Un hombre armado con una llave inglesa y una navaja de afeitar protagonizó este martes por la mañana un episodio violento en la Taberna Garibaldi, en el barrio madrileño de Lavapiés. Los hechos ocurrieron en torno a las 10.45 horas en el local situado en el número 23 de la calle Miguel Servet, propiedad del exvicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias, cuando el establecimiento se encontraba cerrado al público.
Según la información recabada por GRAN MADRID a partir de fuentes policiales, el individuo accedió al interior del local asegurando ser «miembro de la Fiscalía» y exigiendo de manera agresiva la retirada de un cartel que calificó como «secesionista» y que, a su juicio, fomentaba «delitos de odio». Los trabajadores lo sacaron del interior y, ya en la calle, el hombre lanzó una piedra contra la puerta, causando la rotura de un cristal.
Tras ese primer ataque, el presunto autor amenazó y agredió con la llave inglesa a uno de los empleados, que resultó herido. Hasta el lugar se desplazaron agentes de la Policía Nacional pertenecientes al GOR del distrito Centro, que procedieron a su detención. En el momento del arresto, los agentes le intervinieron una navaja de afeitar.
El propio establecimiento difundió posteriormente un comunicado en el que señalaba: «Hoy La Taberna Garibaldi ha sido atacada por un individuo nazi-sionista que ha irrumpido en el local armado con una llave inglesa, ha roto el escaparate y ha agredido físicamente al encargado. Finalmente, fue reducido y detenido por la Policía Nacional». En el mismo texto, el local añade que «el agresor justificó el ataque acusando a la Garibaldi de "delitos de odio" por una pegatina en su fachada donde se prohíbe la entrada a sionistas».
Acusado de cinco delitos
El detenido está acusado de los presuntos delitos de amenazas, daños, allanamiento de establecimiento cerrado al público, lesiones y usurpación de funciones públicas, al haberse hecho pasar por un miembro de la Fiscalía. Fuentes jurídicas consultadas explican que, en caso de condena, podría enfrentarse a una pena conjunta de entre dos y diez años de prisión.
Ese abanico penal resultaría de la suma de un delito de allanamiento de establecimiento cerrado al público, castigado con entre seis meses y un año de cárcel; un delito de usurpación de funciones públicas, con penas de uno a tres años; un delito de daños por la rotura del cristal, sancionable con multa o con prisión de seis meses a tres años; un delito de amenazas con instrumento peligroso, con penas que pueden oscilar entre tres meses y cinco años, según su calificación; y un delito de lesiones, penado con entre tres meses y tres años de prisión.
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A ello se añadirían la correspondiente responsabilidad civil, una posible orden de alejamiento respecto del local y de sus empleados y la generación de antecedentes penales en caso de condena firme.
Una expansión de la Taberna Garibaldi gracias al crowdfunding
El ataque se produce algo más de seis meses después de la apertura de la nueva etapa de la Taberna Garibaldi en Lavapiés. El proyecto hostelero reabrió en el verano de 2025 en la calle Miguel Servet, en el local que anteriormente ocupaba el restaurante indio Bombay Blue. Iglesias presentó entonces el nuevo espacio como «un lugar antifascista en el que tomar una cerveza o lo que te apetezca con tu gente», en un emplazamiento más amplio que el anterior, con terraza y futbolín, pensado para acoger una mayor actividad cultural.
El traslado llegó tras el cierre del primer local, en la calle Ave María, que bajó la persiana el 29 de junio de 2025 después de algo más de un año de funcionamiento. El cambio de ubicación se financió mediante una campaña de micromecenazgo en la plataforma Goteo, que superó los 140.000 euros con más de 3.100 donaciones. Abierta originalmente en marzo de 2024 como un híbrido de bar, centro cultural y espacio político, la Taberna Garibaldi combinó desde el inicio una carta con guiños ideológicos y una programación de debates, presentaciones de libros y conciertos. En su primera etapa acumuló centenares de reseñas en Google Maps y varios roces con el Ayuntamiento de Madrid, antes de asentarse definitivamente en su actual emplazamiento.