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La tremenda estafa del coche eléctrico, ¡no caigas!

La tremenda estafa del coche eléctrico, ¡no caigas!
Artículo Completo 2,213 palabras
CUPRA Born VZMikel Prieto Hace casi 40 años que conduje mi primer coche eléctrico, y después de haber catado entre 500 y 600 turismos, te recomiendo que te pienses mucho tu próxima montura para no sentirte estafado e insatisfecho. Acompáñame en esta pequeña disertación existencial. Desde antes de tener uso de razón, ya me parecía atractivo el sonido del motor de un coche. No sé si llegué a montar en el viejo Skoda 120 LS que tenía mi padre, o si el primero fue aquel SEAT Ronda Diesel que dio problemas desde el mismo día de la entrega (inclusive). Balbucee mis primeras palabras con cromos de los coches del Mundial de Rallies del Grupo B: Audi Cuato Tubo, Opel Nascona, Nansia Delta, etc. Cuando estaba un poquito más crecido conduje mi primer coche eléctrico, sería enero de 1987, una réplica de Suzuki Jimny de Feber que iba hacia delante y hacia detrás con one pedal, pero que podía conducir sin necesidad de un adulto, a diferencia del Range Rover de mi abuelo -entiéndase fuera de vías públicas, que eran los 80, pero no la selva. Ahí empezó mi dilema. No volví a conducir un eléctrico hasta cumplir los 26 años, aquel simpático Th!nk City de color azul. Con el paso inexorable del tiempo, hemos pasado de coches semi inútiles fuera de la zona urbana a tanques de más de dos toneladas que cada día pueblan más las carreteras, produciendo el advenimiento de los electropacos, que, al igual que los runners, no pueden vivir sin hablar de las bondades de su estilo de vida respecto al que tenemos los demás. El menor interés en el fútbol tenía que notarse en algo, esa polarización luchaba por manifestarse. Este Volkswagen e-Golf es el eléctrico que más he conducido, y no era de prensa... La experiencia de quien ha padecido muchos coches eléctricos Por razones profesionales ha sido inevitable que entre en el mundo de la electromovilidad, siempre con coches prestados, pero he recopilado conocimientos y experiencia suficientes para poder decirte a ti, querido lector, que estés lo más lejos de ellos que puedas. Existe un elevado riesgo de que acabes estafado, pero permíteme que te lo explique antes. Los primeros eléctricos que tuve de prensa, hace ya una larga temporada, sólo podía recargarlos tirando un cable desde un dormitorio hasta el nivel de la calle por inexistencia de puntos de recarga en mi zona. Mentiría si dijese que me enteré de algo en el recibo de la luz, aunque no eran baterías de gran capacidad. Si no hubiese sido por vecinos suspicaces que no veían con buenos ojos lo del aparcamiento creativo en zonas no habilitadas para tal fin, siempre y cuando no recorriese más de 100-120 km diarios, podría haberlos recargado con un coste muy bajo independientemente del precio de la electricidad, del orden de 1 a 2 euros, lo cual ya es un claro indicador de estafa. Es inadmisible pagar tan poco, viva la autonomía elevada aunque sea a precio de oro macizo. Sin duda alguna, lo peor que tuvo este coche fue tener que devolvérselo a mi amigo, una vez se puso un punto de recarga para usarlo habitualmente Como 10 años después, al margen de las unidades de prensa, me hice cargo durante un mes del Volkswagen e-Golf que heredó un amigo, y lo utilicé para los desplazamientos habituales que tenía en aquel momento, unos 90-100 km diarios. Podía haberlo cargado siempre en el destino y olvidarme del concepto «tiempo de recarga», lástima que no me saliese a cuenta porque era un aparcamiento de pago pasadas las 3 horas y claro, estaba más. Pudiendo cargar con mi propia electricidad, me sobraban las 8 horas que iba a estar, a buen seguro, sin moverse. Con una potencia de carga de 7 kW en corriente alterna, ese coche estaba «lleno» en menos de 4 horas, así que el tiempo que invertiría en cargarlo sería, literalmente, el de poner y quitar un cable. Incluso me podía permitir el lujo de cargar un día sí y un día no. En cambio, el repostaje cada semana que necesitaba mi coche habitual me suponía más incomodidad por tiempo y desvío. Otra señal clara de estafa. En realidad, las recargas las hacía en un punto de recarga que estaba a 5 minutos andando de mi casa, así que día sí, día no, llevaba el coche a dejarlo cargando, y volvía a las 4 horas para ir directo al trabajo. Los 100 kilómetros me salían prácticamente al mismo precio que recorrer 100 km con mi coche, considerando que era recarga pública y que mi coche tiene un coste muy bajo de combustible por usar GLP, redondeando, sobre los 5-6 euros cada 100 km. Hay eléctricos que consumen aún menos, estafan más rápido todavía si cabe. Con los precios actuales del combustible, la comparativa ya no queda tan ajustada ModeloConsumo medio por 100 kmPrecio energíaCoste por 10.000 kmVolkswagen e-Golf a 50 kW en CC14,26 kWh0,56 €/kWh799 €Volkswagen e-Golf a 7 kW en AC (recarga pública)14,26 kWh0,41 €/kWh586 €Volkswagen e-Golf a 7 kW en AC (recarga doméstica)14,26 kWh0,17 €/ kWh243 €Toyota Prius 1.8 (GLP)6,37 l1,15 €/l733 €Toyota Prius 1.8 (gasolina)5,04 l2 €/l1.008 €Comparativa de costes de e-Golf contra Prius a precios de combustible actuales y precios de electricidad a mi alcance, con consumos reales en los mismos recorridos e idénticas condiciones de tráfico, temperatura, estilo de conducción... Los costes al margen de combustible y electricidad Pero todos sabemos que mantener un coche cuesta más que saciar su sed, y requieren gastarse un dinero en aceite, filtros, cada cierto tiempo bujías, correas, elementos de desgaste que van petando (embrague, pastillas de freno, juntas, manguitos, que si la EGR se ensucia...). Ese e-Golf me ahorraría un dinero al año aunque mi Prius no se avería nunca, pero prevenir eso sí es un tangible. Pagar tan poco en mantenimiento también está feo. Hablemos de durabilidad. Se supone que los eléctricos tienen baterías grandes que algún día acaban cascando. Tengo entendido que las baterías cascan fundamentalmente en garantía (8 años o 160.000 km, lo que antes ocurra) o cuando el coche ha recorrido tantos kilómetros que nos hemos aburrido de él -o ya lo hemos vendido a un tercero. Tampoco es admisible una vida útil tan larga, con degradaciones inferiores al 10% de media en modelos de producción reciente. Pueden fallar en otro momento, pero no es frecuente. Otra cosa que me saca de mis casillas con los eléctricos es que cada 2-4 horas de trote hay que parar a recargar un ratito, que pueden ser 5-10 minutos (casi tengo que ir al WC corriendo o tomarme un café ardiendo) o de 20-30, lo que dura una siestecita de las que dejan como nuevo. Con lo feliz que es uno conduciendo del tirón y cansado, y llegar a destino reventado, a ser posible dando una cabezadita en una recta por no demostrar debilidad. Eso me parece también inadmisible, como lo es la aceleración instantánea sin disfrutar del «nervio» que va con retraso. Con los dos depósitos, mi coche tiene 1.500 km de autonomía, o unos 750 km cada uno. El número de veces que he necesitado conducir tanto tiempo del tirón han sido exactamente CERO en 15 años Sí, cierto, hay coches que tardan más en recargar, sobre todo si no alcanzan una potencia de más de 100 kW en corriente continua, pero todo el mundo sabe que son inservibles para viajar. Y de ahí no me mueve nadie. De hecho, incluso con las potencias de más de 1.000 kW que anuncian los chinos para sus últimos modelos, siguen siendo inservibles para viajar usando cronómetro manual en mano (de los TAG Heuer de cuerda, no valen digitales). Por si eso fuera poco, le quitan sabor a la vida, como un plato de patatas bravas sin salsas ni sal. Al cabo del tiempo no van a acumular ruiditos, ni de los que se van en unos minutos ni de los que están todo el rato. No van a traquetear, ni temblarán los plásticos del interior, ni soltarán nada visible por el inexistente tubo de escape. Simplemente pondrán «READY» en el tablero. Como a la cerveza 0,0, siempre les va a faltar algo. Es realmente molesto que lo que más suena en un coche, aparte del sistema de sonido, es el intermitente -sonido siempre imitado por falta de electrónica analógica. Todo se nota más: ruedas, aire, el más mínimo defecto en la suspensión, las bocinas de otros vehículos, e incluso se puede entender a algún peatón declamando puño al cielo sin necesidad de subtítulos. Donde esté la cancelación de ruido de un buen diésel Euro 3 o anterior, que se quite lo demás. Pasar la ITV en modo fácil es de cobardes, se pierden los subidones de dopamina cuando todo está en orden a la primera Otras pegas insoportables de los eléctricos Otro aspecto de la vida al que se resta emoción es superar la ITV. Nunca van a dar un problema de motor. Por lo tanto, se pierde la emoción de la prueba de gases y el suspense de si la máquina da verde o rojo, es como jugar con trampas. Sólo hay que concentrarse en que a nivel de luces, suspensión, dirección, frenos... estén bien, así que es ir a la ITV en modo fácil. Adiós para siempre a las pérdidas de aceite sin goteo, que tienen su gracia. Hay hábitos adquiridos que son difíciles de perder, como morderse las uñas o decir palabrotas. Poco se habla de lo que supone pagar también menos a la hora de aparcar, de liquidar el infame IVTM cada año o en los peajes, además de perder la satisfacción de abonar un depósito lleno cuando el combustible está a precio de ginebra de la buena. También se pierde socialización en el taller, con lo que me gusta ir a ver al mecánico, como al dentista o al proctólogo. Es un placer culpable porque siempre sufro cuando voy a verles. A todo lo anterior hay que añadir unos valores residuales impredecibles, que suelen estar mucho menos machacados a kilómetros que un equivalente de combustión, que tienen una edad media más baja, que pueden dar dolores de cabeza por el software -como un térmico de edad similar, todo sea dicho-... e incluso llegar al colmo de ser más seguros por término medio tanto en la parte activa como pasiva. No paran de molestar para que conduzca atento, por mi carril y a velocidades legales. ¡Habrase visto! Yo no quiero que conduzcan por mí. Pepe y María se quejan a menudo de que les quieran privar del placer de conducir y mantener su tricilíndrico último modelo, con lo que les encanta... Si aún no te he convencido, querido lector, de que huyas de esos engendros a pilas que no son coches de verdad, hablemos de incendios. Ya no salgo de casa sin teléfono móvil, llaves de casa, identificación y un extintor de mano. Me han metido un miedo atroz a que salgan ardiendo como yescas, aunque nunca he visto arder uno, pero si se dice de forma tan insistente, tiene que ser verdad. No cuentan todos los que he visto arder y tenían tubos de escape, por supuesto. Estoy harto de la imposición que hay para que me acabe comprando un eléctrico también, aunque no quiera. Me veo presionado a diario por los mandatarios de Estados Unidos, Rusia, Israel, Irán, Venezuela y demás dictaduras poco amistosas, amargan mi experiencia térmica y me hacen plantearme lo de «algo a pilas» si quiero llegar a fin de mes. Incluso me planteo que me den una subvención pública por adquirir uno o poner un punto de recarga, cuando eso es de socialistas. El caldo cuesta más del doble que cuando empecé a conducir, tienen que estar en abyecto contubernio con los chinos, los Rothschild, el omnipresente Soros, los mencionados electropacos y hasta los ecologistas. Todos me empujan en la misma dirección, que acabe conduciendo un coche que me haga olvidarme de la combustión y la mande a hacer puñetas salvo para un finde de clásicos. Y es que el que los prueba, suele repetir -por lo que sea-, debe ser otro tipo de masoquismo.
La tremenda estafa del coche eléctrico, ¡no caigas!

Hace casi 40 años que conduje mi primer coche eléctrico, y después de haber catado entre 500 y 600 turismos, te recomiendo que te pienses mucho tu próxima montura para no sentirte estafado e insatisfecho. Acompáñame en esta pequeña disertación existencial.

CUPRA Born VZ - Mikel PrietoJavier Costas

Publicado: 20/09/2026 20:00

16 min. lectura

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Desde antes de tener uso de razón, ya me parecía atractivo el sonido del motor de un coche. No sé si llegué a montar en el viejo Skoda 120 LS que tenía mi padre, o si el primero fue aquel SEAT Ronda Diesel que dio problemas desde el mismo día de la entrega (inclusive). Balbucee mis primeras palabras con cromos de los coches del Mundial de Rallies del Grupo B: Audi Cuato Tubo, Opel Nascona, Nansia Delta, etc.

Cuando estaba un poquito más crecido conduje mi primer coche eléctrico, sería enero de 1987, una réplica de Suzuki Jimny de Feber que iba hacia delante y hacia detrás con one pedal, pero que podía conducir sin necesidad de un adulto, a diferencia del Range Rover de mi abuelo -entiéndase fuera de vías públicas, que eran los 80, pero no la selva. Ahí empezó mi dilema. No volví a conducir un eléctrico hasta cumplir los 26 años, aquel simpático Th!nk City de color azul.

Con el paso inexorable del tiempo, hemos pasado de coches semi inútiles fuera de la zona urbana a tanques de más de dos toneladas que cada día pueblan más las carreteras, produciendo el advenimiento de los electropacos, que, al igual que los runners, no pueden vivir sin hablar de las bondades de su estilo de vida respecto al que tenemos los demás. El menor interés en el fútbol tenía que notarse en algo, esa polarización luchaba por manifestarse.

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Este Volkswagen e-Golf es el eléctrico que más he conducido, y no era de prensa...

La experiencia de quien ha padecido muchos coches eléctricos

Por razones profesionales ha sido inevitable que entre en el mundo de la electromovilidad, siempre con coches prestados, pero he recopilado conocimientos y experiencia suficientes para poder decirte a ti, querido lector, que estés lo más lejos de ellos que puedas. Existe un elevado riesgo de que acabes estafado, pero permíteme que te lo explique antes.

Los primeros eléctricos que tuve de prensa, hace ya una larga temporada, sólo podía recargarlos tirando un cable desde un dormitorio hasta el nivel de la calle por inexistencia de puntos de recarga en mi zona. Mentiría si dijese que me enteré de algo en el recibo de la luz, aunque no eran baterías de gran capacidad.

Si no hubiese sido por vecinos suspicaces que no veían con buenos ojos lo del aparcamiento creativo en zonas no habilitadas para tal fin, siempre y cuando no recorriese más de 100-120 km diarios, podría haberlos recargado con un coste muy bajo independientemente del precio de la electricidad, del orden de 1 a 2 euros, lo cual ya es un claro indicador de estafa. Es inadmisible pagar tan poco, viva la autonomía elevada aunque sea a precio de oro macizo.

Sin duda alguna, lo peor que tuvo este coche fue tener que devolvérselo a mi amigo, una vez se puso un punto de recarga para usarlo habitualmente

Como 10 años después, al margen de las unidades de prensa, me hice cargo
durante un mes del Volkswagen e-Golf que heredó un amigo, y lo utilicé para los desplazamientos habituales que tenía en aquel momento, unos 90-100 km diarios. Podía haberlo cargado siempre en el destino y olvidarme del concepto «tiempo de recarga», lástima que no me saliese a cuenta porque era un aparcamiento de pago pasadas las 3 horas y claro, estaba más. Pudiendo cargar con mi propia electricidad, me sobraban las 8 horas que iba a estar, a buen seguro, sin moverse.

Con una potencia de carga de 7 kW en corriente alterna, ese coche estaba «lleno» en menos de 4 horas, así que el tiempo que invertiría en cargarlo sería, literalmente, el de poner y quitar un cable. Incluso me podía permitir el lujo de cargar un día sí y un día no. En cambio, el repostaje cada semana que necesitaba mi coche habitual me suponía más incomodidad por tiempo y desvío. Otra señal clara de estafa.

En realidad, las recargas las hacía en un punto de recarga que estaba a 5 minutos andando de mi casa, así que día sí, día no, llevaba el coche a dejarlo cargando, y volvía a las 4 horas para ir directo al trabajo. Los 100 kilómetros me salían prácticamente al mismo precio que recorrer 100 km con mi coche, considerando que era recarga pública y que mi coche tiene un coste muy bajo de combustible por usar GLP, redondeando, sobre los 5-6 euros cada 100 km. Hay eléctricos que consumen aún menos, estafan más rápido todavía si cabe.

ModeloConsumo medio por 100 kmPrecio energíaCoste por 10.000 kmVolkswagen e-Golf a 50 kW en CC14,26 kWh0,56 €/kWh799 €Volkswagen e-Golf a 7 kW en AC (recarga pública)14,26 kWh0,41 €/kWh586 €Volkswagen e-Golf a 7 kW en AC (recarga doméstica)14,26 kWh0,17 €/ kWh243 €Toyota Prius 1.8 (GLP)6,37 l1,15 €/l733 €Toyota Prius 1.8 (gasolina)5,04 l2 €/l1.008 €

Comparativa de costes de e-Golf contra Prius a precios de combustible actuales y precios de electricidad a mi alcance, con consumos reales en los mismos recorridos e idénticas condiciones de tráfico, temperatura, estilo de conducción...

Los costes al margen de combustible y electricidad

Pero todos sabemos que mantener un coche cuesta más que saciar su sed, y requieren gastarse un dinero en aceite, filtros, cada cierto tiempo bujías, correas, elementos de desgaste que van petando (embrague, pastillas de freno, juntas, manguitos, que si la EGR se ensucia...). Ese e-Golf me ahorraría un dinero al año aunque mi Prius no se avería nunca, pero prevenir eso sí es un tangible. Pagar tan poco en mantenimiento también está feo.

Hablemos de durabilidad. Se supone que los eléctricos tienen baterías grandes que algún día acaban cascando. Tengo entendido que las baterías cascan fundamentalmente en garantía (8 años o 160.000 km, lo que antes ocurra) o cuando el coche ha recorrido tantos kilómetros que nos hemos aburrido de él -o ya lo hemos vendido a un tercero. Tampoco es admisible una vida útil tan larga, con degradaciones inferiores al 10% de media en modelos de producción reciente. Pueden fallar en otro momento, pero no es frecuente.

Otra cosa que me saca de mis casillas con los eléctricos es que cada 2-4 horas de trote hay que parar a recargar un ratito, que pueden ser 5-10 minutos (casi tengo que ir al WC corriendo o tomarme un café ardiendo) o de 20-30, lo que dura una siestecita de las que dejan como nuevo. Con lo feliz que es uno conduciendo del tirón y cansado, y llegar a destino reventado, a ser posible dando una cabezadita en una recta por no demostrar debilidad. Eso me parece también inadmisible, como lo es la aceleración instantánea sin disfrutar del «nervio» que va con retraso.

Con los dos depósitos, mi coche tiene 1.500 km de autonomía, o unos 750 km cada uno. El número de veces que he necesitado conducir tanto tiempo del tirón han sido exactamente CERO en 15 años

Sí, cierto, hay coches que tardan más en recargar, sobre todo si no alcanzan una potencia de más de 100 kW en corriente continua, pero todo el mundo sabe que son inservibles para viajar. Y de ahí no me mueve nadie. De hecho, incluso con las potencias de más de 1.000 kW que anuncian los chinos para sus últimos modelos, siguen siendo inservibles para viajar usando cronómetro manual en mano (de los TAG Heuer de cuerda, no valen digitales).

Por si eso fuera poco, le quitan sabor a la vida, como un plato de patatas bravas sin salsas ni sal. Al cabo del tiempo no van a acumular ruiditos, ni de los que se van en unos minutos ni de los que están todo el rato. No van a traquetear, ni temblarán los plásticos del interior, ni soltarán nada visible por el inexistente tubo de escape. Simplemente pondrán «READY» en el tablero. Como a la cerveza 0,0, siempre les va a faltar algo.

Es realmente molesto que lo que más suena en un coche, aparte del sistema de sonido, es el intermitente -sonido siempre imitado por falta de electrónica analógica. Todo se nota más: ruedas, aire, el más mínimo defecto en la suspensión, las bocinas de otros vehículos, e incluso se puede entender a algún peatón declamando puño al cielo sin necesidad de subtítulos. Donde esté la cancelación de ruido de un buen diésel Euro 3 o anterior, que se quite lo demás.

Pasar la ITV en modo fácil es de cobardes, se pierden los subidones de dopamina cuando todo está en orden a la primera

Otras pegas insoportables de los eléctricos

Otro aspecto de la vida al que se resta emoción es superar la ITV. Nunca van a dar un problema de motor. Por lo tanto, se pierde la emoción de la prueba de gases y el suspense de si la máquina da verde o rojo, es como jugar con trampas. Sólo hay que concentrarse en que a nivel de luces, suspensión, dirección, frenos... estén bien, así que es ir a la ITV en modo fácil. Adiós para siempre a las pérdidas de aceite sin goteo, que tienen su gracia.

Hay hábitos adquiridos que son difíciles de perder, como morderse las uñas o decir palabrotas. Poco se habla de lo que supone pagar también menos a la hora de aparcar, de liquidar el infame IVTM cada año o en los peajes, además de perder la satisfacción de abonar un depósito lleno cuando el combustible está a precio de ginebra de la buena. También se pierde socialización en el taller, con lo que me gusta ir a ver al mecánico, como al dentista o al proctólogo. Es un placer culpable porque siempre sufro cuando voy a verles.

A todo lo anterior hay que añadir unos valores residuales impredecibles, que suelen estar mucho menos machacados a kilómetros que un equivalente de combustión, que tienen una edad media más baja, que pueden dar dolores de cabeza por el software -como un térmico de edad similar, todo sea dicho-... e incluso llegar al colmo de ser más seguros por término medio tanto en la parte activa como pasiva. No paran de molestar para que conduzca atento, por mi carril y a velocidades legales. ¡Habrase visto! Yo no quiero que conduzcan por mí.

Pepe y María se quejan a menudo de que les quieran privar del placer de conducir y mantener su tricilíndrico último modelo, con lo que les encanta...

Si aún no te he convencido, querido lector, de que huyas de esos engendros a pilas que no son coches de verdad, hablemos de incendios. Ya no salgo de casa sin teléfono móvil, llaves de casa, identificación y un extintor de mano. Me han metido un miedo atroz a que salgan ardiendo como yescas, aunque nunca he visto arder uno, pero si se dice de forma tan insistente, tiene que ser verdad. No cuentan todos los que he visto arder y tenían tubos de escape, por supuesto.

Estoy harto de la imposición que hay para que me acabe comprando un eléctrico también, aunque no quiera. Me veo presionado a diario por los mandatarios de Estados Unidos, Rusia, Israel, Irán, Venezuela y demás dictaduras poco amistosas, amargan mi experiencia térmica y me hacen plantearme lo de «algo a pilas» si quiero llegar a fin de mes. Incluso me planteo que me den una subvención pública por adquirir uno o poner un punto de recarga, cuando eso es de socialistas.

El caldo cuesta más del doble que cuando empecé a conducir, tienen que estar en abyecto contubernio con los chinos, los Rothschild, el omnipresente Soros, los mencionados electropacos y hasta los ecologistas. Todos me empujan en la misma dirección, que acabe conduciendo un coche que me haga olvidarme de la combustión y la mande a hacer puñetas salvo para un finde de clásicos. Y es que el que los prueba, suele repetir -por lo que sea-, debe ser otro tipo de masoquismo.

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