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La revolución de la electrificación

La revolución de la electrificación
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OPINIÓNLa revolución de la electrificación
  • DAN JØRGENSEN Comisario europeo de Energía y Vivienda
Actualizado 11 JUL. 2026 - 10:22

Para lograr la independencia, Europa necesita una revolución de la electrificación.

¿Podemos decir con franqueza en Europa que somos libres e independientes? Sí, en el sentido de que la libertad figura, negro sobre blanco, en nuestras declaraciones, constituciones y tratados fundacionales. Pero lo que está impreso en nuestras facturas energéticas nos dice otra cosa. En los últimos meses, nuestra capacidad para calentar nuestra casa y comprar alimentos a un precio razonable se ha visto limitada por lo que ocurría en una franja de mar de 33 km de ancho en la otra punta del mundo. Es hora de que Europa dé un giro a las cosas. Si algo podemos sacar en claro de la crisis actual es que sin independencia energética Europa no puede ser realmente independiente. Los movimientos independentistas auténticos siempre los abandera el pueblo. Y este también.

En toda Europa observamos los primeros chispazos de una revolución de la electrificación. En los tres primeros meses del año, se matricularon más de 500.000 coches eléctricos en la UE. Durante el mismo período, se vendieron más de 400.000 bombas de calor residenciales solo en Francia, Alemania y Polonia tomadas en conjunto. Los europeos se están decantando por la electricidad. Y no es difícil entender por qué.

Por ejemplo, he estado recientemente en Finlandia, donde nuestros datos muestran que conducir un vehículo eléctrico cuesta 2,60 euros por cada 100 km, muy por debajo de los 9,20 euros que supone la gasolina. Según el grupo de reflexión Concito, con el uso combinado de vehículos eléctricos y bombas de calor los hogares europeos pueden ahorrar entre 1.700 y 3.000 euros al año. Los ciudadanos están captando el mensaje. Y no solo están preparados para la transición limpia. Están dispuestos a liderarla.

Ahora solo queda una incógnita por despejar: ¿qué han de hacer los gobiernos de toda la UE para ponerse a la par? En primer lugar, tenemos que producir más electricidad en Europa, encauzando provechosamente nuestros propios recursos. Tenemos que construir más parques eólicos. Tenemos que instalar más paneles solares. Y en los países que optan por la energía nuclear, tenemos que desarrollar la próxima generación de tecnologías y centrales eléctricas. De este modo, podremos deslastrar a nuestras economías del enorme coste de importar combustibles fósiles, impulsándolas con nuestra propia energía limpia y asequible.

En segundo lugar, tenemos que facilitar el transporte de la electricidad por todo nuestro continente. Esto significa modernizar los cables y las líneas eléctricas. Significa reforzar las conexiones transfronterizas. Y significa construir más instalaciones para baterías para que podamos almacenar y redistribuir la electricidad con flexibilidad.

Todo esto precisará inversiones. Pero se trata de inversiones con sentido y que generan ahorro. De aquí a 2040, las redes de transporte y distribución de electricidad requerirán inversiones por valor de 1,2 billones de euros. Sin embargo, ese mismo año, cada euro invertido en la red eléctrica se traducirá en un ahorro de más de dos euros en costes del sistema. Si en Europa remamos todos en la misma dirección -invirtiendo colectivamente y planificando estratégicamente- podremos reducir los costes y multiplicar los beneficios.

Apoyar a los sectores

Por último, tenemos que apoyar a los sectores de nuestra economía y nuestra sociedad en los que la electrificación se está estancando, especialmente en la industria, el transporte y los edificios. Hay soluciones. Calderas eléctricas en las fábricas. Vehículos eléctricos y estaciones de recarga en nuestras calles. Contadores inteligentes, paneles solares y bombas de calor en nuestros hogares. Así es una Europa eléctrica. Y debemos asegurarnos de que nadie quede excluido.

Por ejemplo, Austria está ayudando a sus ciudadanos vulnerables a sustituir las calderas de combustibles fósiles por alternativas limpias. Y Francia cuenta con un programa de leasing social de vehículos eléctricos, que permite a los hogares con ingresos modestos alquilar un vehículo eléctrico nuevo a precios asequibles.

Si tomamos las decisiones adecuadas, podemos hacer que la creciente oleada de electrificación sirva para levantar a toda la sociedad. Pronto la Comisión Europea presentará un plan de electrificación para Europa, compuesto por estas y otras medidas prácticas que nos acercarán a nuestro objetivo final: hacer de Europa el primer electrocontinente del mundo. Se trata de un objetivo tan ambicioso como necesario. Porque tenemos que liberar nuestro futuro del yugo de los combustibles fósiles.

Si encauzamos provechosamente nuestra energía autóctona y electrificamos Europa, podemos inaugurar una nueva era de libertad para nuestros ciudadanos: en cada hogar y cada fábrica. En cada pueblo, cada ciudad. Para cada trabajador y cada empresario. Ha llegado el momento de que todos nos unamos para lograr la independencia europea liderando la revolución de la electrificación.

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Fuente original: Leer en Expansión
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