BDC valorado en unos 3.000 millones de dólares, después de que los impagos subieran del 3,9% al 5,3% en el primer trimestre.
El tamaño del mercado explica la inquietud que reina en Wall Street. El crédito privado ha pasado de ser un nicho para inversores institucionales a convertirse en una pieza central de las carteras de deuda. Según Brookings, los activos globales bajo gestión alcanzan más de 1,6 billones en marzo de 2023. Y las cifras del consenso apuntan hacia los 2,3 billones de dólares este año. BlackRock prevé que el mercado supere los 3,5 billones en 2028, aunque es posible que la gestora revise sus cálculos.
Los reguladores han elevado el tono. El Consejo de Estabilidad Financiera ha advertido de que la complejidad, el nivel de apalancamiento y las conexiones del crédito privado con bancos, aseguradoras y gestoras pueden amplificar episodios de tensión en escenarios adversos.
La Fed, en su informe de estabilidad financiera de mayo de 2026, señaló que la calidad crediticia de las empresas con grado de inversión es robusta, pero alertó de que las financiadas por crédito privado, afrontan más presión. El FMI también lanzó una alerta en esta misma línea en abril.
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