España será el primer país europeo al que viaje León XIV, según confirmó ayer el cardenal-arzobispo de Madrid, José Cobo, después de la reunión mantenida con el sustituto de Secretaría de Estado de la Santa Sede, Mons. Edgar Peña Parra. En el encuentro participaron también el cardenal Juan José Omella, el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, y el obispo de Canarias, José Mazuelos. Con esta decisión, el nuevo pontífice parece cerrar una anomalía prolongada durante el pontificado de Francisco, quien en 13 años visitó 66 países, sin dignarse pisar nuestro país. Madrid, Barcelona y Canarias serán las tres sedes que visitará el Santo Padre, con las fechas aún por concretar, aunque todo apunta que se situará en torno al 10 de junio de 2026, coincidiendo con el centenario del fallecimiento de Antoni Gaudí.
La confirmación del viaje apostólico se produce en un contexto político y eclesial muy concreto. Apenas un día antes, el ministro de Justicia, Félix Bolaños, y el presidente de la CEE, anunciaban un acuerdo para articular un sistema de reparación para las víctimas de la pederastia clerical. El mecanismo prevé que, en caso de no alcanzarse un acuerdo entre víctima y diócesis, será el Estado quien determine la indemnización, que habrá de satisfacer la Iglesia, incluso cuando los hechos se hallen civilmente prescritos. Este pacto, al que se había mostrado reacio el episcopado español, fue directamente pactado entre el Gobierno y la Santa Sede, vía el cardenal Parolin. No ha pasado desapercibido que Roma haya autorizado el anuncio del viaje papal una vez se desbloqueó este acuerdo, lo que refuerza la lectura de una clara interrelación entre agenda diplomática y viaje apostólico.
La elección de las sedes constituye otra de las claves del viaje. Madrid y Barcelona eran inevitables, pero había una tercera en discordia. El arzobispo de Santiago, Francisco José Prieto, había cursado una invitación personal al Santo Padre para que visitase la tumba del apóstol. El presidente de la CEE, arzobispo de Valladolid, también tenía esperanzas de que el Papa visitase la capital castellana por conmemorarse el tercer centenario de la canonización de San Toribio de Mogrovejo. El santo nacido en la localidad vallisoletana de Mayorga, arzobispo de Lima y patrono del episcopado latinoamericano, cuya raigambre con la diócesis de Chiclayo donde fue arzobispo el actual Papa llega al extremo de que su Universidad Católica toma el nombre del misionero castellano. La ausencia de Valladolid en el itinerario ha sido interpretada como un revés para el presidente de la CEE, Luis Argüello, que no habría capitalizado su posición institucional. No es menor el detalle de que fuera el cardenal Cobo, vicepresidente de la CEE, el que se personase en solitario ante los medios de comunicación y desvelase la confirmación del viaje del Papa.
Luis Argüello, Félix Bolaños y Jesús Díaz Sariego presentan el acuerdo para la reparación de las víctimas.EFELa inclusión de Canarias introduce una dimensión muy simbólica e internacional. La visita enlaza con uno de los grandes ejes del pontificado de Francisco, que había expresado su deseo de viajar a las islas a causa de la crisis migratoria. Nuestro archipiélago será para León XIV un remedo de lo que fue la isla de Lampedusa para su antecesor: un escenario simbólico de la presión migratoria, donde dejar patente la cercanía de la Iglesia al drama de los migrantes que deben cruzar el Mediterráneo y entrar en Europa.
La presencia del Papa en Madrid y Barcelona era previsible desde que comenzaron a circular los primeros rumores. Además, había sido propalada tanto por el alcalde Martínez Almeida como por el presidente de la Generalidad, Salvador Illa, tras sus respectivos encuentros con el Papa. No obstante, su presencia en la capital catalana presenta implicaciones adicionales. El cardenal Omella cumplirá 80 años el próximo 21 de abril, fecha a partir de la cual perderá sus derechos electorales en un eventual cónclave y en la que es normal que sea relevado, tras la larga prórroga que se le ha concedido desde que presentó su renuncia preceptiva al cumplir los 75. Los precedentes de cardenales que continúen al frente de una diócesis más allá de esa edad son muy escasos. No obstante, un eventual cese antes de la vista papal sería un desaire inexplicable, respecto a un obispo que lo ha sido todo en los últimos años de la Iglesia en España: presidente de la CEE, miembro del C-9 cardenalicio y hombre muy cercano tanto Francisco como a León XIV.
Sea o no el obispo de Barcelona cuando se produzca el viaje, Omella será el que deba organizar la visita y los fastos de la Sagrada Familia. La visita coincidirá con la inauguración de la Torre de Jesús que coronará el templo y culminará, con sus 172 metros de altura, la obra del genial arquitecto. La visita de León XIV será una prolongación de la que realizó Benedicto XVI al consagrar la basílica en 2010. La frialdad de aquel viaje que se limitó al interior del templo debe servir ahora como referencia para un despliegue más abierto y popular. El peso de la comunidad hispanoamericana en Barcelona y los movimientos juveniles católicos que han despertado los últimos años en esa diócesis pueden ayudar a que el lucimiento del viaje sea mucho más espléndido que el de 2010.
No se prevé que un nacionalismo en horas bajas intente instrumentalizar la visita, aunque en los últimos días se está haciendo correr la falsa noticia, que años atrás ya fue desmentida, respecto a que Gaudí fue detenido un 11 de septiembre de 1924 por hablar en catalán. En realidad, el arquitecto fue detenido por intentar acceder la Basílica de los Santos Justo y Pastor cuando la policía había cerrado el acceso. Esta tergiversación convive con el silencio sobre la profanación de su tumba en 1936 en la cripta de la Sagrada Familia, un dato habitualmente omitido en estos relatos.
Madrid, Barcelona y Canarias conformarán así el escaparate del primer viaje europeo de León XIV tras su primer año de pontificado. El gobierno de Pedro Sánchez, que no mantiene malas relaciones con la Santa Sede, será su huésped y dos cardenales, uno en salida (Omella) y otro en ascenso (Cobo), serán los organizadores de la visita. Un viaje que convertirá a España en escenario de varias decisiones que afectan tanto a la relación entre la Santa Sede y el Gobierno como al equilibrio interno del episcopado español.